Álvarez Junco: «Pablo Iglesias me parece un pueblerino por decir que no quiere limosna cuando Amancio Ortega dona dinero para investigar sobre el cáncer»

Álvarez Junco: «Pablo Iglesias me parece un pueblerino por decir que no quiere limosna cuando Amancio Ortega dona dinero para investigar sobre el cáncer»
Elvira Mejías

Aunque catalán de nacimiento, en el Valle de Arán, su infancia en tierras zamoranas le han dejado el poso de castellano claro, de los que llaman al pan, pan y al vino, vino.

J. I. Foces
J. I. FOCESValladolid

He aquí un pensador. José Álvarez Junco, una de las mentes más reflexivas de cuantas circulan por España. Con las raíces bien echadas, como le gusta decir, y la identidad clara. Se crió de niño y adolescente en la localidad zamorana de Villalpando y de allí... ¡al mundo! Estudió en Reino Unido y ha sido profesor universitario en Estados Unidos, hasta recalar en la Complutense, de la que es catedrático emérito. Una conversación con él es una lección de vida, de saber estar y de necesitar pensar. Aunque catalán de nacimiento, en el Valle de Arán, su infancia en tierras zamoranas le han dejado el poso de castellano claro, de los que llaman al pan, pan y al vino, vino.

-Para alguien que, como usted, ya dejó la docencia, ¿qué supone distanciarse de la gente joven, la que intenta formarse?

-No supone mucho, no es un gran trauma.

-¡Qué me dice!

-Hago cosas: seminarios, algunos organizados por mí; cuando voy a esos sitios, son los mejores momentos del mes. Sigo leyendo, escribiendo. Me mantengo activo. ¿Qué es lo que no hago jubilado que hacía antes?

-Diga, diga.

-¡No voy a reuniones de departamento!

-Jajaja. ¡Esa es buena!

-No hago más que dar palmas de alegría porque jamás me he aburrido tanto como en las reuniones de departamento, las juntas de facultad y cosas de ese tipo.

-¡Gana tiempo y salud!

-¡A mí la gestión me aburre mucho! Y no doy clase. Eso tiene su inconveniente, porque no estás en contacto con gente joven, pero tiene una ventaja inmensa: no tienes que hablarle a un público cautivo.

-¡¿Cautivo?!

-El estudiante es público cautivo: está allí obligado, obligado. El profesor es un señor que tiene que hacer un esfuerzo enorme para ganarse a los estudiantes, tiene que convencerles de que lo que les está diciendo tiene sentido para su vida. Y yo eso ya no tengo que hacerlo. Cuando yo doy una conferencia, la gente que viene es porque quiere estar ahí, no es un público cautivo.

-Los años que vivió en Villalpando, infancia, adolescencia y primeros de la juventud, son aquellos en los que se conforma la personalidad. ¿Qué le aportó vivir en ese núcleo castellano en contraste con lo que luego ha vivido y con su lugar de nacimiento, el Valle de Arán?

-Me aportó seguridad en cuanto a mi identidad. Tengo claro quién soy y de dónde vengo, en qué cultura estoy arraigado. Soy una persona con las raíces bien echadas. Una vez que tienes esa seguridad en cuanto a la identidad, en Villalpando, en la España de esa época, echaba en falta más cosmopolitismo, más conocer mundo e idiomas. Al terminar Derecho y Ciencias Políticas, me marché un año a Inglaterra, con un conocimiento de inglés mínimo que tenía en ese momento, y pasé un año en Bristol. Me vino muy bien para el resto de mi vida. Después marché a Estados Unidos a hacer el doctorado. He viajado bastante, sobre todo por el mundo angloparlante.

-Metámonos en harina. Acabamos de celebrar cuatro elecciones en un mes y no parece que se hayan resentido los cimientos del Estado. ¿Imbatible España?

-¿En qué sentido lo pregunta?

-Si con tanta campaña y elecciones en tan poco tiempo ha aguantado la sociedad...

-¿En el sentido de que la democracia está asentada, arraigada y es fuerte y puede resistir la crisis de los dos partidos fundamentales en los que se ha asentado en los últimos más de treinta años? Pues sí, ha demostrado solidez y que cabía ampliar el sistema, que entrasen otros partidos y que no fuera tan fácil desplazar a los dos que había. Ha demostrado solidez el sistema y a la vez ha cambiado.

-¡Anda!

-Claro, ya no son solo dos partidos. Estamos metidos en un periodo apasionante en cuanto a alianzas y pactos que a algunos, como a Ciudadanos, les ha dejado en una situación espléndida: puede pactar con unos y otros y eso va a permitir pactos variados.

-La llegada de los nuevos partidos fue recibida en la sociedad hasta con gozo. Pero, después, ha pasado lo que ha pasado. ¿Qué cabe colegir, que la nueva política fue flor de un día o que Ciudadanos y Podemos llegaron para quedarse y se han asentado?

