Las 'chuches' que triunfan en los kioskos de Valladolid

Marga Varela y Javier Rodríguez posan con el género de moda y con las golosinas que nunca mueren. / Rodrigo Jiménez

Los pintalenguas azules, los superzing y la peonza «remasterizada» toman el top de las golosinas favoritas de los niños vallisoletanos

J. Asua
J. ASUA

«El azul es tendencia». Al menos en las golosinas. Lo confirman, sin dudas, Marga Varela y Javier Rodríguez, 31 y 33 años, respectivamente, pareja y responsables del kiosko La Cibeles, el 'meet point' o punto de encuentro, nos traducen, de toda la chavalería de la parte alta de Parquesol, el barrio con más hormonas preadolescentes por metro cuadrado, hijos de padres ya cincuentones. En su casi siempre abarrotado local de la calle Hernando de Acuña, 36, un clásico abierto en 1994 y que ambos regentan con éxito desde 2016, a base de diez horas y media diarias de trabajo, las 'chuches' más 'fashion' nunca faltan. Porque en este dulce negocio «la novedad es importante, hay que estar a la última», recalcan. Amables y pacientes con El Norte, pero sobre todo con la clientela, donde la caja se hace céntimo a céntimo y las dudas ante tanta variedad de colores y sabores son abundantes, la calma para llenar las bolsitas es fundamental. De santo Job.

Vayamos al lío y retomemos el comienzo de esta pieza grabada en 'La Cibe', un local convertido ya en una especie de club social con más de mil seguidores en su cuenta de Instagram y wi-fi gratis: fundamental para las nuevas generaciones, tíos, que no os enteráis. Lo dicho. ­El azul es tendencia. ¿La razón? Al personal le debe gustar que su lengua adquiera este tono. Nadie, ni esta pareja, que sabe de esto bastante, lo entiende muy bien, pero es así. Ahí va el listado que lo que pega con fuerza. Dipper XL, de la casa Vidal, una especie de palote de antaño (caramelo blando), pero ahora aplastado, que provoca que la boca adquiera ese tono cuando se rechupetea. Cuesta diez céntimos y «lo ha reventado» este año, hasta el punto de acabarse el 'stock'. La marca ha añadido para esta temporada estival la variedad sandía, más acorde con los colores y sabores veraniegos. También lo hay de manzana.

Le sigue el flash de Fiesta de piruleta azul, 20 céntimos para conseguir el mismo resultado, pero en formato hielo. En el banco situado fuera del local, donde peques y adolescentes disfrutan de charla y aperitivo, es habitual ver a chicos y chicas dándole a este dulce. Ojo, porque también en esta moda pintalenguas funciona el 'Brain Hicker bolls', o rollon de caramelo, con el formato de un desodorante, que también tiñe. Su precio: 1 euro.

Javier, con dos conos de cumpleaños de 1,20 metros.
Javier, con dos conos de cumpleaños de 1,20 metros. / J. R.

Lo que triunfa entre los más chiquitos son los 'superzings', unos muñequitos diferentes, que incluso cuentan con su propio canal de youtube. Figuritas de plástico blando con variados y extraños personajes. «Han provocado una locura». En agosto sale la cuarta parte de la serie y ya hay quien hace reservas. Se presentan en bolsitas. Uno suelto, 70 céntimos; con casita incluida, 1,70 y si ya lleva vehículo, la cosa sube hasta los 2,50. Hay 'packs' especiales de hasta 35 euros. Para muchos padres, cuyos hijos se han hecho coleccionistas, se han convertido en un tormento.

Vayamos ahora con lo 'vintage'. La peonza ha vuelto en esta primavera de 2019. Con fuerza. «Es un inmortal, remasterizado», lo define Marga. En 2018, el 'spinner', aquella especie de trébol metálico cuyas hojas daban vueltas sobre un eje y permitía hacer equilibrios mientras giraba, le comió el terreno, pero, finalmente, ha perdido la batalla. Para los padres que en su fondo de armario juvenil aún conserven su juguete de madera que se olviden pasarlo en herencia. Esas ya no molan. Ahora tenemos la peonza pepino, «lo más plus» con punta que gira y una versatilidad increíble (25 euros) o la turbo-cobra, 12 euros para fliparlo de suelo a mano y de mano a cordel sin descanso. Las hay de entre dos y ocho euros, la mejor opción para entrenar e ir, después, a por un modelo 'profesional'.

No puede faltar en este listado otro producto que ha venido para quedarse. El 'slime', una pasta similar a aquel 'blandiblú' de los 80, aunque menos pegajosa, que permite crear figuras. Si tiene hijos pequeños, la conoce (puede que hasta la aborrezca) y ahora, cada semana, viene en diferentes formatos. El de la pasada fue un corazón con tonos rosas y unas bolitas de plástico para decorarlo. ¿El precio? Entre 2,50 y los 5 euros. En las pipas, ahora ha entrado el sabor hamburguesa. Como lo leen. En concreto de Whopper. Increíble, pero cierto. «Sacaron unas con sabor de redbull, la bebida energética, pero fueron un desastre», revela Javi, sin poder disimular tampoco su asombro por la descabellada combinación. Chuta con tirón entre la chavalería esa pipa de hamburguesa, aunque las sabor tijuana siguen ganando en comensales. Tampoco funcionan mal las bolsitas de mini matchball: «sabrosas bolitas de queso con una sensación única», se lee en el envase. Pegan también los chips premium, en concreto unas patatas fritas con queso y cebolla caramelizada. «Abres la bolsa y parece que el rulo de cabra está dentro de lo que huelen», comentan.

Marga y Javi tienen claro que lo nuevo tiene fecha de caducidad y que algo vendrá que desplazará a lo más 'fashion' hoy. Sin embargo, hay clásicos que nunca mueren como el regaliz rojo, «el producto con mayor rotación en un kiosko», el chupa-chups de Kojak, aunque los clientes más jóvenes ya no conozcan su origen en el calvo detective Telly Sabalas, o los pepes (maíces) de Churruca. No pueden faltar los jamones (en otros lares llamados nubes), ni la piruleta de corazón de Fiesta, ni las bolsas de Jumpers (estrellas con sabor a queso), ni los gusanitos, ni el Kinder, aunque ahora esta casa haya decidido diferenciarlo: huevos para chicas (con un ribete rosa) y huevos para chicos (sin esa distinción), una decisión que Marga, activista convencida por la igualdad, no comparte, porque todas las sopresas que alberga siempre han sido unisex. Como olvidanos del encurtido en tres formatos básicos: la cebolleta, el pepinillo y el revuelto.

Por, su experiencia ¿cuál es el gasto medio en un kiosko? «Si el niño es más pequeño y viene solo, un euro; si le acompañan los padres, entre dos y tres; pero si se llevan a los abuelos allí ya no hay filtro», bromean. Entre sus clientes, también hay adultos muy aficionados al mundo de las chucherías. «Suelen venir el fin de semana y cargan hasta el próximo, se puedan gastar 20 euros fácil», explican.

En cuanto al sector adolescente, las bebidas energéticas son la estrella. Reconoce Javier Rodríguez que se consumo podría generar problemas a la largo plazo al contener taurina e inositol. El Monster, el Eneryeti y el Redbull son ya los refrescos de esa generación y los médicos ya están alertando por su alta capacidad adictiva. ¿Pasarán de moda? Podría ser. Algo nuevo saldrá, porque en este mundo del kiosko la innovación es constante, según revela esta pareja.