El aumento de cereales en los regadíos y las lluvias provocan una menor demanda de agua

Espigas en un campo de trigo en el entorno de Medina del Campo./Fran Jiménez
Espigas en un campo de trigo en el entorno de Medina del Campo. / Fran Jiménez

Hace un año, la cuenca del Duero no llegaba al 50% de agua almacenada y ahora está al 90%

S. G.

Parece que la cautela ha sido una de las premisas que los agricultores han aplicado este año a la hora de decidir las siembras y, tras un largo periodo de brutal sequía y sin certezas de que hubiera agua suficiente, han optado por cultivos como los cereales que necesitan menos riego, en detrimento de otros como el maíz, la remolacha y la alfalfa, que precisan de más agua. Esta teoría, se convierte en hecho si se pregunta a los presidentes de las comunidades de regantes por las parcelas predominantes esta campaña. Además, desde la propia Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), confirman que en un año en el que la disponibilidad de agua está «garantizada» se van adaptando, como siempre, a las demandas de las zonas en función de los cultivos pero es verdad que «viniendo de un año seco, hemos detectado que se ha sembrado más cereal para lo que suele ser habitual, ya ha pasado un ciclo y no se ha dado una gran demanda de riego y en junio se ha necesitado, relativamente, poco agua». Otro dato claro es que, en junio, ha seguido lloviendo y eso se traduce, igualmente, en una menor demanda del recurso.

Si se toman como referencia los históricos de un embalse como Barrios de Luna, se puede comprobar que está en máximos, «nunca ha estado tan alto como en la actualidad». Lo ilustran a la perfección los 130 hectómetros cúbicos que recogía el pasado año y los 298 actuales, cuando su capacidad es de 308 hectómetros. De manera general, la Cuenca del Duero almacenaba en julio de 2017 un total de 1.405 hectómetros cúbicos y un año después son 2.593, 1.188 hectómetros cúbicos más (el 85% más), o dicho de otro modo, se ha pasado en un año de no alcanzar el 50% de agua embalsada a situarse en el 90%.

Por delante, quedan los meses de julio y agosto en los que las necesidades hídricas son más importantes y se produce una mayor evaporación pero desde la CHD, y a pesar de que resulta «aventurado» ya adelantan que «podemos quedar al término de la campaña de riego con volúmenes más elevados de los que se previeron en la comisión».Que haya una mayor cantidad de agua «es una situación que siempre es el objetivo deseable porque nos deja en mejor situación de respuesta», informan desde la CHD.

Ahorro de agua

Es lógico que con estos datos, la campaña de riego se aborde «con otra tranquilidad, lo que no significa que se baja la guardia ». Ese ahorro de agua o que los embalses queden con más volúmenes suponen «empezar el año que viene en mejores condiciones». Ni la Confederación ni los propios regantes olvidan que sistemas como el Pisuerga-Bajo Duero, « no se han recuperado hasta mayo» y tampoco ha sido capaz de llegar a la cota de otros sistemas. En concreto, Carrión y Pisuerga se sitúan al 84,9% de su capacidad en estos momentos pero es que en julio del pasado año, embalsaban el 30,8% de agua.

Cómo se está viviendo esta campaña en las diferentes comunidades de regantes es otra cuestión y se utilizan palabras como «insólito» o «a medio gas» para que el que escucha se haga una idea.

El presidente de la comunidad de regantes de Tordesillas, Miguel Ángel Peláez, es el que utiliza la expresión «a medio gas» para exponer que, al menos en su zona, «se han sembrado menos de la mitad de cultivos de primavera que cualquier año así que tenemos las estaciones a medio gas». La dotación asignada para este Pisuerga-Bajo Duero es de 6.000 hectómetros cúbicos por hectárea y «me van a sobrar 3.000 o 4.000» y aclara: «Los cereales se han regado poco porque la primavera ha acompañado así que con el cereal se puede decir que casi hemos acabado porque hay tres maíces, dos girasoles y cuatro patatas».

Dice, irónicamente, que «tenemos un verano muy tranquilo» en lo que a trabajo se refiere al menos, «pero ya veremos la tranquilidad a la hora de pagar en noviembre, ¿vamos a poder pagar la modernización con lo que recojamos del cereal? Pues yo creo que no porque se tienen muchos gastos».Y aquí empieza otro tema. «Tenemos mucha morosidad del año pasado pues fue una campaña en la que se cogió poco porque se cortó el agua pronto». Sugiere que «todos los días se escucha a la consejera decir que se apuesta por la modernización y me parece muy bien porque se ahorra mucho agua, pero eso hay que pagarlo y se requieren cultivos que necesitan agua para poder hacerlo: remolacha, maíz y alfalfa, que son los cultivos tradicionales de esta zona».

El presidente del canal Toro-Zamora expone que la actual campaña de riego «afortunadamente va bien, incluso, debido a que la previsión de siembra se hizo con escasez de agua, vamos a salvar muy bien».

Ya en el detalle, aprecia que las dotaciones de agua asignadas a su comunidad «no se van a gastar ni con mucho» pero insiste en el hecho de que «se tiene que resguardar todo lo posible en el pantano, si no es necesaria, que se resguarde para el futuro». Efectúa un recorrido por los meses pasados en los que se partía con una muy mala previsión porque la sequía persistía y por lo tanto, «se sembró mucho cereal y en enero se siguió con el cereal».

Este canal de Toro-Zamora que comienza en la provincia de Valladolid, recorre 47 kilómetros de 11 términos municipales y cada año a sus representantes les corresponde una lucha. «El año pasado luchábamos por las dotaciones, para que se ajusten a las necesidades de cada comunidad pero había que luchar para tener una forma de recoger agua cuando la hay. El Duero es un río muy incontrolable y la presa de Castrovido nos va a beneficiar pero en vez de 42 hectómetros cúbicos, podría haber sido de 82, eso en años de escasez al Pisuerga-Bajo Duero le supondría de salvar la campaña a no salvarla». Su opinión es que el Pacto Nacional del Agua tendría que incluir estas consideraciones.

Por supuesto, tampoco se olvida de que en este año en el que los regadíos han asumido muchos cereales, «algunos de los rendimientos finales no van a ser los más acordes para lo que necesita una parcela de regadío modernizada que tiene muchos costes pero esa es otra lucha».

Sigue lloviendo

En otra parte de la región, en la provincia de Palencia, entienden que «lo que está pasando este año es algo insólito, en junio entraban más reservas hídricas de las que salían, de lo que estábamos gastando para el riego», manifiesta José Luis Marcos, vicepresidente de la comunidad de regantes del Bajo Carrión y de Asaja Palencia. Reconoce que la campaña de riego está resultando un tanto «atípica», dado que «sigue lloviendo bastante, no han parado los nublados y esta semana lo veíamos en Osorno con bastante agua así que casi ni se han empezado a regar ni los maíces, ni las remolachas ni nada».

Los datos los conserva bien claros en su mente: «Veníamos de una sequía que se mantenía en enero, aquí no empezó a llover hasta el 28 de febrero, arrancó y no paró» pero tal y como ha sucedido en otras zonas, la incertidumbre ante lo que pudiera pasar llevó aparejada una mayor siembra de cereal en detrimento de cultivos como el maíz, la remolacha y la alfalfa.

«Es fácil que sobre dotación pero pido que desembalsen con moderación porque nunca sobra agua y una año por una cosa y otro por otra, acaban dejando los pantanos secos».

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