La localidad soriana de Langa de Duero suma trece personas al censo gracias a las granjas de cerdos

Los niños del colegio de Langa de Duero, durante el recreo./S. GUTIÉRREZ
Los niños del colegio de Langa de Duero, durante el recreo. / S. GUTIÉRREZ

La tendencia demográfica del municipio es positiva gracias a los puestos de trabajo que genera esta actividad ganadera

Susana Gutiérrez
SUSANA GUTIÉRREZLanga de Duero

En la Ribera del Duero soriana, en el límite con la provincia de Burgos, Langa de Duero ha conseguido un hito importante, saber plantar cara a la despoblación y caída en picado de habitantes que sufre el mundo rural de forma generalizada. Tras un descenso continuado de vecinos que llevó a este pueblo soriano –entre 2008 y 2016, a perder 126 habitantes en apenas ocho años–, el censo de 2017 arrojó datos positivos con un incremento de población de 13 personas. Según la última actualización de datos del Instituto Nacional de Estadística, la localidad cuenta con 746 habitantes. En el municipio achacan esta tendencia demográfica positiva a los puestos de trabajo que generan las granjas de porcino que están ubicadas en el término municipal. Lejos de las polémicas surgidas en otros lugares, en Langa sus lugareños están satisfechos con la repercusión económica que supone esta actividad ganadera al considerar que, además de fijar población, genera la supervivencia de otros negocios vinculados al sector servicios y a la hostelería.

En algunos momentos del día, el olor que desprenden los purines se hace patente en el pueblo, esa es la parte desagradable de su presencia, pero han aprendido a convivir con ella.

Las arcas municipales también se ven beneficiadas con las actividades empresariales vinculadas al sector del porcino, a través de los impuestos de actividades económicas y otras tasas catastrales. El Ayuntamiento, además, en los últimos años ha contribuido en la causa con la bonificación en el impuesto de construcciones o, por ejemplo, la última granja construida se levantó en un terreno municipal que compró el ganadero al Consistorio. «De momento no tenemos nada en contra, si se utiliza bien es bueno para todos, genera puestos de trabajo», destaca el alcalde de Langa, Constantino de Pablo. El regidor explica que el Ayuntamiento envía una carta para que los agricultores tengan en cuenta el tiempo y los vientos a la hora de verter el purín y también se les pide que respeten el fin de semana o las fiestas del municipio.

Casi cuarenta alumnos

El presente y futuro de Langa de Duero se palpa en el Colegio Rural Agrupado La Ribera. En el centro estudian un total de 37 alumnos de Infantil y Primaria, con edades comprendidas entre los tres y los doce años. Los alumnos más mayores acuden al instituto de Educación Secundaria de San Esteban de Gormaz. «La verdad es que, si nos ponemos a pensar, más de la mitad de los padres o madres de los escolares trabajan en las granjas que hay en el pueblo», explica la directora del centro, Iratxe Baizán. En este sentido, la maestra cree que la actividad económica permite que personas jóvenes puedan quedarse en los pueblos y también que sigan funcionando los colegios rurales.

«El porcino crea puestos de trabajo y esto también genera consumo y actividad económica. En general, el pueblo está contento con las granjas», explica María, una de las vecinas, a la salida del despacho de pan. A veces surge alguna preocupación, según detalla un jubilado mientras lee el periódico en el bar, al ver en la prensa informaciones sobre la contaminación que genera este tipo de explotaciones, «pero confiamos en el buen hacer de las granjas, son gente del pueblo», indica.

En el municipio, más allá de la ganadería de porcino, hay una vida activa en el sector servicios: Tres bares, dos oficinas bancarias, hotel, supermercado, farmacia, estanco, despacho de pan, carnicería y dos almacenes de materiales de construcción.

Ribera de Langa es el único hotel del municipio. Su propietario César Berlanga, también regenta el bar El Carrascal, ambos establecimientos situados en la arteria principal del municipio soriano. El hotel cuenta con doce habitaciones y el bar tiene una zona amplia de comidas y terraza de verano. A Berlanga le parece «bien la presencia de granjas, me ha influido mucho, en positivo». Al respecto, incide en que en una zona rural con pocos puestos de trabajo «es muy importante que existan estas granjas, sino esto se muere».

Javier Romero, en su bar de Venta de Corpes.
Javier Romero, en su bar de Venta de Corpes. / S. G.

En el sector hostelero, el impacto no se nota solo en Langa sino también en el vecino municipio de Castillejo de Robledo, de 140 habitantes, situado a seis kilómetros. Una de las granjas se ubica en mitad de la carretera que une a las dos localidades y repercute en el negocio de Venta de Corpes, una casa rural con bar y restaurante. «Hay que convivir, es una tierra que siempre ha vivido de la agricultura y la ganadería, lo que pasa es que ahora las tendencias han cambiado. No pasa nada, que la gente no se alarme. ¿Por qué no se alarman y se molestan los políticos por la sanidad, o por la falta de una buena cobertura telefónica, o banda ancha, con lo que nos afecta eso negativamente?», opina su propietario, Javier Romero. Asimismo, recalca que el establecimiento cuenta con muchos clientes que acuden a temas profesionales a las granjas y que ello contribuye a que se puedan mantener los cuatro puestos de trabajo.

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