La soledad suena a remembranza

El salón de actos del Museo Patio Herreriano rebosó para arropar al poeta Eduardo Fraile en la presentación de la quinta entrega de su serie ‘Apuntes del natural’

VIRGINIA T. FERNÁNDEZVALLADOLID
Eduardo Fraile, ante el cartel de la portada de su libro con el cuadro de Julio Toquero. / H. SASTRE/
Eduardo Fraile, ante el cartel de la portada de su libro con el cuadro de Julio Toquero. / H. SASTRE

El colofón de Retrato de la soledad (Difácil), el último poemario de Eduardo Fraile reza una fecha: 14 de diciembre de 2013, ayer, día en que el libro vio la luz, festividad de San Juan de la Cruz. Guiño del destino, quien parece haber escrito las tres últimas palabras en sus páginas: La soledad sonora. Lo comentaban ayer César Sanz, director de Difácil, y el poeta vallisoletano, que celebraba un antojo del azar tan revelador, pues asegura reconocerse en esa soledad que suena a la que cantó el místico abulense; que suena para él a remembranza, a «quien fui aquellos días», a personas que ya no están que, por terriblemente añoradas, acaban por convertirse en retazos de eternidad.

El salón de actos del Museo Patio Herreriano se llenó de poetas, amigos y lectores para acoger la presentación en sociedad de la quinta entrega de Apuntes del natural, serie de poemarios que comenzó con Quién mató a Kennedy y por qué y que obró en Fraile un giro hacia el progresivo despojamiento (solo «aparente», advierte) de todo artificio estilístico.

Su «hermano por elección», el también poeta y crítico de arte José María Parreño, introdujo el libro. En sus páginas Fraile se pone una «máscara de soledad», aseguró el escritor madrileño, pero de «soledad transparente porque acabamos viéndole a él y asistiendo de una manera privilegiada a su intimidad». Para Parreño la melancolía que destila el poemario «adquiere un rasgo casi moral»: «La nostalgia del pasado no es la de las cosas del pasado sino la de quiénes fuimos, de cómo en el pasado imaginamos nuestro presente y descubrimos que no se ha parecido en nada». El libro es un «retrato de un poeta con tiempo dentro. Un rasgo de su autobiografía poemática es la intensidad de su mirada hacia personalidades del pasado», añade. Cada una de esas personalidades dejaron en la vida de Fraile alguna huella: «Son personas en las que me reflejo, son como espejos, paradógicamente es un libro que habla de la soledad pero que está lleno de personas», reflexiona el vallisoletano. La más importante de ellas y cuyo recuerdo le emocionó ayer hondamente, es su madre. A su memoria se arroja emocionalmente el poeta en poemas de amor verdadero como Madre intacta, madre incorrupta.

Proceso hacia adentro

El autor de Teoría de la luz desentraña el viaje que ha supuesto la escritura de Retrato de la soledad: «Adonde quiere dirigirse el proceso de indagación es hacia adentro, hacia la habitación interior del alma donde está nuestro yo más íntimo, el yo creador. Siempre he definido la soledad como el estudio del artista. Hay que acceder a esa cámara para estar completamente solo y empezar a crear», reflexiona Eduardo Fraile, quien además asegura que Apuntes del natural está muy relacionada con el arte. La portada del poemario reproduce el cuadro de un artista amigo, Julio Toquero. Y su propio concepto de la poesía no puede desvincularse de la pintura en lo que se refiere al retrato: «Yo, que amo tanto a Velázquez, creo que se pueden pintar Las Meninas cuando ya has dominado perfectamente el arte al que te has entregado, pero igual de grande puede llegar a ser el Pablo de Valladolid (de la serie de retratos de bufones del pintor sevillano) o El aguador de Sevilla». Lo esencial en el detalle, en lo aparentemente insignificante o marginal.

Fraile adelanta que las dos últimas entregas de la serie están en marcha; una está terminada, In memoriam, y la otra, la de cierre, aún se está cocinando. Se llamará Perlas ensangrentadas.

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