Picos de Europa, el paraíso visto desde el cielo

El 22 de julio de 1918 nació el primer parque nacional de España, que por aquel entonces se llamó Montaña de Covadonga

Vista de los Picos de Europa. / El Norte
HÉCTOR DÍAZSantander

Desde el 22 de julio de 2018 y hasta finales de 2019, Cantabria, Asturias y Castilla y León celebran los cien años transcurridos desde la declaración de Picos de Europa como parque nacional. El vídeo que acompaña a este texto es uno de los contenidos especiales que El Norte de Castilla ofrecerá a sus lectores durante este año.

El paisaje de Picos de Europa es de una belleza extraordinaria. Esta reserva natural, este territorio singular que comparten Asturias, Cantabria y León fue declarado parque nacional en 1918. El gran promotor de la idea fue el marqués de Villaviciosa, Pedro José Pidal, y Bernaldo de Quirós. El empeño de este polifacético personaje se materializó en la ley sancionada por el rey Alfonso XIII el 22 de julio de aquel año. Así nacía el primer parque nacional de España, que entonces se llamó de la Montaña de Covadonga.

Hoy, Picos de Europa, el único parque nacional habitado, supera las 67.000 hectáreas de superficie. La vida en este ecosistema se desarrolla bajo el paraguas de una tutela legal que preserva el entorno, pero también impone restricciones a los usos y aprovechamientos del territorio no siempre bien tolerados por una población que ha sabido adaptarse a una naturaleza que asombra por su hermosura, pero que a menudo se torna inhóspita.

El parque nacional atrae cada año a más de dos millones de visitantes

Un siglo después de que se aprobara la figura de protección que ampara los Picos de Europa, perduran en este espacio una flora endémica, la fauna más salvaje de la península Ibérica, modos de vida ancestrales y paisajes soberbios configurados por cumbres de piedra caliza que llegan a superar los 2.600 metros de altitud, por profundas simas, por valles, gargantas, bosques, montes, brañas y prados, por ríos y lagos.

El Parque Nacional de los Picos de Europa atrae cada año a más de dos millones de visitantes. La fuerza motora del turismo ha abierto un abanico de posibilidades en un espacio que se debate entre el deber de preservar la belleza del patrimonio natural y la necesidad de rentabilizarla.

Un auténtico privilegio

Paraíso para senderistas y escaladores, sus incursiones por las moles montañosas comienzan a menudo cuando se apean del funicular de Bulnes y del teleférico de Fuente Dé. Hoy les invitamos a participar de una cómoda ascensión, sin necesidad de cuerdas, arneses o mosquetones. Gracias a las nuevas tecnologías de grabación de imágenes en vuelos no tripulados, elevamos nuestra mirada más allá de las cumbres.

Poder observar el parque nacional desde el aire es un auténtico privilegio. Por tratarse de un espacio protegido de alto valor ambiental, las condiciones de vuelo dentro de sus límites son muy restrictivas, para garantizar el bienestar y la seguridad de la fauna y de la población, y evitar riesgos para la vegetación. Los permisos otorgados por el Gobierno del Principado de Asturias, por el Gobierno de Cantabria y por la Junta de Castilla y León nos han permitido captar estas inusuales imágenes, ponernos en el lugar del buitre leonado o del águila imperial ibérica que aún habitan el parque nacional y observar el paisaje en un prolongado y placentero planeo. Disfrútenlo.

 

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