El Spotify de los futuros melómanos

El Spotify de los futuros melómanos
OSCYL

Hay estudios que demuestran que los patrones de respiración de los bebes cambian dependiendo de si están escuchando a Mozart o a Stravinsky

Sonia Quintana
SONIA QUINTANA

Si escuchar a Mozart te hace más listo (o no) es cuestión de... estudios. Los investigadores Rauscher y Shaw, de la Universidad de Wisconsin (EEUU), se hicieron mundialmente famosos tras publicar, en 1993, un estudio en la revista 'Nature' en el que aseguraban que los estudiantes que escuchaban música de Mozart (concretamente 'Sonata para dos pianos en re mayor') antes de un examen obtenían mejores resultados. Desde entonces, en varios estados norteamericanos, la Academia Nacional Americana de las Artes y Ciencias regala a las madres primerizas un cedé de música clásica. En Florida fueron incluso más allá y una ley obliga a que todos los niños con edades inferiores a cinco años escuchen en sus colegios 30 minutos diarios de música clásica.

«No son las melodías de Mozart lo que funcionan sino el estímulo, ya sea Bach o Pearl Jam», aseguró en 2010 el investigador Jakob Pietschnig, responsable de una investigación del Instituto de Investigación Básica Psicológica de la Universidad de Viena que trataba de reproducir el ya conocido como 'efecto Mozart' y que fue publicada en la revista 'Intelligence'. «Da igual lo que escucharan, ya sabemos que una persona es más eficiente con un estímulo», sentenció el investigador austríaco.

Está claro que no existe evidencia científica de que al escuchar algún tipo de música se incremente la inteligencia pero hay otros estudios, por ejemplo, que demuestran cómo y muchos expertos se cuestionan si la audición de música podría incrementar a largo plazo el coeficiente intelectual de un niño. Sea como fuere los beneficios de escuchar música desde edades tempranas son irrebatibles.

El Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid programa, una vez al mes, de octubre a mayo, 'Talleres de Música para la primera infancia'. El guitarrista Rodrigo Jarabo, de la Asociación Musical Yamparampán, es uno de los responsables de este proyecto, auspiciado por el área sociocultural de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Formado por el músico y pedagogo portugués Paulo Lameiro, pionero en la producción de conciertos para bebés, Jarabo asegura que la música en los primeros años (trabajan con niños de 0 a 5) «es muy beneficiosa no solo para el desarrollo de la inteligencia musical, sino para todo el desarrollo cerebral y emocional».

«Creamos experiencias estimulantes para esas edades en las que el oído está más desarrollado», explica Jarabo, quien imparte estos talleres junto a su socia, la flautista británica Katrina Penman. «Los niños que escuchan música clásica desde bebés son más tranquilos que los que no lo hacen. En nuestros talleres a veces los niños están dormidos o jugando a otra cosa, pero están escuchando la música, y están recibiendo ese estímulo», explica este especialista en instrumentos del Renacimiento, Barroco y Edad Media.

Y es que los seis primeros años del niño son fundamentales para la formación del oído y el desarrollo del habla. Balbucear canciones proporciona una interconexión más intensa de las células cerebrales, aseguran los expertos, quienes señalan que el cerebro reconoce la música como una 'segunda lengua materna'. El aprendizaje musical estimula además partes del cerebro que se relacionan con las matemáticas, la lectura y el desarrollo emocional, además de mejorar la memoria. Tocar un instrumento ayuda también a que la disciplina se fortalezca como valor. «No tenemos un histórico de los niños que pasan por los talleres pero vemos año tras año su evolución y se nota», concluye el guitarrista Rodrigo Jarabo.