Poética del escombro

Una visitante observa las obras expuestas en La Gran/
Una visitante observa las obras expuestas en La Gran

Pérez-Jofre expone en La Gran y extiende su teoría del soporte por el centro de Valladolid

ANGÉLICA TANARRO

Desde que a principios del siglo pasado Marcel Duchamp acuñara el concepto de objeto encontrado y los dadaístas lo incorporaran como una religión, muchas cosas ha sucedido en la relación de los objetos y sus circunstancias con el hecho artístico y muchas páginas se han escrito sobre el particular. Ignacio Pérez Jofre (Madrid, 1965) lleva escribiendo las suyas unos cuantos años, desde su ya lejana primera exposición individual en la galería Torres Begué de Madrid cuando la, en tantas cosas, fructífera década de los ochenta estaba dando su últimos coletazos.

La galería La Gran de Valladolid, que ya le incluyó en su exposición colectiva que sirvió de prólogo y al tiempo de cierta declaración de intenciones en su apertura, le dedica ahora una muestra individual.

Pérez-Jofre ha participado desde aquella primera exposición de Madrid en numerosos proyectos individuales y colectivos en sus facetas de pintor y dibujante; ha practicado la performance; ha comisariado exposiciones y no ha dejado de lado su tarea pedagógica en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra. Pero, sobre todo, ha ahondado en su reflexión acerca de la relación entre los objetos cotidianos que nos rodean y su transformación en arte. Su pensamiento sobre cómo las formas de vida que adoptamos más o menos conscientemente, más o menos a regañadientes, tienen consecuencias para nuestro futuro, cómo la vida de las ciudades está marcada por la facilidad con que desechamos objetos y los sustituimos por otros en una espiral de desperdicios también se convierte en arte en sus manos. Marcel Duchamp encontraba objetos y Pérez-Jofre ha encontrado soportes para esta exposición. Y esos soportes que no son sino desechos se convierten, en una vuelta de tuerca conceptual, en objetos artísticos que a su vez aluden a los objetos cuya destrucción o deterioro simbolizan.

Lienzos

En los escombros que expone en la galería ha pintado los edificios, vulgares o grandilocuentes, en ocasiones imponentes, que lo rodeaban en el momento de encontrarlo y apropiárselo como lienzo donde desarrollar su escritura. Como si quisiera recordar a esas arquitecturas que polvo fueron y polvo llegarán a ser en una sociedad que ha hecho del derroche y el desperdicio casi una ley. Sobre un trozo de ladrillo arrumbado en el contenedor o en el suelo se escribe la historia de la parte más noble del edificio, ese que corona su visión, la más lejana del suelo.

El visitante que acuda a la galería podrá degustar el empeño de un artista que prefiere pintar del natural, dejar testimonio de lo que ve, utilizar la pared de sus habitaciones como el folio en blanco donde escribir la historia de su capacidad de observación, que parece inocua pero nunca lo es. Y podrá, además, asomarse a sus cuadernos de trabajo que es tanto como decir a su cocina, en un gesto generoso y al mismo tiempo un tanto provocativo pues convierte al visitante en voyeur.

Pero el pincel nervioso de este artista no se conformó para su exposición vallisoletana con dejar constancia de sus últimas obras. Parte de su tiempo lo dedicó a esa pasión por pintar del natural, por intervenir en el espacio urbano, interactuando además con la calle. Siete puntos del centro de la ciudad le sirvieron de lienzo para seguir desarrollando su poética del escombro.