«Una fuga a lo Chapo Guzmán sería inconcebible en nuestras prisiones»

Antonio Andrés Laso, a las puertas de la Delegación del Gobierno de Castilla y León con la tesis premiada. /
Antonio Andrés Laso, a las puertas de la Delegación del Gobierno de Castilla y León con la tesis premiada.

Antonio Andrés Laso, Premio Victoria Kent 2015

M. J. PASCUAL

Años de experiencia a través de los barrotes y un conocimiento profundo del sistema penitenciario español son los ingredientes que Antonio Andrés Laso ha destilado en su tesis La Ley Orgánica 1/1979 de 26 de septiembre General Penitenciaria: orígenes evolución y futuro, por la que ha sido merecedor del Premio Victoria Kent 2015 que otorga Instituciones Penitenciarias. El jurista y secretario general de la Delegación del Gobierno en Castilla y León está convencido de que, si se aplicaran a la complicada situación política actual los principios de consenso que primaron en la confección de esta primera Ley de la democracia, otro gallo cantaría.

¿Qué película de género carcelario, a su juicio, refleja mejor la situación de las cárceles españolas, 'Torrente-4' o 'Celda 211'?

La de Torrente-4 no la he visto, pero la de Celda 211 tuve la oportunidad de estar en el rodaje con Ricardo Mata, catedrático de Derecho Penal de la UVA, y de conocer a Carlos Bardem y al director, Daniel Monzón. Ahora, la antigua cárcel de Zamora está destrozada, se han llevado todo lo que han podido. Entraron grafiteros y decoraron la celda, pero luego han firmado encima del dibujo... Yo creo que Celda 211es una buena película, que refleja la imagen de la gente que tiene sobre los centros penitenciarios. Pero luego, cuando la gente los conoce te dicen que lo que les sorprende es la normalidad, porque esperaban ver el ambiente de la película. Pero sí, tiene ciertos elementos de realidad.

¿Cuando el Chapo Guzmán, jefe del cartel de Sinaloa, se escapó por un túnel del penal de máxima seguridad de El Altiplano (México), qué le pasó por la cabeza a usted, que ha sido funcionario de prisiones en Martutene (San Sebastián), Soria, Puerto de Santa María (Cádiz) y Topas (Salamanca)? ¿Sería posible organizar una fuga de estas características de una prisión española tipo?

Es verdad que es una noticia más propia de una película que de la realidad. Aquí en España no se ha producido nunca una fuga de estas características por elementos de seguridad y de seriedad del funcionamiento del sistema penitenciario y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Una fuga de este tipo requiere una confabulación dentro y fuera del centro. Las prisiones españolas son muy seguras. Sería inconcebible en la situación actual que se produjera.

La primera ley de la democracia

En su estudio sobre la evolución del sistema penitenciario español a partir de la Ley de 1979 no elude analizar aspectos controvertidos como la eterna masificación, el consumo de drogas, la radicalización religiosa, la situación de los presos extranjeros y la expulsión. E incluso se atreve con la tradición de los indultos de presos en Semana Santa...

La Ley Penitenciaria es la primera ley de la democracia española que se promulga y responde a la necesidad imperiosa de poner en hora la situación penitenciaria heredada del franquismo, en la que los presos comunes se sentían agraviados respecto de los presos políticos. Había un sentimiento de injusticia social. Entonces, Carlos García Valdés y un equipo de penalistas y penitenciaristas elaboraron la Ley Penitenciaria y hubo una grandeza moral, se aprobó por unanimidad una Ley Orgánica que no debería haber sido la primera. Fue antes que el primer Código Penal de la democracia, que luego se aprobó en 1995.

Usted elogia la Ley General Penitenciaria como herramienta fundamental producto de la Transición y ejemplo de consenso. En este momento convulso de la política española, ¿qué enseña esta norma?

Es un claro ejemplo de que los grandes problemas tienen que ser abordados con amplitud de miras, y en ese momento se convirtió en un asunto de Estado: el fin de la pena, la reeducación y la reinserción social, las garantías de los derechos fundamentales de los internos. Se crea el juez de vigilancia penitenciaria que accede en cualquier momento al centro, se mete en las celdas, habla con los presos y las familias...Eso ocurre en España. Tenemos un acervo penitenciario que nos convierte en referencia internacional, además de magníficos profesionales. El gran valor de esta Ley es que permite regular las situaciones que se van produciendo y es tan actual como en 1979.

¿Es partidario usted de que el Gobierno haga lo posible por traer a los presos españoles que cumplen condena por delitos no de sangre en cárceles extranjeras donde los derechos humanos se vulneran sistemáticamente? Hay una treintena de ellos de Castilla y León.

