Sacyl logra retener a dos de cada cuatro residentes pero es incapaz de cortar la hemorragia

Operación con laparoscopia de la pared abdominal en el Hospital Río Hortega de Valladolid. /Rubén Cacho
Operación con laparoscopia de la pared abdominal en el Hospital Río Hortega de Valladolid. / Rubén Cacho

Sanidad trabaja para hacer atractiva la comunidad y evitar la fuga a otras autonomías de un talento que cuesta formar 160.000 euros

El Norte
EL NORTEValladolid

Dos de cada cuatro médicos y enfermeros que concluyen la residencia en Castilla y León se quedan a trabajar en algún centro de Sacyl, pero todavía la Consejería es incapaz de cortar una hemorragia que no es exclusiva de esta autonomía, y que se traduce en la pérdida de más de 160 profesionales cada año. Si formarlos cuesta tiempo y recursos -se estima que más de 160.000 euros-, perderlos es cuestión de segundos. Y en ello está la Administración autonómica, en retener talento y lograr que la comunidad sea atractiva para los titulados, teniendo en cuenta que sólo para formación de residentes las cuentas de Sanidad contemplan un presupuesto de 64 millones de euros.

El problema ni es nuevo, ni característico de Castilla y León, y aunque todos -administraciones, asociaciones y sindicatos- coinciden en que debe atajarse de forma conjunta en el seno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, cada autonomía juega su batalla y fija su estrategia para asegurar el reemplazo que en la comunidad es necesario en especialidades como Anestesiología y Reanimación, Urología, Radiodiagnóstico, Pediatría en Atención Primaria y Medicina de Familia.

De momento, Sacyl ha pedido a los responsables sanitarios que ofrezcan interinidades o contratos de larga duración. «La capacidad de retener residentes depende de infinidad de variables. El sistema MIR es nacional, y muchos de los residentes llegan de otras autonomías, por lo que, de partida, es complicado lograr que se queden; cuando terminan se van a su tierra», explica a Ical el consejero de Sanidad, Antonio María Sáez Aguado,

Asimismo, reconoce el problema de Medicina de Familia, sobre todo en consultorios con 300 tarjetas o poca rotación, unas vacantes que rechazan médicos jóvenes, recién formados y miras más altas. «Es un factor que juega en contra en Castilla y León, y es el precio que hay que pagar por contar con una Atención Primaria muy pegada al territorio.

Partiendo de este hecho y para lograr un ajuste real y actualizado de la oferta a las necesidades de la sanidad pública, en el caso concreto de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria se ha aprobado una oferta de residentes al alza en los últimos años, que ha pasado de 95 en el curso 2015/2016, a 105 en el 2016/2017. La actual se eleva ya a 115, es decir, 20 plazas nuevas en tres años.

Tras el equilibrio

Lo cierto es que lograr el equilibrio no es fácil, aunque se llevan años dando pasos para encontrar la fórmula. Ya en la era del consejero Francisco Javier Álvarez Guisasola, en el año 2008, se aprobó un plan estratégico con el horizonte puesto en 2017 ante la previsión de hasta 4.000 médicos en esa década que, si bien logró atajar el reemplazo en especialidades muy deficitarias, en otras el problema se ha enquistado.

En esta tarea está el actual equipo de la Consejería de Sanidad que ya ha lanzado una instrucción para que los gerentes de los centros informen y ofrezcan interinidades o contratos de larga duración a los recién egresados para evitar que otras autonomías se adelanten. Antes, se reordenó la oferta de plazas; se incrementaron las acreditadas en especialidades deficitarias, entre ellas de Medicina de Familia; se acreditaron nuevas unidades docentes, a lo que se unieron otras medidas más recientes como el programa de postformación sanitaria que permite fidelizar a los mejores profesionales, y que consiste en un contrato de tres años de duración y la posibilidad de desarrollar actividad investigadora. También, se modificó el Estatuto Jurídico para contratar a médicos extracomunitarios como estatutarios temporales, y se trabaja para informar y orientar a los 1.631 residentes para que se queden a trabajar en Sacyl. De ellos, 1.095 se forman en alguna especialidad hospitalaria; 394 en Primaria, y 142 son residentes de Enfermería (68 de Especializada y 74 de Primaria).

Otras de las bazas con las que juega Sacyl es avanzar en la mejora de las condiciones laborales y retributivas, y la estabilización en el empleo, con una oferta actual de 7.000 plazas, entre las convocadas o incluidas en oferta pública de empleo. En concreto, en las OPEs correspondientes a 2017 y 2018 la cifra se eleva a 4.256 plazas. Una vez concluidos los procesos se rebajará «de forma considerable» la tasa de interinada que se encuentra en el 23,25 por ciento, nueve puntos por debajo de la media nacional, explica Sáez Aguado.

Por lo que respecta a la propuesta para fidelizar residentes en zonas de difícil cobertura y limítrofes, la apuesta parece clara: incentivar a los recién egresados. Una propuesta que lleva años estudiando Castilla y León y que había comenzado a negociarse en el ámbito nacional entre sindicatos y Ministerio. Ahora, la pelota está en el tejado de la nueva ministra, Carmen Montón, quien conoce las propuestas del anterior gobierno y que pasaban por cinco medidas excepcionales: mayor baremación por los servicios prestados; mayor puntuación en el acceso a la carrera profesional; ventaja en el sistema de becas de investigación; privilegios en las bolsas de empleo y en nombramientos de interinidad.

El año pasado, de los 337 profesionales que concluyeron su residencia, el 51 por ciento, fueron contratados por Sacyl. En concreto, 118 en el ámbito de la Atención Especializada y el resto, 54 en el de la Atención Primaria, es decir un 46 por ciento de los que concluyeron la especialidad, 255, en el primer caso, y un 66 por ciento de 82, en el segundo. Mientras, se marcharon 137 especialistas y 28 residentes que concluyeron la formación en Atención Primaria.

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