Perdidos en el bosque

Los holandeses consideran un deber forjar el carácter de los niños. Por eso acostumbran a dejarles a su suerte en un lugar desconocido. Aseguran que da resultado

Un grupo de pequeños excursionistas se interna en la espesura para pasar la noche al raso. /
Un grupo de pequeños excursionistas se interna en la espesura para pasar la noche al raso.
IRMA CUESTA

Holanda, el país de los tulipanes, las bicicletas y los 'coffee-shops', es también –al menos eso asegura año tras año Unicef– un lugar sembrado de niños felices. Las razones por las que los súbditos más pequeños del rey Guillermo son tan afortunados son muy diversas, pero, según los expertos de la organización de Naciones Unidas, no sobreproteger a los chavales tiene mucho que ver con tanta dicha. En ese sentido, de un tiempo a esta parte se ha convertido en tradición una práctica cuyo nombre en neerlandés podría traducirse como 'dejada'. Consiste en abandonarlos a su suerte en el bosque de noche para que resuelvan la papeleta como puedan, y que contribuirá a que crezcan con autonomía, independencia y seguridad. Por más que, de solo escucharlo, a algunos padres se les pongan los pelos de punta, parece que funciona.

Como en muchos otros países del planeta, cada verano buena parte de los niños holandeses pasan parte de sus vacaciones en un campamento. El asunto no tendría nada de particular si no fuera porque, mientras les enseñan a convertirse en adultos 'eco-friendly', a levantar una tienda de campaña y a calentarse alrededor de un fuego, ponen a prueba su resistencia, valentía e ingenio en una situación límite al más puro estilo 'El último superviviente'.

La cosa funciona de la siguiente manera: una noche, los monitores suben en un coche a un grupo de preadolescentes, les vendan los ojos y los llevan hasta un lugar alejado del campamento base. Allí, los bajan del vehículo y los adentran en el bosque dejándoles abandonados a su suerte con un GPS rudimentario como única herramienta. En algunas variaciones del reto, los monitores siguen a los niños, pero no para echarles una mano si la cosa se complica. El objetivo, en realidad, es ponérselo más difícil: sin ningún tipo de mala conciencia, se esconden en la maleza y hacen ruidos, imitando a un jabalí, para animar la aventura.

Las 'dejadas' invitan a los chavales a tomar decisiones y enfrentarse solos a los problemas

Los organizadores de este tipo de pruebas consideran que, si dejar a tu hijo de 12 o 13 años perdido en el bosque en mitad de la noche te parece una locura, es simplemente porque no eres holandés. En su país están más que acostumbrados a enseñar a los niños a no depender demasiado de los adultos y los padres son muy conscientes de que deben permitir que sus hijos resuelvan sus propios problemas. Las 'dejadas', afirman, llevan estos principios al extremo bajo la premisa de que, a pesar del cansancio, el hambre y la desorientación, resulta emocionante enfrentarse al reto y lograr, aunque sea siete horas después y extenuados, encontrar el campamento base. De hecho, muchos adultos recuerdan sus propias 'dejadas' con cariño.

Koen Greven, corresponsal en España del periódico 'NRC Handelsblad', es de los que opinan que ese tipo de prácticas ayudan a forjar el carácter independiente de los jóvenes holandeses. Un país en el que, asegura, los niños jamás padecen sobreprotección. «Imagino que es una cuestión de cultura, pero es evidente que en España, por ejemplo, no ocurre lo mismo. Mi hija, que tiene 16 años, ha pasado parte de sus vacaciones de verano enGeorgia con una amiga del colegio que es de allí. Para nosotros es algo normal. Como lo es que con 18 años puedan abrir una cuenta en el banco y gestionar sus finanzas», afirma este periodista neerlandés a quien, cuando llegó a Madrid, hace ya cinco años, le sorprendió que cualquier salida de su hija con el colegio estuviera acompañada de un sinfín de información, formalidades y medidas de seguridad. «La verdad es que a nosotros nos parece excesivo, pero está claro que es un asunto cultural. Los holandeses educamos a nuestros hijos para que puedan independizarse a los 18 años. Se corren riesgos, por supuesto, pero es imposible protegerlos de todo. Se trata de darles armas para que puedan valerse por sí mismos y no dependan de otros».

Sobreprotección en España

Hace tiempo que en España los expertos consideran que estamos criando niños sobreprotegidos. Eva Millet, autora de 'Hiperpaternidad' (Ed. Plataforma), lleva años dando la voz de alarma convencida de que la ecuación 'padres que llevan la mochila al niño hasta la puerta del colegio + padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse + padres que les hacen los deberes a los niños que previamente han consultado en los grupos de WhatsApp', es igual a niños blanditos y poco resolutivos. «En los países con más igualdad social, como es el caso de Holanda, son menos protectores. Es en buena medida el resultado de vivir en un lugar igualitario, abierto, con una sociedad cohesionada en la que los padres no son los únicos responsables de los niños», afirma Millet.

Esta periodista catalana es consciente de que en otros países, incluido España, dejar a los niños solos en el bosque una noche llevaría a buena parte de los padres al borde del infarto. «Aquí los niños han pasado de ser casi inexistentes a crecer convencidos de que son los reyes del mundo y que el planeta es un lugar sembrado de peligros. Un serio problema porque, tarde o temprano, deberán enfrentarse al reto de sentirse solos en medio del bosque».

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