La lluvia apremia el paso del Niño

La imagen del Niño de la Bola protagoniza la primera procesión del año en la villa

MÓNICA RICOCUÉLLAR
Bailes a la salida de la procesión celebrada este miércoles en honor al Niño de la Bola, en Cuéllar. / M. R./
Bailes a la salida de la procesión celebrada este miércoles en honor al Niño de la Bola, en Cuéllar. / M. R.

El ruido de las explosiones de los petardos durante la Nochevieja anuncia que un nuevo año acaba de llegar. Pero en Cuéllar, este sonido se repite aún durante el primer día del nuevo ejercicio. La pólvora, junto al volteo de las campanas y la música de las dulzainas y tamboriles, prologan una nueva fiesta en la villa. No solo el paso de hoja en el calendario, sino también la festividad del Niño de la Bola, una costumbre que se celebra cada año los días 1 y 6 de enero, organizada por la cofradía que lleva el nombre de la imagen que se venera en estas jornadas. Esas tracas anunciadoras y el repique de las campanas estuvieron acompañados este año del suave sonido de las gotas de lluvia que caían sobre Cuéllar, y que estuvieron presentes desde el principio de la procesión consiguiendo que el recorrido fuera mucho más rápido que en años anteriores, desluciendo así una de las tradiciones más arraigadas en la localidad segoviana.

Como cada 1 de enero, los actos en honor al Niño de la Bola comenzaron durante la mañana con una misa presidida por la imagen venerada, que a lo largo de los días anteriores es vestida por las camareras de la cofradía y preparada en sus andas por algunos de los hermanos cofrades. En esta eucaristía también ocupa un lugar destacado el mayordomo, puesto que representa uno de los cofrades y que este año ha recaído en Manuel Blanco.

La cofradía del Niño cuenta con una antigüedad de varios siglos, aunque se desconoce su origen exacto. En la actualidad cuenta con algo menos de un centenar de hermanos, los cuales rotan en el cargo de mayordomo durante todo un año, preparando las celebraciones y transfiriéndose de unos a otros por mayor antigüedad dentro de la hermandad.

Después de la misa, en la que resonaron de fondo esos petardos y las dulzainas, los actos se trasladaron a la tarde. A las cinco, la imagen del Niño de la Bola partió en procesión desde la iglesia de San Miguel. Debido a la lluviosa jornada de este miércoles la cofradía sopesó la anulación del cortejo festivo, pero finalmente se optó por tratar de completarla.

Y así ha sido, aunque con más rapidez que en años anteriores. La comitiva salió del templo y realizó una parada en la iglesia de San Esteban, tal y como manda la tradición, que recuerda a su vez que esta parroquia es la sede originaria de la cofradía y lugar que albergaba la imagen del Niño de la Bola hasta su restauración. En la actualidad permanece durante todo el año en el templo de San Miguel.

Ya en el interior de San Esteban, las decenas de participantes en los actos unieron sus voces para rezar la tradicional oración en honor al Niño, en la que se recuerda cómo la imagen se venera desde hace siglos en la localidad, además de alzar una plegaria y cantar algunos villancicos. Acto seguido, el séquito continuó el recorrido hasta regresar de nuevo a la Plaza Mayor.

Bailes en su honor

Aunque el trayecto completo es de apenas unos metros, el itinerario habitualmente se prolonga durante varias horas, casi dos en esta edición a pesar de la lluvia. Durante este tiempo decenas de personas acompañan la imagen. Muchos de ellos danzan al son de la dulzaina y el tamboril, con jotas y ritmos típicos de esta celebración. Durante todo el trayecto, de apenas medio kilómetro, los danzantes no olvidan que los bailes se realizan mirando a la figura de frente, tal y como es costumbre.

Otro sonido que acompaña las danzas, junto a las dulzainas y el tamboril, es el de las tejoletas y castañuelas que tocan los fieles mientras bailan o acompañan el desarrollo de los actos.

Esta conmemoración del Niño de la Bola tiene su origen en la fiesta de la Circuncisión del Señor, que aunque en los últimos años se señalaba que tenía que ver con el judaísmo, realmente se encontraba totalmente enraizada en el mundo católico, según explica el historiador cuellarano Juan Carlos Llorente.

El día de Reyes, otra vez

Él mismo apunta que el Niño Jesús de Praga (Niño de la Bola) fue introducido en España por las familias de los monarcas Austrias en el siglo XVII, cuando ya no había judaizantes. «Es más, para ser de la cofradía había que ser de ascendencia de 'cristianos viejos' que no tuvieran ni la más mínima sospecha de descender de judíos», señala.

Asimismo apunta que el barrio cercano de la Judería estaba amurallado y cerrado con puertas que desaparecieron con su expulsión en el siglo XV; los espacios y barrio de San Esteban no tenían nada que ver con el barrio judío. La fiesta del Niño de la Bola se repetirá el próximo 6 de enero, día de Reyes, en el que la Iglesia celebra la Epifanía de Jesús, que significa la 'Presentación' al mundo representado por los Reyes Magos, según las palabras del historiador de la villa.

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