Castilla y León apuesta por cambiar de modelo residencial para dejar de atar a sus mayores

Mayor sujeto con un cinturón a la silla. :: EL NORTE/
Mayor sujeto con un cinturón a la silla. :: EL NORTE

La Junta implanta el cuidado sin sujeciones en cuatro centros para extenderlo a los públicos

Ana Santiago
ANA SANTIAGOValladolid

El empleo, bajo de argumento de una mayor seguridad frente a caídas y protección paternalista del mayor o de la persona con discapacidad, está muy arraigado en el modelo residencial español. Basta con utilizar las sujeciones de una manera correcta, no vejatoria y ajustada a ley para que el principio de no maleficencia se considere cumplido correctamente. Y hasta hace poco apenas se cuestionaba tal necesidad ni si el hecho de atar a personas a la cama o silla, por mucho que evitara que se lesionaran, pudiera interpretarse como un trato vejatorio.

Sin embargo, en algunos países como en Japón, tal método está hasta prohibido y en otros del entorno, no en todos, hace tiempo que tal práctica está limitada al 2% de las personas institucionalizadas. El nuevo modelo sin sujeciones se impone, especialmente en la oferta privada –la CEOMA (confederación de mayores) ya lo acredita como sello de calidad– y Castilla y León no es una excepción. En lo que sí lo es, es en que una Administración pública se posicione claramente, con sus propios centros, para apostar por un modelo de cuidados sin correas. El modelo sin sujeciones contempla además también la reducción de las químicas, la reducción del control a través de los fármacos.

«Hay que conocer a la persona, eliminar peligros en su entorno y personalizar el cuidado»
Ana Urrutia. / EL NORTE

Autora de la Norma Libera-Care y especialista en Gestión y Eliminación de Sujeciones y

Gestión de Cambio en Organizaciones Sanitarias y Sociosanitarias, Ana Urrutia es la presidenta de la Fundación Cuidados Dignos, una de las pioneras e impulsoras del modelo que 'libera' de ataduras químicas y físicas a mayores y personas con discapacidad y problemas de salud mental y coordinadora de dos de los proyectos pilotos de Castilla y León.

«Responder a la dignidad de las personas, a sus deseos y defender su derecho a ser libre». Son los principios del nuevo modelo. La doctora Urrutia reconoce que «eliminar las sujeciones en el ámbito doméstico es muy difícil porque es un tema sobre todo para profesionales, el cuidador suele tener una gran carga y el medio no es residencial, con recursos; pero en los centros es un cambio de cultura, en la organización y en la concepción que, además, no precisa incrementar la dotación de recursos humanos. Conozco más de 200 organizaciones con este sistema y no han necesitado aumentar la ratio de personal».

«En las residencias es un cambio obligado, hay que trasformar la organización y que gire en torno a cada persona. Se trata de conocer a cada residente, conocer las causas de su movilidad por ejemplo de noche, rodearla de un entorno más seguro con camas más bajas e, incluso, un suelo acolchonado por si se levanta. Que el cuidador de referencia esté más pendiente y si tiene que ir con él a las reuniones de trabajo porque resulta que no le gusta estar solo o en un salón viendo la tele con todos, pues que se lo lleve. Es adaptar la organización y atención a lo que le gusta hacer. Hay que analizar bien las razones de que un anciano se mueva mucho, si necesita y cuando ir al baño y promover un entorno, un edificio sin peligros».

Esta geriatra y gerontóloga clínica vasca, también consultora y docente, defiende «que la experiencia demuestra los buenos resultados, no hay más lesiones, es una apuesta que deja atrás la comodidad organizativa para dar prioridad a la dignidad».

Los problemas de atar a las personas aunque sea por su seguridad son importantes. Explica esta especialista que además de los daños negativos físicos de la persona que suele estar atada como «más infecciones de orina, estreñimiento, mayor inmovilidad y rigidez y más dolores articulares, están los efectos psicológicos negativos. Aumenta la apatía, la tristeza y muchos se avergüenzan de que los sujeten. Hay que tener en cuenta que, desde niños, aprendemos a vivir en libertad, sin que nos aten, es instintivo y aunque una persona tenga una demencia este instinto de sentirse y estar sin ataduras permanece».

La doctora Urrutia destaca que «es muy positivo lo que ha hecho Castilla y León, que la propia Junta sea de las primeras en implantar el modelo, es una valiente apuesta que no han hecho otras comunidades».

La Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, y es algo que se enmarca en su modelo residencial para mayores y personas con discapacidad que persigue centrase en la persona y en su plan de vida, trabaja en su implantación con cuatro proyectos piloto. El objetivo es la disminución progresiva del uso de correas y muñequeras para sujetar a las personas en los centros públicos. El horizonte es el de su eliminación, o reducción al mínimo posible, en todas sus residencias

La experiencia piloto arranca así con cuatro centros de la Gerencia de Servicios Sociales, dos de atención a mayores como son Los Royales de Soria y Fuentes Blancas de Burgos y otros dos de personas con discapacidad , el de Nuestra Señora de la Calle de Palencia y El Ángel de la Guarda de Soria. Este pilotaje supondrá «por parte de profesionales expertos en la materia de reconocido prestigio en el ámbito nacional, formación específica y asesoramiento reglado en la metodología de eliminación de sujeciones y su gestión en la práctica diaria».

