Revistas culturales, arietes de vanguardia

Revistas culturales, arietes de vanguardia

La Biblioteca Pública de Valladolid repasa en una muestra la aportación histórica de estas publicaciones como impulsoras de tendencias y debate

JESÚS BOMBÍN

La aparición de las revistas culturales a finales del siglo XIX en España propició aires de debate, de regeneración y efervescencia intelectual que se han mantenido con el paso de los años aún estando sujetas a restricciones como las que vivieron durante la dictadura franquista. Una exposición en la Biblioteca Pública de Valladolid revive y da visibilidad contemporánea al espíritu de estas publicaciones mostrando en paneles su evolución histórica así como algunos de los ejemplares más actuales que ejemplifican su rol como anticipadoras de vanguardias en el arte, la arquitectura, la política, la música, el cine o la sociología, entre otros muchos campos.

Las revistas culturales. El papel de la diferencia es el título con el que recala en Valladolid esta exposición con la que se pretende mostrar que «España es un país donde las revistas de pensamiento y cultura han sido importantísimas en el desarrollo intelectual, político y social como estimuladoras de análisis, debate, proyección y experimentación, que han acompañado al avatar histórico y artístico del país», sostiene Manuel Ortuño, presidente de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE), que agrupa a setenta publicaciones de distintos ámbitos temáticos, respaldadas por una audiencia de 1.700.000 lectores.

En los paneles de la exposición se cuenta cómo desde su aparición estas publicaciones libraron una batalla contra las viejas ideas, dando lugar a una efervescencia de vanguardias históricas. Una figura central de este panorama fue Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), con la creación de la revista Prometeo, o la Generación del 27 en torno al título Índice, dirigido por Juan Ramón Jiménez, que a su vez sirvió de aliento para que surgiesen otros como Ambos o Litoral.

En esa agitación cultural desde las imprentas tuvo un papel relevante José Ortega y Gasset con el semanario España, hasta el mensual Revista de Occidente que desde 1923 aun hoy sigue editándose con once números al año y, tal y como se recoge en la exposición, ha servido de modelo a publicaciones de Iberoamérica como Contemporáneos, en México o Sur, en Argentina.

Esa agitación cultural en torno a las revistas se vería quebrada por la etapa de censura y silencio que siguió tras la Guerra Civil, lo que dio lugar a que alguna como Luna se pusiera en marcha en el interior de la Embajada de Chile en España entre 1939 y 1940, precedente de publicaciones del destierro como España peregrina, publicada en México y en cuyas páginas aparecen José Bergamín, Emilio Prados o Paulino Massip, entre otros autores.

Cuadernos de Ruedo Ibérico, impulsada en Francia por José Martínez y Jorge Semprún, es otro de los títulos del entramado cultural de esa España expatriada.

En la exposición se relata cómo en el país durante la dictadura se alentó la aparición de gacetas de propaganda como Vértice, Escorial o Juventud y cita como caso de disidencia Acento cultural, del Sindicato Español Universitario, «una plataforma para la toma de conciencia crítica». También se cita el papel de El ciervo, editada por Dionisio Ridruejo, así como Cuadernos para el diálogo, que nació en 1963 impulsada por Joaquín Ruiz-Giménez «como compromiso con el cambio democrático desde posiciones cristianas», se reseña desde ARCE.

La muestra se cierra con medio centenar de revistas contemporáneas colgadas de varios trípodes en las que aparecen ejemplares de Caimán cuadernos de cine, El ecologista, Historia social, Infobibliotecas, Melómano, Política exterior, El croquis, entre otras publicaciones que abarcan la arquitectura, el diseño, el urbanismo, el arte, teatro, ciencias sociales, filosofía, historia, cine, fotografía, crítica de la cultura, literatura, pensamiento y política.

Que las publicaciones son herederas de una tradición periodística de debate, búsqueda e incitación a la reflexión que se mantiene viva lo defiende Manuel Ortuño, por más que en los últimos seis años la crisis se haya llevado por delante más de la mitad de las 150 revistas culturales que existían en España. «Resisten las de mayor trayectoria histórica y proyección pública», apunta Ortuño, que defiende la vigencia de estas publicaciones como espacio de encuentro de «quienes tienen algo que decir y proponer a la sociedad».

Con una periodicidad que oscila entre el mes y el semestre (el 40% de los títulos son mensuales) todas las publicaciones son de pago con precios que oscilan entre los cinco euros por ejemplar hasta los 15-18, aunque hay algunas que cuestan en torno a 60 euros, como El croquis, una de las revistas predilectas de arquitectos y diseñadores. Se venden en algunos kioscos, librerías especializadas o por suscripción y el 95% se publican en papel, aunque más de la mitad cuentan con una edición digital.

Según un estudio de ARCE, el 88% de sus lectores son titulados superiores, suelen ser activos en el ámbito digital y tienen más de 45 años, «por lo que estas revistas se han quedado como instrumentos necesarios e imprescindibles para un sector de población con una formación profesional alta y una gran vinculación a al ámbito universitario y la enseñanza». Desde las revistas se pone ahora el foco en su proyección en el espacio cultural que ofrece el entorno digital y en la consolidación de su «valor diferencial de contenido» más allá de la distinción de formatos.