Hacia el espectador «emancipado»

Marta Alvarez y Paula Poblete –de frente al fondo– en el debate celebrado ayer en la Galeria de Arte Javier Silva./
Marta Alvarez y Paula Poblete –de frente al fondo– en el debate celebrado ayer en la Galeria de Arte Javier Silva.

Expertos debatieron ayer sobre los desafíos que atañen al arte contemporáneo

VIRGINIA T. FERNÁNDEZVALLADOLID

Que no siempre los espacios expositivos tradicionales se abren a la ciudadanía haciéndola partícipe del hecho creativo en sentido bidireccional es una realidad. También lo es que demasiadas veces los debates sobre arte contemporáneo se reducen a lenguajes poco asequibles o a círculos de expertos inaccesibles para el gran público. Y no es menos cierto que, cada vez más, galerías y museos tratan de paliar este déficit dando cabida a la reflexión y a la confrontación constructiva de puntos de vista. Es el caso de la galería vallisoletana Javier Silva, que viene acogiendo desde abril la iniciativa Palique al cubo (blanco), una serie de encuentros entre artistas, gestores e investigadores que tratan de arrojar luz sobre los desafíos e incertidumbres de las cuestiones más candentes que atañen a manifestaciones artísticas contemporáneas. «Los asistentes podrán hacerse llamar espectador, artista, comisario, galerista, vecino, paseante, diletante». Muy importante esta premisa inicial para quien acude a estas charlas que propugnan la ausencia de jerarquías, barreras psicológicas y etiquetas. Coordinado por Esther Gatón, doctoranda en Bellas Artes por la Complutense, el debate de ayer se centró en los retos a que se enfrentan hoy los verdaderos destinatarios de la obra de arte: los espectadores.

Marta Álvarez, artífice de varios proyectos en el entorno local que suponen la participación ciudadana como eje de nuevas propuestas de exhibición artística, y la investigadora chilena Paula Poblete protagonizaron el coloquio. Siguiendo a Jacques Rancière, Poblete estudia la idea de «espectador emancipado», aquel que abandona su condición exclusiva de mirón para convertirse en observador activo y crítico. Para justificar esta postura, la investigadora aludió al texto del pensador francés titulado El maestro ignorante, que denosta «la forma embrutecedora de enseñar» consistente en trasmitir «solo lo que se sabe» y no en propiciar el aprendizaje de lo que el propio docente también ignora. Aplicando esta tesis a la recepción del arte contemporáneo, Poblete respalda a Rancière cuando dice que «todo arte puede ser crítico siempre que esté siendo observado por un espectador emancipado».

Procliberalizadoreso

De ese proceso liberalizador habló igualmente Marta Álvarez, quien hizo un recorrido desde Kant y su obsesión por la razón y por reducir el arte a la experimentación meramente formal, hasta las múltiples aristas que conlleva la postmodernidad. ¿Qué es arte y qué no lo es? ¿Quién lo decide? ¿Siguen teniendo los museos la autoridad para la legitimación de la obra de arte como tal? Preguntas inevitables en el contexto de la conversación entre las jóvenes profesionales que suscitaron la participación del público, salpicado de artistas y educadores. Estos últimos, los más proclives a considerar la necesidad de que la educación (que no instrucción o adoctrinamiento) provea a los ciudadanos de herramientas para decodificar una creación contemporánea.

Otro tema que provocó inquietudes fue la dicotomía entre lo público, lo privado y los nuevos modelos de acción ciudadana planteados a partir de fórmulas de autogestión: «Tanto la galería como el museo se han convertido en espacios que intentan ser neutrales, asépticos. Sin embargo, al final no dejan de estar al servicio de la idea del arte por el arte, de esa intención de aislar la obra para hacerla autónoma, pero esa autonomía, en realidad, está al servicio del sistema. ¿En qué medida puede haber arte emancipador dentro de ese sistema?», planteó Álvarez. Preguntas que generan preguntas. No todas con respuesta pero un paso para alcanzar conclusiones.