Amigos del Museo Nacional de Escultura enriquecen sus fondos con una plancha de cobre con la Virgen de las Angustias

Presentación en el Museo Nacional de Escultura la nueva pieza de Alejandro Carnicero. / Gabriel Villamil

Es obra del grabador y escultor iscariense Alejandro Carnicero (1693-1576), uno de los grandes maestros del siglo XVIII

El Norte
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El Museo Nacional de Escultura de Valladolid alberga ya su última pieza incorporada, un regalo de la Asociación de Amigos de dicho espacio museístico consistente en una plancha de cobre con la imagen de la Virgen de las Angustias, realizada por el escultor y grabador iscariense Alejandro Carnicero (1693-1756), uno de los grandes maestros del siglo XVIII.

La plancha, firmada y fechada e identificada con la Virgen de los Cuchillos de Valladolid, es el primer grabado hecho por el escultor del que se tiene noticia. Se trata de una obra problemática en su catálogo debido a la confusión que genera el texto inscrito en ella, pues en realidad representa a la Virgen de las Angustias de Salamanca, réplica tardía de la encargada a Juan de Juni para Valladolid, una imagen esencial en la historia de nuestra escultura.

Su incorporación a los fondos del Museo Nacional de Escultura es fruto de la donación realizada por la Asociación de Amigos, que en septiembre del pasado año compró la plancha de cobre por 3.630 euros al anticuario barcelonés Palau Antiguitats. Junto a ella se expone su grabado resultante, recientemente estampado en la Calcografía Nacional, y un vídeo que reproduce el proceso con todo lujo de detalles.

La obra ejemplifica una lección sustantiva acerca de la actividad de los escultores como talladores de planchas para grabados, a valorar la figura de Carnicero como uno de los grandes artífices del siglo XVIII y a constatar la validez de modelos a pesar del paso del tiempo y su adaptación a las modas, en suma, a cerrar el círculo a una escultura que gozó de amplias repercusiones.

El trabajo que ya se expone en El Rincón Rojo del Museo Nacional de Escultura es de una habilidad exquisita pues a través de un minucioso tallado en buril, el artista recrea todos los pormenores de la escena: el tratamiento volumétrico, los contrates de luces y sombras o la exuberancia del escenario natural en el que se enmarca.

El centro emocional se sitúa en el rostro de la Virgen, de agitada expresión, que lleva sus manos al corazón-atravesado por siete grandes cuchillos-, el órgano que guarda las pasiones más secretas y signo por excelencia del amor sagrado y profano.

Completan este ejercicio expositivo otras dos piezas más: de un lado, una Piedad en madera policromada, de autor anónimo de la primera mitad del siglo XVIII, que recuerda a ejemplares creados dentro del círculo del mencionado Carnicero, y, por otro, una matriz para grabado calcográfico (Juan de Roelas, 1570-1625), con la imagen de la Virgen de las Angustias de Valladolid, donde aparece por primera vez el nombre de Juan de Juni (1506-1577) como creador de esta tipología.

Esta pieza ejemplifica además una práctica habitual de la época, la reutilización de estas planchas como soporte pictórico cuando resultaban inservibles, ofreciendo la posibilidad de contemplar, gracias al montaje expositivo, una pintura de la Anunciación en el reverso.

Curiosamente, el Museo Nacional del Prado presentó la semana pasada una pieza de similares características, adquirida al mismo anticuario barcelonés y obra de Gregorio Fosman (1680), pero de la que no es posible contemplar el reverso de la misma.

La donación recibida, en palabras de la directora del museo, María Bolaños, ha sido calificada de «excepcional y singular por lo que como gesto de fidelidad y adhesión significa» y por cuanto la misma demuestra que la asociación «siente por este espacio expositivo el mismo afecto» que profesan todas las personas que trabajan en él.

Por simple «agradecimiento»

Durante el acto de presentación, el presidente de la asociación, Eduardo de Mata Trapote, ha restado importancia al obsequio realizado ya que, según precisa, el colectivo que preside «se limita a cumplir su cometido» en agradecimiento al museo «por todas las bellas piezas que atesora y las satisfacciones que proporcionan a sus visitantes».

Sobre la autoría del la plancha de cobre, el conservador Miguel Ángel Marcos ha ensalzado la figura de Alejandro Carnicero, no muy conocido pero que se formó dentro del círculo de la familia Churriguera y que adquirió muy pronto reconocimiento como hábil escultor tanto en piedra como madera, además de practicar el grabado a buril.

Tal es así que después de tres décadas de actividad en sus talleres de Valladolid y Salamanca, de los que salieron obras tan conocidas, entre otras, como los medallones de la Plaza Mayor de Salamanca, el San Miguel de Nava del Rey (Valladolid), la sillería de coro del monasterio de Guadalupe (Cáceres) o el retablo mayor de la catedral de Coria (Cáceres), se ganó la consideración de mejor escultor del área casteallana durante la cuarta y quinta década del siglo XVIII.

Reclamado por Felipe V para participar en la decoración del Palacio Real Nuevo, sus esculturas le sitúan a la altura de los mejores artistas cortesanos de la época.

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