Algunas claves para atajar el acoso escolar

Algunas claves para atajar el acoso escolar

Los expertos recomiendan actuar rápido y en colaboración con el centro para poner freno a las conductas de intimidación y agresiones en colegios e institutos

J. Asua
J. ASUA

«Recurrencia, intención planificada de hacer daño y desequilibrio de poder». El agresor siempre es más fuerte desde el punto de vista físico, psicológico o social. Estos son los tres indicadores que marcan el acoso escolar, una conducta que puede tener graves consecuencias para la víctima como se ha demostrado, incluso, con desenlaces fatales. Los tres criterios los desgrana José María Avilés, uno de los expertos más reconocidos de España en esta materia y autor de numerosos estudios para combatir una lacra que afecta al 9% de los escolares en la versión 'presencial' y hasta al 15% a través de las redes sociales, el conocido como ciberbullying, un agresión que deja a la víctima en peor posición, si cabe, por lo imprevisible de la agresión, y al atacante en algunas ocasiones más protegido por el anonimato. ¿Cómo actuar ante un caso de acoso de escolar? El profesor de Psicología en la Facultad de Educación y Trabajo Social de la Universidad de Valladolid y orientador en el Instituto de Educación Secundaria Parquesol ofrece algunas claves para afrontar este problema.

Hay signos que alertan. Los cambios de conducta en el niño o el adolescente pueden llevar a desvelar un problema de acoso. Que no quiera acudir el colegio, problemas en la alimentación o en el sueño, pérdida de amigos para quedar o salir en los tiempos de ocio... pueden dar claves de lo que está pasando. Avilés fija en la comunicación entre padres e hijos un factor clave para comenzar a resolver el problema. Hablar de cómo van en colegio, de sus amistades, de sus preocupaciones y siempre dando confianza, ya que es una manera para que se explaye, es la fórmula para identificarlo cuanto antes.

En principio, no hay que esperar a que tu hijo te desvele que es una víctima, según recomiendan Avilés y María Inés Monjas en una didáctica guía sobre el tema. Antes hay que haber tratado este asunto como un tema más de familia. Charlar sobre el maltrato entre iguales, cómo sucede y cuál es su dinámica puede ayudar a que el chico o la chica pierdan el miedo a contarlo. Lo importante es que la familia lo sepa lo antes posible y dejarle claro que las decisiones que se tomen para resolverlo siempre las conocerá él antes.

Nada de llamar a la familia del agresor o agresores. «Nunca hay que hacer la guerra por nuestra cuenta», acota Avilés. Hay que dirigirse al centro educativo y e informar de la situación al tutor o al equipo directivo y participar en las acciones que se planifiquen para solventarlo. En todo momento, destaca Avilés, a la víctima de acoso hay que escucharle, apoyarle incondicionalmente, darle confianza y valorar las conductas de afirmación personal.

Si eres madre o padre de un chico o chica que participa en las agresiones, también debes actuar rápido. Apoyo, sí, pero dejando claro que estáis claramente en contra de la intimidación o el maltrato a los compañeros. Esta parte también debe acudir al centro con espíritu constructivo. Según recomienda el experto, hay que ponderar la gravedad del problema, mantener la calma, pero moverse con celeridad. ¿Qué mensajes trasladarle? Que le se le quiere y se le apoya, pero se rechaza una conducta que practiva y que debe cesar. Es importante mandarle el mensaje de que se ponga en el lugar de la víctima, de lo que puede sufrir por ese acoso que pueden tener graves consecuencias para él. Si las intimidaciones se producen en grupo, hay que pedirle que rompa los lazos con los compañeros abusadores y ayudarle a encontrar vías de integración social fuera de esos grupos perniciosos. Es importante dejar claro que su conducta puede tener consecuencias graves para él o para ella en forma de sanciones o problemas a futuro. Aquí también hay que estar abiertos a participar activamente en la intervención que el centro planifique para atajar el problema.

¿Y los alumnos espectadores? Desde las familias hay que dejarles claro que están conviviendo con la injusticia, falta de solidaridad y la crueldad. No hacer nada para evitarlo te hace partícipe en cierta medida. Ponerse en el lugar de la víctima es un buen ejercicio para que el chaval o la chavala sepan lo que sufre. Es fundamental hacerles comprender que pueden ayudar con su información, testimonio, petición de ayuda, apoyo y consuelo de la víctima. No es cuestión de meterse directamente a resolverlo, pero se puede colaborar.

También el intimidador necesita ayuda porque de mantener en el tiempo esas actitudes se puede degenerar hacia conductas antisociales y delictivas. «Se necesita del agresor para resolverlo, cuando este pierde los apoyos del grupo, cuando se le deja de reír las gracias y se rompe el vínculo con el abusón este también reacciona», explica el psicólogo.

Cada caso es un mundo y por eso es importante la participación de todos los actores en la resolución del problema. Que el acoso preocupa y está en la agenda de la Educación está claro hasta el punto que desde 2017 el Ministerio puso en marcha un teléfono de atención gratuito para este tipo de casos: el 900 018 018, que gestiona la Fundación Anar y que asesora a las familias para que puedan salir de estas situaciones.