Las lluvias provocan veinte mil kilos de pérdidas en cerezas en el valle del Tiétar

Las lluvias provocan veinte mil kilos de pérdidas en cerezas en el valle del Tiétar

Los agricultores esperan recuperar las pérdidas en la campaña mediana y tardía, que dan comienzo estos días con la llegada del sol y las buenas temperaturas

PAULA VELASCO

La llegada de la primavera no siempre es sinónimo de sol y calor, algo que ha sucedido este año en el que las copiosas y frecuentes lluvias y las bajas temperaturas han estado presentes durante casi los tres meses de primavera en la provincia de Ávila. El valle del Tiétar, a pesar de ser conocido por poseer un microclima diferente al resto de la provincia abulense debido a sus temperaturas suaves, tampoco se ha librado de los efectos de los aguaceros.

Conocidos por su rica cosecha en cerezas, los pueblos de la zona sur de Ávila, entre los que se encuentran Arenas de San Pedro, El Hornillo, La Parra, Mombeltrán, Poyales del Hoyo, El Arenal o Guisando, han visto mermada la recogida de la llamada cereza temprana hasta ser casi inexistente, con partidas acumuladas muy escasas y unas pérdidas «de entre quince y veinte mil kilos», explica Juan Pablo García, gerente en la cooperativa Gredosur S. Coop. «La cosecha venía muy bien con el invierno suave que hemos tenido y un principio de primavera lluvioso. La floración fue muy buena y en principio había mucha cantidad. Pero con la lluvia de las pasadas semanas se ha destrozado todo lo llamado temprano. Y ahora estamos esperando a que vengan las nuevas variedades».

García se refiere a las cerezas de media campaña y a las tardías. Las primeras comienzan a recogerse a partir de estos días, y paulatinamente irán dando paso a las segundas, que estarán listas para su cosecha a medida que avancen las semanas de calor.

 

Cambio climático

En años anteriores, la cosecha de cerezas ha llegado a alcanzar el medio millón de kilos en esta zona abulense. Con las pérdidas de cerca de veinte mil kilos de esta temporada, esta cantidad mermará, pero aún quedan por recoger las dos variedades próximas.

Juan Pulido es un agricultor de la zona de El Arenal y pertenece a otra de las grandes cooperativas de la zona, PACA. Él, como muchos vecinos, posee terrenos con árboles frutales.

«Tenemos cerezos plantados a 700 metros y a 1.200 de altura. Dependiendo de dónde están situados los árboles y las fincas, es decir, de su latitud, darán la fruta antes o después», explica. «Cuanto más alto esté el árbol, más tardía será la fruta». Dentro de una misma finca puede haber incluso semanas de diferencia en la recogida, dependiendo de dónde esté situado el cerezo y también «de lo vigoroso que sea. El agricultor sabrá cuándo cogerlas y su tamaño dependerá de la clase de cerezas, de si el árbol está fuerte o no, de si tiene muchas, etc.».

Después de la campaña media vendrá la tardía. «La diferencia básica entre unas y otras es el sabor», explica Pulido. «Las cerezas serán más dulces a medida que sean más tardías, ya que la fruta coge el azúcar con el sol». Cuanto más tarde se cojan, más horas de sol habrán acumulado y por tanto más dulces estarán.

«Ahora tenemos un mes para coger cerezas», afirma, sobre todo si hay sol. Si el tiempo viene más fresco, se recogerán durante más de un mes. Todo julio e incluso en agosto. Antes, cuando el clima estaba más normalizado, las cogíamos hasta el 20 de agosto, pero ya en fincas más altas, a más de mil metros de altura, donde hace más fresco».

Y es que el cambio climático también ha provocado que tanto la floración como la recogida de la cereza hayan variado. Aunque esta primavera el agua haya sido la tónica general, «cada vez llueve menos y hace menos frío, por lo que las plagas proliferan más que antes. Esa es la causa de que tengamos que hacer varios tratamientos a lo largo del año, también. Es una fruta muy delicada. Si el tiempo viene malo, la campaña se pierde», explica Pulido. A ello hay que sumar las temporadas de lluvias repentinas, que provocan hongos; el pedrisco, si se da; o el exceso de calor que puede acompañar a algunas temporadas, que igualmente puede arrebatar la cosecha.

Pero, en condiciones normales, si no se estropea la cosecha la recogida durará alrededor de un mes en toda la zona sur de Ávila, y las cooperativas se encargarán de distribuirla a todo el país. «Los agricultores lo recogen en el campo, lo clasifican por tamaño y lo llevan a la cooperativa. Allí, un especialista se encarga de realizar el control de calidad, lo revisa y comprueba si cumplen los estándares de tamaño, calibre y calidad que se requiere. Es entonces cuando se preparan los palés de las cajas y se distribuyen por el mercado nacional». Según Juan Pablo, el producto acaba «muy repartido» por la zona de levante, Madrid y norte de la península. Las medianas, por ejemplo, se venden «a una media de un euro con cincuenta céntimos el kilo las más gorditas», valor que luego la frutería aumentará. 

 

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