Pedagogía en el corazón del botellón

Una joven realiza una prueba del alcoholemia. /ACLAD
Una joven realiza una prueba del alcoholemia. / ACLAD

Aclad cumple diez años advirtiendo de cerca a los adolescentes y jóvenes de los riesgos reales del consumo del alcohol y el cannabis

J. Asua
J. ASUAVALLADOLID

Esto no va de peroratas. No es su cometido. Lo suyo es informar. De los riesgos. De cómo reducirlos. Desde la igualdad que les otorga la edad. Cuando te hablan tus 'quintos', el mensaje como que cala más. Los que se acercan a esos corros del alcohol son también jóvenes, con edades entre los 18 y 25 años. Han sido formados para ello y saben bregar con soltura en unas reuniones a las, en principio, no ha sido invitados. Interrumpen, siempre con respeto y educación, esas juergas en torno al licor, la cerveza, el vino, los refrescos y los vasos de plástico con un objetivo: dar a conocer los peligros de una práctica muy perniciosa. Es pedagogía en el corazón del botellón.

La organización Aclad, galardonada recientemente con el Premio Castilla y León a los Valores Humanos y Sociales, trabaja desde hace una década en el programa Épsylon. El uso del alcohol y el cannabis se ha convertido, tristemente, en un referente obligado en la cultura juvenil, un componente esencial de su ocio y hay que cambiar tendencias. Poco a poco. Desde cerca y entre iguales.

Los monitores de esta entidad trabajan en fechas punta. Carnavales, ferias de la ciudad, la noche de San Juan..., aunque también se acercan a las peñas y lugares de ocio nocturno. Las citas del desparrame. Preocupa, y mucho, el denominado 'binge drinking', esos atracones sin medida, que consisten en ingerir gran cantidad de copas en un breve periodo de tiempo (entre cuatro y seis en menos de una hora). De ahí, se puede ir al coma etílico de inmediato. Y con menos edad, con más rapidez.­

Una de la carpas de Aclad en el parque de Las Moreras.
Una de la carpas de Aclad en el parque de Las Moreras. / ACLAD

Explica Elena Enjuto, coordinadora de este plan, que la acogida es buena. «Es un acercamiento no invasivo». Empatía ante todo. Y da resultado. A veces puede generar cierto rechazo, pero es lo menos habitual y siempre alguno de los chavales tercia si uno de los amigos, más patoso por su estado ebrio, intenta echar con cajas destempladas a estos mediadores.

Tanto en las carpas que se montan en los grandes eventos, como en las charlas con los grupos que están bebiendo se utilizan recursos atractivos para dar a conocer que pasarse no ofrece ningún buen resultado. Todo lo contrario. Unas gafas de simulación para que los chavales perciban los efectos que producen estas sustancias en la percepción de la realidad o pruebas de alcoholemia a los jóvenes del grupo que vayan a coger el coche o la moto -ojo, peligro, te juegas tu vida y las de tus amigos- son algunos de los ganchos.

También se utilizan trucos de magia para transmitir mensajes preventivos y se propone un juego interactivo para desmontar, pese a ser complicado, sus creencias erróneas sobre estas sustancias de una manera personal y cercana. «Hay que tener en cuenta que es un entorno de ocio y que entras en su espacio, es importante trasladar bien la información, para que no resulte la típica charla; que se den cuenta que se trata de cuidar de su salud y de qué manera puede ser menos perjudicial el consumo», explican.

El trabajo, que se desarrolla con financiación pública en las provincias de Valladolid, Palencia y Burgos, incluye muchos consejos prácticos. Útiles. Si vas a beber, intercala con agua; come algo antes o durante la ingesta, te afectará menos; si comienzan las convulsiones o los mareos, avisa al 112. Y si tú estas con el afectado o afectada, aflójale la ropa, pero mantenle abrigado. Nunca lo dejes solo y colócale en posición lateral para evitar que se ahogue en caso de vómito.

La información también ofrece datos sobre las consecuencias legales del consumo y sobre las que se producirán con el paso del tiempo: problemas de memoria y aprendizaje, psicosis y esquizofrenia, trastornos emocionales... Sí, eso y más.

Alicia Casas y Elena Enjuto, responsable de prensa y educadora social en Aclad, respectivamente.
Alicia Casas y Elena Enjuto, responsable de prensa y educadora social en Aclad, respectivamente. / J. A.

«Es importante que sean conscientes de que el ocio no tiene que estar asociado al alcohol o al consumo del cannabis, de hecho hay programas municipales alternativos, como el Vallatarde y el Vallanoche, en Valladolid, que ofrecen alternativas saludables», apunta Enjuto, educadora social de Aclad. Añade Alicia Casas, responsable de prensa de la entidad, que la participación de los jóvenes en Épsylon tiene recompensa: unas entradas para el cine, la invitación a una pizza... Son incentivos por escuchar, porque el mensaje vaya cuajando. Ahí están los datos. De los 305 cuestionarios realizados en Valladolid el año pasado, el 55% de los jóvenes encuestados reconocieron plantearse la reducción del consumo de alcohol al percibir sus riesgos, mientras que el 25% se cuestionaron seriamente rebajar el de porros.

El trabajo, reconoce Enjuto, es de largo recorrido, al tiempo que apunta la necesidad de reforzarlo en los currículos de los centros educativos y en la familia. Y es que la cultura del alcohol, especialmente, está tan arraigada en toda celebraciónm que su desmontaje cuesta mucho. Aclad no ceja en el empeño y a través de sus redes sociales desglosa esa información para que se accesible a los destinatarios. No lo dice papá, ni mamá. Te lo están diciendo expertos que conocen las graves consecuencias del abuso de estas sustancias y que tratan a cientos de jóvenes que un día quedaron atrapados en ellas. Si se acercan los chicos de Aclad a tu reunión, escúchalos. Te vendrá bien.