Así, estos expertos acompañarán a cada centro a lo largo de un año y medio con el objetivo específico de capacitar en la práctica a los profesionales en las tareas de identificación y uso de alternativas seguras e individualizadas de cada sujeción, desde la consideración «de lo que puede ser mejor para cada persona desde su propio concepto de dignidad» y siempre en el contexto de una buena praxis.

Una vez esté finalizado el pilotaje, y realizada la evaluación de sus resultados, el proyecto verá su continuidad con la incorporación progresiva del resto de centros públicos, tanto de atención a personas mayores como con discapacidad, de toda la comunidad. Dos son las entidades que colaboran con la Junta, la Fundación María Wolff en las dos residencias sorianas y la de Cuidados Dignos, en los centros de Palencia y Burgos. En los dos primeros, «la implantación va más avanzada, se ha hecho la formación y van a empezar a estudiar los casos para ir retirando las sujeciones». Incluso en la de Ángel de la Guarda, ya se ha 'liberado' a diez personas y otras seis están en proceso y «la experiencia es muy positiva, el equipo está muy satisfecho y considera que han avanzado mucho. Está muy motivado». En los dos últimos, «solo se ha hecho la jornada de presentación a todo el centro y elegido al equipo líder y, en el mes de octubre, se empiezará la formación al equipo y al personal».

Explica la Consejería de Familia que estos modelos de atención plantean un enfoque «desde el profundo respeto por la dignidad de la persona, sus decisiones, gustos y preferencias. La atención se practica desde el conocimiento personalizado, buscando e identificando los apoyos que precisa cada persona para que pueda desarrollar su propio proyecto de vida».

El enfoque de los cuidados se hace siempre «desde el mayor bienestar posible y autonomía de la persona y se trabaja de forma específica la interacción social y la participación activa e integración de la familia».

El 20% de los ancianos institucionalizados está cuidado con sujeciones

Este sistema parte de la premisa de que conociendo la realidad «de que las personas en situación de fragilidad o dependencia son especialmente sensibles a recibir un tipo de atención que, sobredimensionando aspectos como la protección y la seguridad, se aproximan a la vulneración de la dignidad, estos nuevos modelos de atención se sustentan en un enfoque ético de los cuidados profesionales y establecen una atención basada en apoyos desde la protección de los derechos de las personas».

La Consejería de Familia constata que el uso de sujeciones es una práctica habitual muy enraizada, cuya base responde a razones de seguridad y protección de la persona usuaria o de terceros.

Cada vez hay más estudios, sin embargo, que demuestran que el uso de una sujeción no solo no logra resolver en muchos casos el problema por el que se prescribió, sino que, en no pocas ocasiones, es fuente de importantes complicaciones, al margen de lo que de por sí afecta al derecho de libertad de las personas, y supone de lesión de valores como la dignidad y la autoestima personal.

La implementación de los modelos de planificación y atención centrada en la persona, representan en sí, un marco privilegiado para cuidar sin sujeción. El uso de instrumentos, como el profesional de referencia, la historia de vida o el proyecto de futuro, que orientan los cuidados desde los valores y deseos de la persona, facilitan el cuidado libre de sujeciones.

No obstante, explica la Gerencia de Servicios Sociales «se considera que un abordaje de esta problemática, para que pueda resultar exitoso, requiere un esfuerzo específico e integral, enfocado principalmente a la formación y capacitación de los profesionales en alternativas del cuidado seguro sin usar sujeciones».

Uno de los problemas del cambio de modelo, además del de una cultura asistencial muy arraigada, es el de que ni siquiera está bien cuantificada la práctica de atar con cinturones y muñequeras, sobre todo los primeros, a camas y sillas, fundamentalmente la de ruedas. No hay muchos estudios y ningún registro. Aun así, se apunta a que al menos al 20% de los mayores se los ata en las residencias regioanles y se supera el 30% y el 40% en los casos de demencias y, en particular, con Alzheimer. Las justificaciones son, fundamentalmente la de evitar caídas; controlar cuadros de agitación; el vagabundeo; evitar la manipulación de dispositivos; compensar la carenca de personal; el control del comportamiento y el lograr mantener la posición corporal.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los estudios al respecto, incluido el informe de MaríaWolff publicado en Elsevier y la tesis doctoral de Ana Urrutia, fundadora de la Fundación Cuidados Dignos, entre otros, revelan que no se producen más accidentes por la liberación de los mayores y, si en alguno aumentan las caídas no sus consecuencias y los trabajos recogen, en cambio, la mejoría emocional e, incluso, física de las personas institucionalizadas.