Los síntomas menopáusicos afectan al 20% de las mujeres españolas en ese periodo

Una mujer apoya su mano sobre la cabeza con aspecto cansado./EL NORTE
Una mujer apoya su mano sobre la cabeza con aspecto cansado. / EL NORTE

Cerca de doscientas mil mujeres en Castilla y León estarían en la media de edad menopáusica, una etapa en la que la calidad de vida cobra gran importancia

PAULA VELASCOÁvila

«Cuando entré en la menopausia me encontré deprimida, triste y asustada por los cambios de salud». Es el recuerdo del cambio de etapa en la vida de María C. Y, como ella, miles de mujeres de cincuenta y un años de edad de media, que se encuentran en un momento determinado de su vida con la llegada de este cambio, que puede afectar a su día a día.

María, que ha preferido no nombrar su apellido, tiene 65 años, y recuerda la llegada de la menopausia, alrededor de los 55 años. «De un tiempo a otro me encontré con cambios en la salud y físicos, que me tuvieron uno o dos años replanteándome aspectos de mi vida y adaptándome a ciertos cambios», comenta. «No tuve problemas de osteoporosis, que suelen ser muy habituales. Pero sí recuerdo que a mí, que nunca había tenido problemas de salud y he sido una persona activa y alegre,  me subió la tensión y me encontré, digamos, deprimida, triste, asustada por los cambios de salud. Mi cuerpo también cambió; perdí la cintura, gané peso, aumentó el pecho… y ¡siempre había sido de constitución delgada!», comenta. «Pero realmente los cambios físicos nunca me preocuparon; estaba más agobiada por los cambios en la salud, que copaban mi mente y me hacían pensar más de la cuenta».

Y es que María asegura que durante muchos meses su «cabeza le daba vueltas a esos cambios en la salud», como la subida de tensión o los sofocos, que aparecían en el momento más inesperado. «Los sofocos fueron muy difíciles de llevar. Me entraba un calor horrible desde el estómago y en el momento menos pensado. En el trabajo, hablando con alguien, por ejemplo, lo que hacía que me sintiera violenta porque notaba que el color en la piel me cambiaba, enrojecía y empezaba a sudar hablando con alguien. Y ese alguien me lo podía notar».

María asegura que tener la mente ocupada «fue básico para sobrellevarlo. El irme a trabajar y tratar con la gente me suponía un aire fresco diario. Me obligaba a arreglarme, a un mínimo de coquetería a esa edad en la que parece que ya no le importas a nadie, que nadie te mira. Me olvidaba del mundo y volvía a casa nueva. Si llego a estar en casa me vuelvo loca, no lo hubiera aguantado. Ahora ya me es igual, ¡tengo mil cosas que hacer!», asegura risueña María, que señala que «tan solo es una etapa; después, uno se adapta a la vida, cambia sus hábitos y todo se reajusta».

Y es que hoy en día, y dada la esperanza de vida en la población de los países desarrollados, la menopausia comprende hasta un tercio de la vida de la mujer. Por esta razón, «cobra especial relevancia la calidad de vida que se tenga durante esta etapa, y es importantísimo llevar una vida saludable», con el fin de prevenir y mejorar todas las consecuencias derivadas de este desarrollo natural en la mujer, explica Ana Castro, miembro de Jóvenes Expertos en Menopausia de la Asociación Española del Estudio para la Menopausia (AEEM).

En España, «los síntomas menopáusicos afectan al 20% de las más de siete millones de mujeres con menopausia que existen». En Castilla y León, según los últimos datos del padrón continuo de la Junta, cerca de doscientas mil mujeres estarían en la franja media de edad en la que aparece la menopausia.

Y es que este es un momento en la vida de las mujeres que se caracteriza por el cese de la menstruación. «La producción ovárica se pierde y por tanto la producción de hormonas femeninas, que son los estrógenos y progesterona, disminuyen». Para diagnosticarlo es necesario estar un año entero sin menstruaciones.

