Cáritas Ávila atendió a 733 familias en 2018, el 80% en riesgo de exclusión

El economato de Cáritas en Ávila atendió a 609 personas en 2018. /Antonio de Torre
El economato de Cáritas en Ávila atendió a 609 personas en 2018. / Antonio de Torre

Su economato, puesto en marcha en 2016, atendió a 609 personas el pasado año

ISABEL MARTÍNÁvila

En su mayoría son familias con hijos, seguido de familias monoparentales y otras situaciones. Un total de 733 familias fueron atendidas por Cáritas en la provincia de Ávila. Son las mujeres las que, en general, piden la ayuda -430 del total-, y mayores de 45 años sobre todo, «con las complicaciones que supone salir de una situación de exclusión a esta edad», comenta María Estévez, trabajadora social de Cáritas. La atención a necesidades básicas y la búsqueda de trabajo destacan entre las demandas de los participantes en los programas de la institución y en las parroquias de la provincia.

El riesgo de exclusión de las familias que acuden a Cáritas Ávila es alto: un 80%; el resto tienen problemas puntuales y cuentan con una situación «más o menos estabilizada» pero que pide ayuda especialmente relacionada con formación.

En la provincia abulense la mitad de personas atendidas son extracomunitarios. Marroquíes y latinos están a la cabeza y se ha disparado el número de personas atendidas procedentes de Venezuela. De los comunitarios atendidos, un 85% son españoles y, en segundo lugar, rumanos.

Acompañamiento

El presidente de Cáritas Ávila, Fernando Carrasco, destaca la importancia del «acompañamiento integral» en el servicio, «no solo en lo inmediato». Intentar que la persona que busca ayuda no se quede en una mera aportación económica sino que haya una «continuidad» en el servicio prestado; en definitiva, «encontrar la raíz de su problema». Algunas personas, entre ellas españolas, de las que acuden a la institución «llegan a los 35 y nunca han trabajado en nada». Carrasco explica la importancia de orientar a las personas con este tipo de perfiles y «motivarlas» a descubrir lo importante de prepararse para encontrar trabajo.  

No quieren que les vean como si Cáritas «fuera un banco» y que se genere una «dependencia» de la institución, sino que haya «una integración realmente sana». Desde el idioma «hasta un pre-taller de cocina básica»; el objetivo es que las personas que piden ayuda no terminen dependiendo de la institución. Que los que reclaman servicios «despierten» y sean capaces de ser independientes es la finalidad de Cáritas. «Deberíamos planteárnoslo realmente todas las instituciones», asegura Carrasco.

Renacer

Fernando Carrasco recuerda un caso de una joven de 21 años, quien, después de realizar uno de los cursos de formación, le dijo que lo más importante que había aprendido era su cambio de pensamiento. «Me dijo que antes pensaba que era una inútil y que no sabía hacer nada y que había descubierto que era capaz de pensar y que tenía que empezar a aprender», por ejemplo, el idioma. «Es como un renacer» para ellas, asegura el presidente de Cáritas Ávila, «ver a estas personas encontrar un respiro por volver a creer en ellas mismas».

María Estévez reconoce que ahora las familias tienen «mayores problemas y de muchos tipos». Salir de la situación de exclusión social o de peligro de exclusión es largo y «difícil». La «inserción» hay que «trabajarla desde la base», no quedarse en pagarles un recibo de luz. Hay que convencer a las familias que vienen, dice María Estévez, de que «la casa no la comienzas por el tejado, sino por los cimientos», y que Cáritas acompaña «en ese proceso». «Es muy satisfactorio porque sí que ves salir a la gente adelante». Con más o menos tiempo, según los casos.

100.000 euros para alimentación

Cáritas ha repartido casi 99.000 euros en ayudas en el último año dedicadas a alimentación, en su mayor parte, a través del economato social, 71.778 euros, apoyo en la vivienda y suministros –luz y gas especialmente- y en medicinas.

El economato de Cáritas Ávila atendió a 203 familias en 2018. 609 personas en total se beneficiaron de este servicio que persigue «dignificar lo más posible la atención a las necesidades básicas de las familias con un especial grado de necesidad». Este año son 99 las familias a las que favorece este servicio, lo que supone un «sustancial incremento» respecto a los datos del pasado año, según Cáritas.

Este economato social se puso en marcha en 2016, con 33 familias atendidas. Proporciona alimentos, perecederos y no perecederos, a personas que no tienen suficiente poder adquisitivo y se realiza un seguimiento individualizado de cada petición. Un técnico de Cáritas se encarga de coordinar este servicio, que funciona con la ayuda de trece voluntarios que ayudan al control de los pedidos y del stock.

Los productos ofrecidos en el economato son de «primera necesidad» ,tanto de higiene como de alimentación y provienen tanto de adquisición directa por parte de la institución como de donaciones. A través de distintos establecimientos adheridos a Cáritas, los ciudadanos pueden colaborar con el economato entregando productos en la misma tienda, dentro de la campaña denominada «Pedido solidario».

 

 

 

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