Maxim Rysanov: «Estoy del lado ucraniano, no me da miedo decirlo»

Fue músico residente en el Miguel Delibes y ahora vuelve para interpretar el concierto de Schnittke

V. M. NIÑOVALLADOLID
Maxim Rysanov, en la Plaza España de Valladolid. / Henar Sastre/
Maxim Rysanov, en la Plaza España de Valladolid. / Henar Sastre

Fue músico residente en el auditorio Miguel Delibes, tocó de solista, hizo cámara con los músicos de la Sinfónica de Castilla y León y demostró su planteamiento desde la dirección. Dos años después vuelve a reencontrarse con la OSCyL en un programa dirigido por Jesús López Cobos, al que no conocía. Han elegido para la ocasión el 'Concierto para viola' de Schnittke, que el compositor escribió para Yuri Bashmet, el violista más reconocido de las últimas décadas. Completará el programa la 'Quinta' de Shostakovich, programa ruso para un solista de formación rusa.

Maxim Rysanov nació en el este de Ucrania, en la zona más prorrusa, y aunque hace mucho tiempo que vive fuera y se siente «sobre todo ciudadano del mundo», es obligado preguntarle por cómo ve la situación de su país desde Londres, donde reside. «Sabiendo lo que pasa allí me siento más ucranio que nunca. Estoy al lado de la causa de Ucrania, no tengo miedo a decirlo. La crisis de Crimea ha sido solo el momento elegido por Moscú para dar su golpe de gracia a una situación que lleva décadas, allí siempre ha habido tropas rusas. Han aprovechado las protestas de la gente contra un gobierno corrupto. El gran problema no es Crimea sino el respeto y el entendimiento de la gente. Hay una comunidad étnica rusa y otra ucraniana que viven mezcladas, deben calmarse y respetarse. Es un problema interno en Rusia y en Ucrania, pero la televisión prorrusa no deja de emitir propaganda, la versión de la guerra civil».

El 'guagadnini' (1780) de Rysanov está por encima de las cuitas políticas del 2014. El músico interpretará la última obra de Schnittke, la que compuso tras un primer infarto «intuyendo que algo malo le iba a pasar», como así fue, murió poco después (1998). «Este concierto es uno de los tesoros del repertorio para viola. Es sombrío, en cuanto al temor que albergaba el compositor. Yo le llamo 'concierto réquiem'. Pero también es muy efectista en la orquestación. No tiene violines, es fenomenal, pero a la vez hay arpa, piano, mucha percusión. Tiene elementos muy bonitos. Comienza con un fortissimo, que casi obliga a bailar, una crítica al poder soviético. El segundo movimiento es muy melodioso, la viola habla con el piano y la orquesta intenta ahogar esa belleza, simula los miedos en forma de monstruos que acechan al compositor. El tercer movimiento es un lento, casi un recitativo como una marcha fúnebre e imita al canto ortodoxo tradicional del 'dios nos salve'. Y al final acaba con la cuestión filosófica abierta al comienzo, el ¿ser o no ser? sin respuesta», explica el joven músico. Desde que estudiaba en Londres le ronda la cabeza de la dirección y hace tiempo que reparte sus salidas al escenario alternando la viola con la batuta. «Mi idea es ir hacia un 50% de ambos. Necesito expandirme como músico, crecer y siento que puedo hacerlo dirigiendo, abarcando más repertorio».

Sabe que la OSCyL no tiene director titular y no excluye la posibilidad de ser director estable de una orquesta así. «Me gustaría concentrarme en un grupo y formar un organismo que se desarrolle conjuntamente». Como Bashmet, trabaja con compositores contemporáneos, entre ellos Dobrinka Tabakova cuyos trabajos estrena regularmente, como Gidon Kremer o Janine Jansen, o Penderecki. «He tocado como música de cámara y como solista, y he dirigido obras de Tabakova, también en su último disco, nominado en la pasada edición de los premios Grammy. No ganó pero solo el hecho de estar ahí es un gran éxito para una compositora joven».