Los mantras preelectorales en Castilla y León

Luis Tudanca y Alfonso Fernández Mañueco, candidatos del PSOE y del PP a la Junta de Castilla y León./
Luis Tudanca y Alfonso Fernández Mañueco, candidatos del PSOE y del PP a la Junta de Castilla y León.

Alfonso Fernández Mañueco esgrime la «experiencia» de los populares y Luis Tudanca apuesta por un gobierno socialista en la Junta para acabar con un «régimen de corrupción»

Arturo Posada
ARTURO POSADAValladolid

Los mensajes de los dos grandes partidos políticos se repiten como una salmodia preelectoral en Castilla y León. No hay rueda de prensa, 'canutazo' o comparecencia donde los responsables de PP y PSOE no se lancen dardos o fijen su mensaje con vistas al 26-M (y ahora al 28-A). La sensación de 'esto-ya-lo-he-escuchado-antes' no es un 'déjà entendu': se trata de la misma letanía con mínimas variaciones.

Alfonso Fernández Mañueco recordó por enésima vez esta semana que el «Partido Popular es garantía de experiencia, credibilidad y estabilidad». El pasado 31 de enero, en Zamora, el discurso fue idéntico: «El Partido Popular lleva gobernando con experiencia, credibilidad y ofreciendo estabilidad a las personas de Castilla y León, con lealtad al proyecto y compromiso de España»». Y varios meses atrás encontramos una invocación similar: «Defendemos lo nuestro desde la estabilidad política y la seguridad que somos capaces de ofrecer a la sociedad», dijo en el Comité Ejecutivo Autonómico de su partido el 8 de noviembre.

Para Mañueco, los casi 32 años de gobierno ininterrumpido del PP en la Junta garantizan una «estabilidad» que no se cansa de subrayar. Para el PSOE, en cambio, el Partido Popular es «un partido que ha perdido la batalla por el futuro de Castilla y León», como ha incidido el candidato Luis Tudanca. Donde el PP esgrime «experiencia», el PSOE ve un «régimen».

«Mañueco es la cara de la decadencia del Partido Popular, de un fin de ciclo, de un régimen decadente y corrupto en Castilla y León», señaló el pasado lunes Ana Sánchez, secretaria de Organización del PSOE regional. «Hay un sentimiento de cambio, de fin de régimen de más de 30 años de gobierno de derechas que nos han metido en un hoyo de los peores indicadores socioeconómicos de todo el país», apuntó igualmente Sánchez el pasado 14 de enero.

Mañueco ve en el «candidato Tudanca» un «peligro» que «fotocopia» al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el gran saco de los golpes populares. Por eso, el aspirante del PP a relevar a Juan Vicente Herrera en la Junta a partir del próximo 26 de mayo suele atizar «a una izquierda demagógica» y a un Ejecutivo central que, «en coalición con comunistas y separatistas» ha tratado de «llevarse» los impuestos de los castellanos y leoneses. Alfonso Fernández Mañueco repite como un mantra que el objetivo de Tudanca es «someter» a la comunidad a los intereses del Gobierno central (que ve coincidentes con los de Cataluña) y resalta que su partido es «el muro frente a quienes han hecho el pacto de la vergüenza con los separatistas». Mañueco insistió en este mensaje el 11 de febrero en Valladolid, el 9 en Ávila, el 8 en Ponferrada, el 2 en Salamanca... Al discurso de «comunistas y separatistas» se ha unido en otras ocasiones el término «populistas». Esta idea se mantendrá ahora con la idea que lanzó el miércoles el presidente del PP, Pablo Casado, después de que el Congreso tumbase los Presupuestos Generales del Estado, ya con vistas a las elecciones generales: «El PP nunca pactará con populistas ni con separatistas».

Corrupción

En el PSOE, el término recurrente para referirse al PP es «corrupción». Mañueco puede ser un político «desaforado, radicalizado y enloquecido», como 'disparó' Ana Sánchez a inicios de la semana, pero la gran «traición» de los populares es la «corrupción», según añadió la secretaria de Organización. Luis Tudanca lo ha apuntado una y otra vez, recientemente en los pasillos de las Cortes, cuando la figura del «relator» inflamaba la escena política española. «Tengo la sensación de que todo esto tiene que ver con la necesidad de la derecha de tapar su corrupción. Como se les acabó Venezuela y Gibraltar, ahora miran a Cataluña», señaló.

Un día antes, Tudanca había transitado por la misma senda, a costa de la sentencia favorable del Tribunal Constitucional para reabrir la comisión de investigación de la trama de las eólicas, el caso de la Perla Negra, los terrenos de Portillo y las oficinas de la Junta fuera de España: «El PP está dispuesto a tapar su corrupción», insistió. Y, en la misma semana, el aspirante socialista recordó que la imputación a la excúpula de la Consejería de Economía por el caso la Perla Negra y los terrenos de Portillo «es una demostración más de que hay un régimen del PP que está manchado absolutamente de corrupción y que está dispuesto a cualquier cosa para taparla».

