Del cencerro al GPS

Del cencerro al GPS

Ataques de lobo, fuegos, desplazamientos inusuales, partos… Los ganaderos ya pueden controlar a sus animales en la distancia

Isabel Martín
ISABEL MARTÍNÁvila

El sonido de los cencerros sigue siendo parte del paisaje sonoro de los campos. Un apunte para los más urbanitas: sirven, especialmente, para identificar dónde está el ganado en la distancia. Se puede decir que el cencerro es el 'buscador' rudimentario, el que inventaron los ancestros para tener controlados a los animales, y que continúa vigente. Aunque, en la actualidad, la cadencia armoniosa de estos aparatos convive con el silencio de otros, que se manejan a través de aplicaciones de teléfonos móviles y que ubican en el mapa y a distancia no solo al animal, sino sus movimientos y temperatura a lo largo del día. En la ganadería extensiva, que se asienta prácticamente en la sierra durante una buena parte del año, los cencerros dejan de ser útiles porque hay kilómetros y kilómetros de distancia. En estos casos, algunos ganaderos ya están optando por un sistema más moderno, digital, de control de la ubicación del animal.

'Autista' fue la primera de las vacas de Jesús Hernández que portó un dispositivo de estas características. Lo lleva desde hace tres años. «Siempre va a su bola», comenta Jesús, que explica que muchas veces la perdían de vista porque se apartaba del resto del rebaño. Ahora, a través de un dispositivo GPS, la tienen controlada. Y también al resto de las vacas que están a su alrededor cuando esta vaquita limusina con un aire despistado se decide a congraciarse con el resto de su 'comunidad'. El siguiente animal que portó este dispositivo fue 'Diva'. «Es una de las líderes» de la cabaña ganadera de Jesús; de esta forma, también controla el movimiento del resto de los animales que están a su alrededor, la temperatura media y las distancias totales que recorren en un día. Este tipo de aparatos se colocan en los animales que suelen guiar al resto de la cabaña ganadera, que marcan el ritmo de las otras.

Jesús Hernández es un joven ganadero de la localidad abulense de Gavilanes, en el Valle del Tiétar. Su padre, Juan, y su abuelo también lo eran. Cada año, en torno al 15 de mayo, traslada a los animales -unos 80- , junto a otros ganaderos de la localidad, al monte, en el entorno del área recreativa de Jarillas. Este lugar se vio, en parte, afectado por las llamas del incendio que el pasado mes de julio arrasó varias hectáreas del monte de este pueblo y de sus vecinos de Pedro Bernardo. Fue un momento preocupante en el que tener, en su caso, tres buscadores GPS en su cabaña fue crucial para actuar a tiempo y localizarlas, ya que salieron despavoridas debido al fuego. Este movimiento se observaba perfectamente en la aplicación de móvil. Tan anómalo fue su comportamiento que desde la empresa que desarrolla la app, Digitanimal, le avisaron.

La familia crece

Ahora los animales pasan el día en un paraje en la parte baja del pueblo. La mayoría están preñadas y el localizador indica también las rutinas de las vacas y sus cambios de temperatura corporal. La familia crece, y el control es exhaustivo durante este periodo. Con un dispositivo de las características del que utiliza Jesús se detecta a aquellos animales que están acostumbrados a alejarse un poco de la cabaña para dar a luz. Su movimiento, por ejemplo. O su falta de movimiento, ya que ambas cosas aportan datos al ganadero y se convierten en indicativos para conocer más profundamente a cada una de las vacas.

Rubén Blanco tiene 130 vacas en Cabañas, a 18 kilómetros de Ávila, y 90 dispositivos. Es uno de los socios fundadores de la startup Digitanimal, que cuenta con 1.600 clientes en toda España y más de 5.500 animales monitorizados. En Castilla y León tienen 299 clientes, la mayor parte en León, donde cuentan con 107, y en Ávila, con 48.

Rubén cuenta que esta idea de negocio surgió en 2017 debido, entre otras cosas, a una experiencia personal con su propio ganado. Como Jesús, también reconoce lo práctico de esta aplicación para detectar celos y partos a través de los distintos sensores, que se analizan para determinar el comportamiento del ganado y notificar las anomalías detectadas. Con esta app, por ejemplo, «conseguimos salvar» a madre y ternero de un parto difícil, comenta.

El lobo

Rubén solo ha tenido un ataque de lobos, pero sí que vio claramente cómo «el animal daba vueltas alrededor del ternero para defenderlo». Este movimiento se detecta también a través del sistema de GPS, y es algo común en este tipo de ataques, como cuenta Juan Hernández, el padre de Jesús: la cabaña tiende a proteger «a los más débiles» haciendo un círculo en torno al toro y a los terneros, que se quedan protegidos en el centro. Rubén Blanco adelanta que están trabajando en un dispositivo «para inhibir los ataques de lobo», aunque todavía se encuentra en fase de proyecto. El lobo no parece hacer demasiada mella en el Valle del Tiétar, aunque «hay otros depredadores» como el zorro, o el jabalí que pueden ser peligrosos, y no está de más observar.