Antonio Basanta: «Cultura y educación no son un gasto, sino una inversión en futuro»

Celebra desde hoy las bodas de plata del Centro de Desarrollo Sociocultural de la institución en Peñaranda

REDACCIÓN SALAMANCA

El Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez inicia hoy la celebración en Peñaranda de sus bodas de plata. Basanta considera que siguen trabajando «de un modo activo y renovador» en la ciudad, y que «también en Salamanca» deben «seguir explorando caminos de innovación», como lo hacen en Peñaranda o en Madrid.

¿Qué le llevó a Germán Sánchez Ruipérez a crear la Fundación en 1981? ¿Se han cumplido los objetivos iniciales?

Sus deseos de crear una institución dedicada plenamente a la educación y la cultura, como palancas fundamentales del desarrollo personal y social. Y hacerlo desde la promoción de la lectura, en todas sus variantes y soportes, anticipándose a fenómenos que hoy vemos como habituales pero que, hace más de treinta años, parecían casi quiméricos. Germán fue un verdadero visionario. Y yo sigo considerando un privilegio haber podido acompañarle casi desde el inicio de la Fundación, a la que él me invitó a participar ya en el año 1983.

¿Qué retos tiene ahora tras el fallecimiento de su creador?

El fallecimiento de Germán es un hecho muy importante para esta casa. Por razones emotivas, pero también por el impulso permanente que suponía su contagiosa ilusión. Él nos dejó un legado que debemos de saber cuidar. Y una forma de actuación que creo nunca debemos de abandonar: «Las instituciones, como las empresas, tienen que reinventarse cada día. Adaptarse a la realidad, siempre cambiante. Ser capaces de transformarse de continuo, aunque ése sea un proceso que no siempre cuente con la comprensión de todos». Germán nos lo repitió en infinidad de ocasiones.

Después de 25 años han visto pasar a varias generaciones por sus programas, ¿han conseguido que los que se acercaron como niños ahora participen y se involucren como adultos?

Hay infinidad de casos en que eso es así. Y es una verdadera satisfacción comprobarlo. Veinticinco años es una parte muy importante de nuestra trayectoria vital. Cuando el proyecto arrancó, con la presencia fundamental de personas como Germán, Isabel de Andrés, Fernando Lázaro Carreter, Ángel González Rivero yo tenía 34 años y la fortuna de rodearme de profesionales estupendos, de la talla de Enrique Posse, Luis Vázquez, Hilario Hernández, Joaquín Pinto Juntos contribuimos a hacer realidad un sueño.

¿Puede considerarse un paso atrás el cierre de la sede en la capital?

Lo hubiera sido si la Fundación no continuase trabajando en la ciudad del modo activo y renovador que lo hace. El proceso no ha sido sencillo ni ha estado exento de dolor y de dificultades. Pero creo que hicimos lo que debíamos. Algunos no lo habrán entendido y yo respeto su opinión. En lo profesional, y en lo personal, ha sido una de las decisiones más difíciles de mi vida.

¿Se puede implantar este modelo en el resto de la región?

Sin duda. Y la Fundación estaría encantada de que así fuera. Es cierto que, para ello, también habría de contarse con la generosidad filantrópica de personas como Germán y su familia, sin las que la existencia de la Fundación sería imposible. Pero estoy seguro de que en Castilla y León existen. Y que son ya numerosos aquellos que creen que cultura y educación no son un gasto, sino una inversión que tiene además repercusión directa en el desarrollo económico del entorno. La sociedad demandará cada vez más perfiles profesionales instruidos. Y eso sólo lo puede conceder la formación continua, la permanente relación con la cultura.

¿El sector del libro contempla la irrupción digital como un aliado o como una amenaza?

La digitalización de los contenidos es uno de los fenómenos más importantes vividos por la Humanidad en los últimos cinco siglos, aquellos que van desde la invención de la imprenta hasta nuestros días. En el mundo del libro y de la lectura nada va a ser ya igual a como fue. El sector editorial tiene que vivir un auténtico proceso de transformación.

¿Cómo ha cambiado el papel de las bibliotecas públicas?

El cambio ha sido muy importante. De lugares vedados para la mayor parte de la población, las bibliotecas han pasado a ser espacios luminosos, accesibles, cada día más al servicio de las personas y de sus necesidades. Esa dinámica no va a hacer más que crecer y multiplicarse en el futuro inmediato, si bien el concepto de biblioteca no tendrá tanto que ver con el espacio en sí como con el servicio que éstas presten.

¿Qué aporta la lectura a una sociedad en crisis como la nuestra?

No hay progreso sin lectura. Y menos aún en la sociedad de la información en la que vivimos. La lectura, y todo lo que ella implica, no sólo es imprescindible para un crecimiento personal, sino también para dotarnos de unas capacidades que cada vez serán más demandadas en el ámbito laboral. Más del 60 por ciento de las profesiones que se ejercerán durante los próximos 20 años hoy aún no existen. Y la mayor parte de ellas van a tener que ver con la capacidad y destreza de comunicarnos, de expresarnos, de extraer de la información los recursos que sólo ella es capaz de contener. Todo eso, de forma imbatible, lo facilita la lectura. Leer es una condición indispensable para el desarrollo.