Tiene que existir una preocupación permanente de España, hay que hacer todo lo posible, dentro del marco normativo de los países donde se encuentren, intentar que cumplan las penas aquí o allí, pero con todos los derechos. En esas prisiones, donde pagas por la vida, un cepillo de dientes es un tesoro. Por eso es muy bueno que se implique la sociedad, y no solo el Estado. Asociaciones como +34 realizan una labor fundamental: que les hagan llegar cartas, recopilen periódicos... Para ellos, saber cómo va el Valladolid es la vida, es sentirse vivos.

En paralelo a la crisis ha decrecido la población reclusa, aunque sigue siendo importante el porcentaje de extranjeros. A finales de los noventa, en Topas, la escuela se reconvirtió en mezquita por la presión de los presos que profesaban el Islam, con el consiguente malestar de los presos 'nacionales'. ¿Eso fue un aviso de lo que vendría después?

Cuando se elaboró la Ley Penitenciaria en 1979 no había extranjeros y cuando yo llegué a Topas había 700, más de la mitad de la población del centro, la mayoría de origen magrebí. Tienen hábitos distintos de los presos españoles, que había que oirles a estos cuando el imán, a las seis de la mañana, llamaba a la oración. En 2004 hemos llegado a estar al límite de la capacidad, doblamos celdas... Hubo un aluvión de internos extranjeros y hubo que adecuarse en todos los aspectos: en la enseñanza (porque muchos eran analfabetos), en su idioma para manejarse en lo más básico, los hábitos higiénicos, cuestiones sanitarias...Pasamos del preso toxicómano español con VIH a afrontar la extranjería, y creo que a todos se les ha dado una respuesta bastante aceptable. Desde 2003, las nuevas herramientas legales han permitido rebajar en un porcentaje importante la población extranjera.

Muchos delincuentes extranjeros consideran que nuestras prisiones son hoteles de lujo en comparación con los de sus países de origen. ¿No sería más barato para el Estado que fueran extraditados y cumplieran en las cárceles de sus respectivos países?

Primero, la prisión es durísima, la gente que trabajamos o hemos trabajado dentro sabemos que es dura siempre. Que sean dignas, es algo que compartimos todos, igual que el fin de la reinserción como corresponde a un Estado democrático. Ahora, no comparto eso de que sean hoteles de cinco estrellas. Están bien dotadas para ese fin. Sí estoy de acuerdo en que se habiliten medidas para que los extranjeros que han venido a delinquir aquí cumplan condena en un entorno más próximo al que van a tener que afrontar cuando salgan, y se ha trabajado mucho en ello, tanto en IIPP como en la judicatura. Pero el problema es que hay presos extranjeros que residen aquí y que son padres o madres de españoles.

La prisión es dura, pero para unos más que para otros. Ahí están los presos 'vip', los de la delincuencia económica.

Es verdad que ellos tienen más medios para garantizarse la seguridad dentro y pueden invitar a café a todo el módulo si quieren, pero tienen limitaciones como tdos y, a ellos, el nivel de vida se les reduce muchísimo en comparación con el resto, que fuera tienen muy poco. Pero, al final, ves a Bárcenas y está como uno más en la escuela de la prisión, rezando. Los horarios, las actividades, las normas, son para todos.

Organizaciones que trabajan con presos siguen denunciando casos de tratos vejatorios cuando no torturas. Presos de ETA han denunciado estas prácticas.

El propio sistema impide que haya maltrato. Hay un juez de vigilancia penitenciaria y unas inspecciones periódicas de Instituciones Penitenciarias. Respecto de los presos de ETA, yo veía el trato que recibían y era respetuoso, como no puede ser de otra forma. Nadie, y me refiero a los funcionarios, lo consentiría. Es una cuestión de inteligencia.

En el otro extremo, algo que no termina de entender el contribuyente golpeado por la crisis: que los presos gocen de menús especiales. Se tiene la sensación de que viven mejor dentro que fuera.

Estas dos preguntas demuestran que las prisiones son una realidad multifacética y hay que buscar el punto medio, que pasa por el respeto a los derechos fundamentales. Que a un preso islamista se le facilite un menú sin cerdo es respeto a su religión, esa es la grandeza de los Estados democráticos.

Una joven yihadista, María Ángeles Cala, acaba de entrar en Topas.

Es un caso típico de delincuencia por fanatismo, que está documentado desde hace décadas: cometen barbaridades y son de difícil tratamiento. Cuanto más se intenta actuar con ellos, más se refuerzan sus postulados. Tenemos el ejemplo en el terrorismo autóctono. Para este tipo de delincuencia se ha creado una inteligencia en las prisiones, con permanente vigilancia para incidir en la prevención, siempre desde el respeto de los derechos.

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