La media de edad en la que se produce este cambio es de 51 años, «con un amplio rango de edades en las que puede aparecer, superiores o inferiores». Pero lo que influye en el día a día de una mujer son los «fuertes cambios endocrinológicos imprevisibles y variables» que conlleva, «con una marcada repercusión clínica a pesar de no ser ninguna enfermedad, sino un periodo fisiológico en la vida de una mujer», explica la doctora Castro. Tanto, que en ocasiones puede llegar a «alterar la vida social y laboral de esta» debido a los principales síntomas «molestos, como sofocos, insomnio, osteoporosis, alteraciones del ánimo, alteraciones en la vida sexual, redistribución de la grasa corporal o incluso cambio cardiovasculares».

Precisamente la osteoporosis es una de las consecuencias más comunes y que pueden condicionar la vida de los huesos. «Cuando perdemos las hormonas, el hueso empieza  a perder densidad mineral. Por ello es importante tratar esta consecuencia con hábitos de vida saludables» y un buen suplemento de «calcio y vitamina D. Es importante para evitar las fracturas, ya que eso empeoraría y afectaría a la calidad de vida, que caería en picado».

El ejercicio para paliar los síntomas

Aunque siempre es bueno llevar una vida sana y equilibrada, «con una dieta mediterránea y ejercicio moderado diario, se recomienda con más énfasis en la mujer menopáusica. Gracias a eso los huesos y músculos se mantienen mejor y tenemos menos pérdida tanto muscular como ósea».

El suelo pélvico también se puede ver debilitado con el descenso de los estrógenos, «que hacen que los tejidos estén más laxos y den la cara síntomas como la pérdida de orina», explica Castro.

Por estas razones es muy importante el ejercicio físico. Pero antes de comenzar cualquier actividad «es conveniente hacer un diagnóstico, ver qué grado de osteoporosis hay». De esta manera «un entrenador cualificado puede prescribir ejercicio, recomendarlo. Va a guiar a la mujer en su actividad física con diferentes programas que pueden acompañarse de visitas al médico para que este haga un seguimiento», asegura el abulense Kiko González, graduado en Ciencias de la Actividad Física del Deporte y entrenador personal especializado en programas de fuerza y pérdida de grasa. «Un entrenador tendría que evaluarte el nivel de movilidad y poco a poco ir enseñando a hacer movimientos motores básicos. A partir de ahí, iríamos desglosando hasta que el cuerpo se adapte al entrenamiento, con calma y poco a poco».

De este modo «y en contra de lo que se piensa, hay que descartar la mitología urbana de que hacer pesas me va a agrandar. La ganancia de masa muscular es mucho menor en mujeres que en hombres porque las hormonas son diferentes y los ejercicios de fuerza regulan mucho el nivel hormonal», explica González, por lo que «ayudaría a retrasar esa pérdida de densidad mineral ósea».

Pero si hacer ejercicio es importante, igual lo es socializar y evadirse. La menopausia trae consigo grandes cambios que pueden afectar al estado de ánimo de la mujer de manera importante. Acciones como ir al gimnasio y apuntarse, por ejemplo, a clases de zumba pueden ayudar a mejorar. «La alegría que te provoca una clase así es importante. Se busca, además de la salud, el bienestar mental. La mujer desconecta de ese modo del día a día laboral y familiar, y ayuda mucho a cuidarse, sentirse bien con uno mismo, ganar seguridad. Además se mejora físicamente, lo que ayuda a verse más guapo. Finalmente es un círculo que solo aporta cosas positivas», afirma González.

Las 'menoguías'

La Asociación Española del Estudio para la Menopausia (AEEM) cuenta con su propia página web, donde las mujeres pueden informarse y encontrar soporte para las dudas que les puedan surgir en este periodo de su vida.

A través de las llamadas 'menoguías', «difundimos material didáctico para que tanto médicos de cabecera como ginecólogos estén al día en tratamientos de la menopausia, y que estas mujeres no sean las grandes olvidadas», explica la doctora Castro. «Se puede tener calidad de vida en la menopausia y si tenemos armas para obtenerla, hay que usarlas». Además de esta ayuda digital en www.aeem.es, el espacio web también cuenta con un enlace llamado 'El experto responde', donde se intenta dar contestación a las preguntas y dudas más frecuentes y genéricas de este periodo de la vida de la mujer.

 

 

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