Extraescolares, sí, pero sin sobrecargar a los niños

Extraescolares, sí, pero sin sobrecargar a los niños

Los expertos recomiendan que la elección de actividades fuera del horario lectivo motiven al menor y no sean una prolongación de la escuela

J. Asua
J. ASUA

Deporte, baile, inglés, teatro, música, pintura... Objetivo: reforzar los conocimientos del pequeño, favorecer su socialización o mejorar su desarrollo físico o emocional, además, por supuesto y en muchos casos, suplir las carencias de conciliación que sufren familias por motivos laborales. El próximo mes de septiembre en muchos hogares volverá a plantearse la elección de actividades extraescolares para los hijos. Desde la Asociación Profesional de Orientación Educativa de Castilla y León, su presidenta, María de las Olas Rodríguez, destaca el valor de este complemento a la actividad lectiva.

«Las actividades más recomendables son aquellas en las que el menor aprende, se divierte y se socializa; desde el punto de vista científico, según la teoría de los Nueve Tipos de Inteligencia de Gadner, cada persona va a tener más talento para tres de ellas, así que hay que exponer a los niños y niñas a las diferentes formas de inteligencia para ir quedándonos con las que el pequeño esté más cómodo o en las que necesite algo más de ayuda», explica.

Nueve consejos para la elección

El objetivo.
Tener presente la finalidad de la actividad, qué pretendemos con su realización: diversión, aprendizaje, socialización, formación extra etc… para decidir cuál elegir.
Los intereses.
Observar y conocer a nuestros hijos, qué le gusta hacer, qué se les da bien, en qué actividades va a estar más cómodos.
Los beneficios.
Exponer a los niños a actividades cuyos beneficios están ampliamente reconocidos: la música, el deporte, el juego o las actividades artísticas.
Compromiso.
Si la actividad que se pretende busca la formación académica, dialogar con los hijos, sobre el motivo de su realización y buscar su aceptación y compromiso, tanto si se trata de actividades de refuerzo como de ampliación.
Motivación.
Si el niño o la niña no quiere seguir con la actividad o quiere cambiarla por otra hay que buscar información del motivo de esta decisión, ayudarle a superar el bache y el curso que viene reformular la toma de decisiones.
Cómodos.
Tener en cuenta dónde se imparten y quién las imparte, y con quiénes se va a relacionar, es importante que los niños estén cómodos, que les guste asistir.
Sin estrés añadido
Es conveniente que el lugar donde se realicen esté cerca de casa o, al menos, que no suponga un estrés de idas y venidas.
No son obligatorias.
Considerar que en la escuela ya se da una formación y socialización básicas, que puede ser suficiente, no siendo necesaria formación a mayores.
Sin comparaciones.
Nunca elegir por comparación con las actividades extraescolares que realizan otros, sino pensando en nuestro propio hijo o hija y en las posibilidades familiares para evitar frustraciones posteriores.

La decisión debe ser, en principio, pactada y consensuada entre los padres y los hijos, aunque los primeros deben saber para qué y el por qué han de realizar estas actividades, siempre teniendo en cuenta los gustos e intereses del menor.

«Las actividades extraescolares pueden complementar otros aprendizajes en los que no se afianza en la escuela, como la música, el arte o el deporte, o algún refuerzo en actividades que les cuestan más, desde otro enfoque más lúdico», comenta. Es importante que esta programación les reporte aprendizajes y vivencias básicas «como hacer otros amigos distintos a los de la escuela, aprender a resolver conflictos o el valor del esfuerzo, mediante el deporte por ejemplo; música y actividades artísticas en las que el sistema educativo es deficitario etc.. y sobre todo le tienen que aportar experiencias placenteras, que no sean una prolongación de las jornadas escolares o un deseo de los padres de lo que a ellos les hubiera gustado ser y no fueron», argumenta.

«Es importante que el niño tenga tiempo libre para pasarlo con los padres, amigos, jugando con otros niños o con sus hermanos e incluso aburriéndose, que también es educativo»

«Es importante que el niño tenga tiempo libre para pasarlo con los padres, amigos, jugando con otros niños o con sus hermanos e incluso aburriéndose, que también es educativo» maría de las olas rodríguez

La experta considera que dos o tres tardes a la semana de actividad -entrenamientos, formación en idiomas o cualquier otra disciplina- son suficientes. «Hay que dejar tiempo para otras actividades con ellos no estructuradas e igualmente formativas y educativas», incide. En este punto, los especialistas en orientación educativa subrayan la importancia, si existe la posibilidad y el trabajo no ahoga en tiempo a los progenitores, de que los niños «tengan tiempo libre para pasarlo con los padres, amigos, jugando con otros niños o con sus hermanos e incluso aburriéndose, que también es educativo».

Tienen toda la vida para aprender, acota Rodríguez, aunque en algunas áreas, como la música, los idiomas, el deporte y las formas artísticas es importante iniciarlas desde pequeños.

Cuidado con las comparaciones. «Nunca hay que planificar mirando lo que hacen otros, sino pensando en nuestro propio hijo y en la posibilidades familiares para evitar frustraciones posteriores», agrega.

En el caso de refuerzos, como el inglés o de materias escolares que necesitan de apoyo, también se recomienda que esta formación no sea una prolongación de la jornada escolar , sino que se debe abordar de «manera más lúdica, para no sobrecargar al pequeño, al igual que nos pasaría a los adultos».

¿Y si empieza una actividad y se aburre o la rechaza? «La decisión que se tome, que debe ser consensuada, debería ser asumida hasta el final, aunque hay que observar las causa quisiera dejar de ir, hablarlo con ellos, ayudarles a superar el bache si la decisión fuera caprichosa y tomar la decisión el curso siguiente teniendo en cuenta lo que va sucediendo este», recomienda Rodríguez. Importante también es la actividad se realice relativamente cerca del domicilio o, al menos, que «no suponga un estrés para padres y niños en idas o venidas».