-Las dos cosas. Fue flor de un día, porque no es tan fácil hacer nueva política y porque al final se ha demostrado que están haciendo una política bastante parecida a la de los otros. Y, a la vez, sin embargo, tengo la idea de que han venido para quedarse... Sobre todo Ciudadanos. Podemos vino para quedarse, pero la impresión que da es que va a ocupar el hueco que ocupaba Izquierda Unida y ya está. Tiene un 10% escaso de votos que es el porcentaje que tenía IU. En cambio, Ciudadanos introduce un dato nuevo, y Vox, no lo olvidemos: y es que la derecha va dividida en tres. En España el PP se estaba aprovechando de la situación de que cubría un espectro amplísimo, desde el franquismo abierto a un centro moderno y laico.

-Tras el frenazo de Vox en las urnas, ¿hay que pensar que no es para preocupar la vuelta de la extrema derecha o, al contrario, están y se les va a ver y notar?

-Creo que no es para preocupar. Esa extrema derecha ya existía y lo que pasa es que no tenía representación parlamentaria, estaba representada por el PP. Y es justo y bueno para el sistema que todas las fuerzas sociales tengan representación parlamentaria y aprendan a hacer política parlamentaria. Y, segundo, éramos una excepción rara en Europa: que no existiera ninguna extrema derecha... En España existía, lo que pasa es que no había salido del armario. Con la mala prensa de la extrema derecha por estar asociada al franquismo estaba oculta, no querían reconocer lo que eran. Ahora se reconoce y se expresa. Lo mejor que puede ocurrir en un sistema parlamentario representativo es que las fuerzas sociales estén en el parlamento.

-Durante los peores años de la crisis se decía en mucho sitios que no se entendía que la gente no se hubiera echado a la calle por los recortes y el paro. ¿Estaba, y está, la sociedad adormecida o es suficientemente madura?

-Puede ser una mezcla de las dos cosas. Una, no están adormecidos, pero creen que no se va a conseguir nada saliendo a la calle. Y, dos, creen que eligiendo representantes en unas elecciones normales pueden canalizar sus demandas. Esto segundo es bueno; lo primero, no. Conviene que exista la conciencia de que los sistemas pueden cambiar y haber maneras de que cambien.

-¿Por qué nadie acciona la tecla que se supone existe para empezar a solucionar el conflicto catalán?

-Pues porque es un conflicto muy difícil.

-¿Pero tiene solución?

-Tiene una solución difícil. Es un conflicto muy difícil porque una democracia es el sistema más civilizado, perfecto, sofisticado y justo que ha encontrado el ser humano para resolver la legitimidad de los gobiernos. ¿Cómo tenemos que decidir lo que vamos a hacer en el futuro? Vamos a votar y lo que diga la mayoría será lo que se haga en el futuro. Eso no quiere decir que lo que se decida sea justo, pero es un arreglo porque la mayoría puede ser un conjunto de ignorantes mucho más ignorantes e irresponsables que las minorías, pero bueno, es el acuerdo al que hemos llegado.

-¿A dónde quiere llegar en esa reflexión?

-Pues a que el problema de la democracia es un problema previo, algo que no está definido: ¿Quién constituye el 'demos'? La democracia es el gobierno del pueblo. Muy bien: ¿Y quién es el pueblo? Se pregunta: ¿Democráticamente cómo se resuelve el futuro de Cataluña? Y se responde: Lo tienen que decidir los catalanes. Vale, es lo democrático. 'Nosotros, los catalanes, tenemos que decidir nuestro futuro', se oye. Pero desde el punto de vista español se piensa: '¿Me van a cortar un brazo sin peguntarme?'. Y se escucha que lo democrático es que el futuro de España lo decidamos los españoles. Tienen razón. Inobjetable. Es decir, ¿cuál es el 'demos' que debe decidir el futuro de Cataluña, los catalanes o los españoles? Eso no está definido.

-¿He ahí el quid de la cuestión?

-Ahí está el problema de la democracia. Las democracias se constituyen dando por supuesto que existen los pueblos, que existen las comunidades, que existe el demos. Y el 'demos' es una convención. Cuál va a ser la decisión sobre el futuro de Cataluña depende de quién decidamos que es el que debe decidir sobre el futuro de Cataluña. Entonces, sobre eso no hay más remedio que llegar a un acuerdo. Porque de verdad hay un problema racionalmente no resuelto, quién es el 'demos' básico, pues mejor será sentarnos a negociar sobre fórmulas flexibles.

«¿Cuál es el 'demos' que debe decidir el futuro de Cataluña, los catalanes o los españoles? Eso no está definido»

-¿Alguna de la que echar mano ya?

