La lección de vida de Diego Jerónimo

Un joven de Escalona con síndrome de Down ha cursado como uno más cuarto de la ESO en el instituto Vega del Pirón de Carbonero el Mayor

NACHO SÁEZSEGOVIA
Diego posa junto a sus compañeros de clase en el instituto Vega del Pirón./ A. Tanarro/
Diego posa junto a sus compañeros de clase en el instituto Vega del Pirón./ A. Tanarro

En la pared de uno de los pasillos del instituto Vega del Pirón, en Carbonero el Mayor, está colgado un mural elaborado por los alumnos en el que expresaban los sentimientos que tienen hacia su compañero Diego Jerónimo Arranz. Diego ha sido el niño mimado (en el buen sentido) de este centro de Enseñanza Secundaria, pero también ha conseguido ser uno más. Su afán de superación, el trabajo constante de los profesores y la sensibilidad mostrada por el resto de alumnos han derribado los prejuicios y han permitido que Diego, pese a tener síndrome de Down, haya estado integrado en las clases como si no hubiera obstáculos que se lo impidieran.

Es un alumno brillante, en opinión de los que han sido sus profesores; un exponente valiosísimo de que es posible compatibilizar el ritmo y la actividad de un instituto de Secundaria con dar pasos para que pronto no sea extraño que un niño con los mismos problemas que Diego pueda compartir clase con chavales de su misma edad o parecida en lugar de ser enviado a centros de educación especial. Una circunstancia que en el caso de Diego ha resultado fundamental para que haya podido desarrollar tanto sus capacidades como la hecho, según creen sus padres, Diego Jerónimo y Maribel Arranz, y los responsables del Vega del Pirón. Conviene estudiar individualmente cada caso, sostienen, pero para Diego ha supuesto una apertura al mundo muy beneficiosa.

Dice que quiere seguir los pasos de su padre y piensa estudiar un módulo de ganadería ahora que ha terminado su andadura en el instituto carbonerense. A este llegó hace seis años, procedente del colegio de Escalona del Prado, de donde son sus padres y donde también recibió un impulso importantísimo para alcanzar todo lo que ha venido después. Lo último ha sido cursar cuarto de la ESO con una adaptación significativa a nivel de Primaria; o lo que es lo mismo, con un programa adaptado a sus necesidades.

Sus profesores están encantados e impresionados con los progresos que ha realizado durante estos años. «Ha desarrollado al máximo sus capacidades», subraya Juan Cruz Serrano, uno de los profesores de educación especial que le ha acompañado, ya jubilado. «Es un ejemplo para todas las familias que tienen dudas acerca de si sus hijos con síndrome de Down serían capaces de integrarse en un colegio de Primaria o en un instituto de Secundaria. Nunca se le ha segregado para nada. Ha sido uno más y sus compañeros han conseguido ver su presencia como algo normal. Incluso le entregaron un premio al esfuerzo».

En las paredes del colegio también están colgados los recortes de los reportajes que los periódicos locales le dedicaron cuando se supo que ejercía como árbitro de fútbol sala en los partidos que se disputaban en el instituto. Una muestra más del nivel de integración que ha alcanzado en la vida del centro. También ha podido hacer las excursiones junto al resto de sus compañeros y ganó un premio nacional de poesía.

Aprendizaje

Sus profesores destacan el buen trabajo que sus padres habían hecho con él ya en casa, y admiten que estos años junto a él han sido un ejercicio de aprendizaje impagable. El Vega del Pirón nunca había tenido un alumno con estas características, pero en cuanto llegó Diego todos cerraron filas en torno a él y arrimaron el hombro para conseguir lo que hoy es un logro que será valorado en su justa medida con el paso del tiempo. Están convencidos de que el espíritu que Diego ha impregnado en el centro perdurará durante generaciones y contribuirá a elevar el nivel educativo de este instituto. «Aunque tenga que marcharse ya, el espíritu de colaboración que se ha creado gracias a Diego entre profesores y alumnos va a dejar huella», asevera Juan Cruz Serrano.

«Se tiende a preferir que chicos así vayan a centros especiales, pero se ha demostrado que un centro del medio rural también puede ayudarles con mucho trabajo», apunta la jefa de estudios, Emma Navas. Asienten con la cabeza Elena González y Merche San Juan, que son otras dos de las profesoras de educación especial que han estado al lado de Diego durante estos años: «Hemos primado los aspectos que tenían que ver con la integración de Diego y hoy podemos decir que es uno más en el instituto». Una sentencia, esta última, sobre la que insisten cuando se menciona que sus compañeros le adorarán. «Es uno más; ni mejor ni peor que nadie».

Los años de trabajo junto a Diego pasan a formar parte del catálogo de buenos resultados del que puede presumir el Vega del Pirón, pero sobre todo les deja un poso que les anima a acoger de nuevo cuando surja la ocasión a alumnos con necesidades especiales como las de él. «Si viene otro chaval como él en el futuro, ya tenemos aprendidas las lecciones que nos ha dejado su experiencia. Nos ha enseñado muchas cosas», indica la jefa de estudios, que se encarga de repartir entre el resto de profesores el agradecimiento de los padres de Diego por la ayuda prestada en este tiempo, tan importante para la vida de su hijo.

«Nos hemos dejado guiar por las pautas y consejos que nos han ido dando sus maestros, y estamos agradecidísimos porque se han volcado con él», afirman Diego y Maribel, padres también de dos niñas. Ellos también son ejemplo de que con confianza y esfuerzo se pueden tirar algunos obstáculos. Están orgullosos de todo lo que ha conseguido Diego y están decididos a apoyarle en todos los caminos que siga emprendiendo. El de integrarse en la sociedad y ser una persona feliz parece que lo ha superado con creces, aunque ahora le toque despedirse de sus compañeros del Vega del Pirón. Estos seguro que no le olvidarán y le tendrán como modelo a imitar cuando la vida les vaya poniendo en dificultades.

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