Los partidos políticos se aguijonean, pero también mantienen ciertas cautelas por los posibles pactos electorales. Para el PSOE existe una «derecha, una ultraderecha y una derecha corrupta» que se manifestó conjuntamente en Madrid, en referencia a Ciudadanos, Vox y el Partido Popular. De los tres, solo la formación naranja podría integrar una coalición de gobierno con los socialistas en Castilla y León tras el 26-M, en función de cómo encajen las piezas del tablero. Por eso, Ana Sánchez pidió a Ciudadanos «una seria reflexión» para no ir de la mano «con lo peor de la vieja política: la ultraderecha y la derecha corrupta». De momento, para el PSOE de Castilla y León, Ciudadanos es, de momento, una 'derecha' sin etiquetas peyorativas.

Sin citar a Vox

En el caso del PP, a la amenaza de perder votos por el centro-derecha (Ciudadanos) se une la previsible irrupción de Vox, donde el daño electoral de los populares puede agravarse. Alfonso Fernández Mañueco no suele pronunciar el nombre de Vox durante sus comparecencias públicas. En una entrevista en Onda Cero el pasado 14 de enero, se refirió a la formación liderada por Santiago Abascal como «el partido que usted ha mencionado», y señaló que no tenía nada más que añadir. «Lo que tengo que poner de manifiesto es que el PP de Castilla y León sale a ganar y a gobernar», expuso Mañueco, tirando de otra frase de manual.

El pasado martes, Mañueco señaló el «riesgo» que entraña para el medio rural «los que no creen en Europa ni en las comunidades autónomas». Se trató de otra referencia poco velada a Vox, aunque, de nuevo, sin citar el nombre de la formación. La idea de que el PP encarna el voto útil y sin ataduras queda recogida en otra idea 'mañuequista': «El que quiera que gobierne el Partido Popular, que vote al Partido Popular». O, en la versión de Francisco Vázquez, secretario general de los populares en Castilla y León, «quien no quiera que gobierne la izquierda tiene que apostar por el PP» para evitar que «otros partidos con opciones personales o personalistas se lleven los votos».

De las críticas al bipartidismo a las dudas sobre el candidato de Cs y la «difícil» confluencia entre Podemos e IU

Fuera de la lucha PSOE-PP, heredera del antiguo bipartidismo, formaciones de más reciente creación, como Podemos o Ciudadanos, también fijan sus discursos en Castilla y León. Pablo Fernández, secretario general de Podemos en la comunidad, suele devolver las acusaciones que tildan a su formación de antisistema. «No hay nada más antisistema que vulnerar la norma superior de nuestro ordenamiento jurídico», señaló Fernández la pasada semana sobre la sentencia del Tribunal Constitucional que obligaba a reabrir la comisión de investigación sobre varios casos de corrupción tras el bloqueo del PP.

El presidente Juan Vicente Herrera también apareció a sus ojos como un «antisistema» por acudir a la manifestación convocada en Madrid por los partidos de la derecha en contra del gobierno de Pedro Sánchez y defender únicamente «los intereses de una parte de los castellanos y leoneses». Pablo Fernández ha empezado a repetir la expresión «trinca reaccionaria» para referirse a PP, Ciudadanos y Vox. Pero Fernández también reparte sus críticas hacia el «bipartidismo», al señalar que la despoblación que padece Castilla y León está directamente relacionada con las políticas de las dos grandes formaciones.

En Ciudadanos, su portavoz parlamentario, Luis Fuentes, ha tenido que lidiar durante los últimos meses con una pregunta: ¿se presentará a las primarias para repetir como candidato a la Junta? «Yo siempre estoy a disposición de mi partido», repite, ya que la decisión de la candidatura no le corresponde a él, sino a la directiva nacional que encabeza Albert Rivera. A mediados de enero, la incógnita estaba en el aire. A mediados de febrero, la decisión sigue pendiente de oficializarse, con opciones como la de Francisco Igea siempre presentes. «Sea yo u otro candidato, seremos muchos más que en 2015», dijo Fuentes el martes. Ciudadanos aspira a superar con creces los cinco escaños que obtuvo en las últimas elecciones en Castilla y León. Y, al igual que Podemos (aunque en otro espectro ideológico), trata de distanciarse de los partidos tradicionales, al menos en su discurso preelectoral. Por eso, Fuentes ha insistido esta semana que «el PSOE solo piensa en llegar el poder y mantenerlo a cualquier precio y el PP es sinónimo de oscurantismo, corrupción y antiguo».Frente a ellos, recalca que existe «un proyecto de futuro, limpio y basado en las ideas, que es el de Ciudadanos».

En Izquierda Unida, José Sarrión ha de hacer frente a una pregunta que afecta igualmente a Podemos: ¿habrá una lista de confluencia entre las dos formaciones? Con la idea de que «el reloj sigue corriendo», las primarias conjuntas que defiende Sarrión (que busca el número uno por Valladolid tras aparecer como el único candidato en la elección interna de IU) sigue chocando con las reticencias de la formación morada. «Existen dificultades para llegar a un modelo común», asume Sarrión.

La izquierda duda. Ciudadanos aguarda. PSOE y PP intensifican su pugna dialéctica. Mientras, Vox espera que su marca nacional agite el paisaje de Castilla y León como sucedió en Andalucía. Los mantras se amplificarán conforme se acerque la fecha clave de los comicios locales, autonómicos y europeos del 26 de mayo... La convocatoria de las generales para el 28 de abril añade más leña política a un año de infarto.