La poesía duerme en la destrucción

La poesía duerme en la destrucción

Jonás Fadrique y Eloy Arribas protagonizan ‘SummerNap’ que puede verse en la galería Javier Silva hasta el 30 de septiembre

VIRGINIA T. FERNÁNDEZ

Casi cuatro semanas de trabajo intenso y abierto a la ciudad han dado como resultado una confrontación de discursos estéticos que se ya se puede disfrutar en la galería Javier Silva de Valladolid. SummerNap (Siesta de verano) reúne la obra de Jonás Fadrique (Valladolid, 1989) y Eloy Arribas (Valladolid, 1991) en una muestra que se ha fraguado tras largas sesiones de producción dentro del propio espacio expositivo en la aspiración del galerista vallisoletano por reescribir el papel tradicional del cubo blanco, hasta ahora mero contenedor de arte para su exhibición o venta. La actual muestra, visitable hasta el 30 de septiembre, emite un grito silencioso: lo bello reside también en la destrucción.

Recogidos los utensilios que han convertido la galería en un taller donde el público ha participado activamente en el proceso creativo con sus obersvaciones y opiniones, ha llegado la hora de interpretar el desenlace. Estéticamente distantes, los vallisoletanos, licenciados en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, reconocen puntos de encuentro en la tensión generada por la convivencia de sus obras. «Se complementan porque hablan de lo mismo pero de manera distinta», sostiene Arribas. Él apuesta por la «filosofía punky»; ve «el florecimiento en el abandono». Sus lienzos se mueven entre la abstracción y la figuración. Arribas esboza presencias o perfila seres prehistóricos de colores brillantes apuntalados con inscripciones que hacen funcionar su obra «como un cromo» cuyo mensaje estético «no es ni el texto ni la imagen, sino lo que resulta de la relación entre ambos». Uno de sus cuadros luce dos palabras: «Bonita demolición». Sobre ese eje bascula su concepto artístico, que arroja un «alegato de la destrucción», define el pintor castellano y leonés.

«Los dos discursos son una crítica», apunta Fadrique; «la de Eloy más desde el humor negro, la mía es más plomiza», apostilla. Su aportación a SummerNap enlaza con The collector, el proyecto que viene desarrollando desde hace meses en París, ciudad en la que actualmente reside y trabaja.

Fadrique indaga «en la poesía en el resto o en la destrucción», desvela quien se encuentra inmerso en un proceso de «apropiación de objetos encontrados» que recoge en vertederos: colchones, dentaduras usadas. Los enmolda y reproduce a partir de vaciados y así desmonta la idea de objeto fetiche celosamente atesorado por el coleccionista a lo largo de la historia. «Algo que ha sido desechado se repite una y otra vez», cuenta. Fadrique multiplica y conserva «lo que el resto de la humanidad ha denostado», congelando el tiempo que todo lo corroe y también las historias de quienes fueron dueños de esos objetos.

Invitación a la reflexión

Tanto los artistas como Javier Silva instan a vivir este SummerNap como algo más que una exposición. Es «una invitación a la reflexión sobre la realidad que estamos viviendo». El estado de adormecimiento que hace sestear en julio y agosto a las ciudades mediterráneas es para ellos asimilable a la actual deriva del mundo. Lo saben bien los jóvenes creadores, que reconocen cierta inactividad en la gente de su generación: «El activismo a todas las escalas está dormido», lamenta Arribas, y lo achaca a «que no nos han educado para ser personas creativas sino consumidores».

Ha faltado que les enseñen a valorar «cómo quieren vivir y cómo no»: «Desde pequeño, yo sabía que iba ir a la universidad, sin saber si era buen estudiante o no...», piensa en alto el vallisoletano. Sin embargo, hay luz al final del túnel. Ambos encuentran últimamente en el ambiente cultural vallisoletano un caldo de cultivo propicio para creadores emergentes. «Hay muchísima gente comprometida, dispuesta a darlo todo por hacer resurgir el arte en Valladolid», remata Fadrique.