La pareja de Villagonzalo planeaba irse unos días de vacaciones a Santander

Concentración de vecinos, ayer por la tarde, para condenar los hechos y mostar su dolor. /Ricardo Ordóñez/ Ical
Concentración de vecinos, ayer por la tarde, para condenar los hechos y mostar su dolor. / Ricardo Ordóñez/ Ical

Los amigos destacan el carácter abierto de Pepi, cocinera en el colegio del pueblo y sindicalista de Comisiones, y el de Rafael, más reservado y que ayer se prejubilaba

Ismael del Álamo
ISMAEL DEL ÁLAMOBurgos

Todos tienen un gran recuerdo de María Josefa, Pepi, como la conocían en Villagonzalo Pedernales, una localidad muy próxima a Burgos. «Servicial, cercana y muy abierta», así la define una de sus amigas más cercanas. «Era todo entrega. No tenías que pedirle nada porque ya te había ayudado», añade. Pepi llevaba muchos años viviendo en Villagonzalo Pedernales y trabajaba en el colegio de la localidad, lo hacía atendiendo a los más pequeños del municipio, como tutora en el programa Madrugadores y como cocinera en el comedor del colegio.

Su carácter, muy sociable, la hacía ser querida por los niños y valorada por los padres. De hecho, estando tantos años a la atención de los niños, muchos ya son adultos. Tomaba café casi todos los días con madres del colegio una vez terminaba el programa Madrugadores y comenzaban las clases. Mujer comprometida, Pepi era dirigente sindical de Comisiones Obreras, sindicato que ha mostrado su «más firme condena», calificando a la mujer como «una compañera comprometida con la lucha por la igualdad». La ejecutiva de CC OO ha convocado este juevesconcentraciones de un minuto de silencio frente a las puertas de las diferentes sedes de la comunidad.

En su entorno más próximo, Pepi era familiar, igual que su marido, Rafael Velázquez. Ambos vivían con sus dos hijos, el varón, de 29 años, que resultó herido grave, y la hija mayor, que fue quien se encontró la dolorosa escena al volver del trabajo. La familia tenía parientes en Zamora y de vez en cuando se desplazaban a visitarlos.

Paseo diario con los perros

Habitualmente se les veía juntos sacando a sus perros. Eran una pareja normal, que compartía planes. Rafael era algo más reservado y se encontraba de baja desde hace tres semanas, después de haber sufrido un accidente con su coche, un Nissan Patrol que utilizaba cuando iba a cazar.

Una amiga recuerda con mucha pena que habían quedado la próxima semana para comer juntas. Además, el matrimonio estaba haciendo planes para ir de vacaciones a Santander, una vez que Rafael se prejubilara (lo que ocurría ese mismo día del suceso). Les gustaba ir a la capital cántabra porque la conocían bien. De hecho, su hijo, de 29 años, había estado el año pasado trabajando en Santander. Es licenciado en Derecho y no tenía un trabajo estable.

La hija fue quien se encontró a sus padres muertos y a su hermano malherido justo cuando regresaba del trabajo. También muy sociable, trabaja en una gran superficie de la capital y va y viene a diario. Pepi solía comentar con sus amigas los asesinatos machistas que veía por la mañana en televisión y no alcanzaba a entender cómo podían llegar a producirse.

Pepi consideraba que había síntomas previos a la violencia en la pareja y aspiraba a que las mujeres fueran valientes y reaccionaran a tiempo, según relatan sus amigas. Por eso, nadie del pueblo podía esperar que esto le pasara a ella. Pepi nunca denunció a Rafael ni había tenido indicios de reacciones violentas de su marido, que por desgracia se convirtió en su asesino.