-La mejor fórmula, la que se consagró a finales del XVIII en los Estados Unidos de América, se inventó allí y fue una fórmula genial que ha funcionado bastante bien, es el federalismo. Una fórmula en la que hay distintos niveles de poder: uno es el municipio, que tiene que resolver las cosas básicas; dos, la región, la comarca, la provincia, la comunidad autónoma; tres el Estado central y cuatro, la Unión Europea o la instancia internacional, sea la que sea, porque por encima de la UE podríamos colocar la Justicia Internacional de las Naciones Unidas. Varios niveles de poder. Dejemos establecidos con claridad y no como está en la Constitución actual, que es de pacto y de compromiso y de salir del embrollo en aquel momento y se dijo: 'Podrán constituirse comunidades autónomas y podrán tener tales atribuciones...'. No, no, dejemos establecidas con claridad cuáles son las atribuciones del Estado, cuáles las de las comunidades...

-¿Hay entonces que empezar por reformar la Constitución?

-¡Claro, claro! Desgraciadamente, hay que reformar la Constitución.

-¿Desgraciadamente?

-Desgraciadamente porque es muy difícil reformar la Constitución: es una Constitución que tiene mucho valor porque está basada en el consenso por única vez en la historia de España. Y una Constitución basada en el consenso, hay que reformarla por consenso.

-¿Será muy tarde para cuando el PP se dé cuenta del daño que le ha hecho la corrupción?

-Pues no lo sé. Supongo que sí. Es muy difícil de reconocerlo porque, además, ellos dirán que fue una etapa pasada y que fueron ciertas personas que ya están fuera del partido. Será difícil que lo reconozcan.

«Es muy difícil reformar la Constitución, pero hay que hacerlo. Y una Constitución basada en el consenso hay que reformarla por consenso»

-¿Le han dejado libre parte del centro a Pedro Sánchez o ha sabido hacerse hueco?

-No hay duda de que es un político hábil, pero se lo han dejado libre. Ciudadanos ha emprendido una estrategia evidente de desplazar al PP y ha fracasado. En esa estrategia se ha lanzado a convencer a todo el mundo de que es un partido de derechas y ha dejado el centro libre. Y a Sánchez, que tenía más bien la etiqueta de izquierda dentro del PSOE, le han dejado libre completamente el centro y unas elecciones relativamente fáciles de ganar. Hay que suponer que Ciudadanos, ahora que ha terminado el ciclo electoral y que se ha dado cuenta de que no es fácil desplazar al PP, comprenderá que su lugar lógico es más en el centro.

«Ciudadanos ha emprendido una estrategia de desplazar al PP y ha fracasado. Y ha dejado el centro libre a Pedro Sánchez»

-De haberse desarrollado el nacionalismo castellano, ¿otro gallo le habría cantado a Castilla?

-En Castilla no tenían cabida los nacionalismos, igual que el nacionalismo asturiano, por ejemplo, porque son nacionalismos identificados con lo español. Al ser identificados con el español, ya estás en ese momento clavándote el puñal a ti mismo como nacionalismo. Porque los nacionalismos, las identidades, son mercados en competencia.

-¿Y eso?

-No se pueden tener muchas identidades y todas estar triunfando a la vez y al mismo nivel. Hay una que domina a las demás. Las identidades son un mundo de competencia.

-Vamos, que lo que le pasó a Castilla es que por considerarse germen de lo que acabó siendo España renunció a su identidad castellana.

-Exactamente, es una identidad absorbida por la española.

-Alguien que como usted ha sido profesor en universidades del extranjero, ¿qué sintió ante los escándalos del máster de Pablo Casado y la tesis de Pedro Sánchez?

-Tristeza y vergüenza como español. Y siento, por encima de todo, que son unos pueblerinos...

-¿¡Casado y Sánchez!?

-Y la Universidad Rey Juan Carlos. Como siento cuando Pablo Iglesias dice que no quiere limosna cuando Amancio Ortega ha donado dinero para investigación del cáncer. Siento que es por encima de todo un pueblerino que no ha conocido qué es una buena universidad internacional, que no ha conocido un buen centro de investigación internacional.

-¿Por qué, en concreto?

-Porque los buenos centros de investigación internacional tienen prestigio, ganan su prestigio, porque allí la gente que entra es buena, tanto profesores como alumnos. Gracias a ese prestigio consiguen financiación, mucha más privada que pública.

-¿Salir al extranjero le abrió la mente?

-Fue fundamental, esencial.

-Con lo que lleva vivido, con la profundidad e intensidad de su pensamiento, con su larga experiencia vital, ¿de mayor qué quiere ser?

-Yo soy bastante realista y tengo claro que soy ya más que suficientemente mayor y que ya he sido lo que tengo que ser. Yo he sido profesor de universidad, al final he sido eso: un intelectual, creo que independiente, y profesor de universidad. Y no me hago ilusiones de poder ser otra cosa.