Valladolid promueve el uso del azúcar en lugar de sal para derretir el hielo en las carreteras

La firma vallisoletana Collosa pide a las instituciones que lo homologuen en sus carreteras para poder incluirlo en los pliegos de condiciones

T. LAPUERTAVALLADOLID
Tramo de carretera, en la provincia de León, sometido al vertido del novedoso fundente :: el norte/
Tramo de carretera, en la provincia de León, sometido al vertido del novedoso fundente :: el norte

La mayoría de los productos que se utilizan para evitar la formación de hielo en las carreteras están fabricados con cloruro sódico, un compuesto químico que no solo ha demostrado su eficacia, sino que resulta relativamente económico. El problema es que los fundentes que contienen sal no son respetuosos con el medio ambiente. Hasta ahora, el fin deseado evitar accidentes de tráfico ha justificado los medios, pero no tiene que ser así o, por lo menos, no en todos los casos.

Hace ya cinco años que el departamento de I+D+I de la empresa vallisoletana Collosa (Construcciones y Obras Llorente) se planteó como reto la creación de un nuevo producto viable económicamente, eficaz técnicamente y lo más ecológico posible. Hoy, por fin, cuenta con todos los parabienes para ser presentado en sociedad. El fundente de hielo se ha fabricado con retentado, un residuo del azúcar que, además de mantener sus propiedades exotérmicas durante más tiempo que la sal, consigue disminuir aún más la temperatura a la que se hiela una superficie asfaltada, y lo hace con el mismo coste. Pero, sobre todo, es el fundente más respetuoso con el medio ambiente de los que hay en el mercado nacional e internacional.

Cierto es que los productos elaborados con cloruro cálcico (muy utilizados en lugares en los que las temperaturas son extremadamente bajas) tampoco son medioambientalmente agresivos, pero el problema es que precisan también de determinadas cantidades de sal para ser efectivos, por lo que se vuelve al principio. Además, aunque el cloruro cálcico es imprescindible en determinadas ocasiones, su precio es bastante menos asequible.

Como explica el director de Construcción de la compañía Collosa, Jesús Rodríguez Robles, el nuevo fundente va a ser fundamental en parques y jardines, o en espacios protegidos (los problemas de desertización que acaban sufriendo las zonas adyacentes a las calzadas en las que se esparce la sal son evidentes), pero también en las calles de las ciudades, porque la recarga de cloruro sódico en el agua complica notablemente el trabajo de las estaciones depuradoras. Asimismo, añaden los expertos, la sal es corrosiva para las propias infraestructuras (carreteras) y oxidante para las carrocerías de los vehículos.

Después de testarlo en el laboratorio y en tramos experimentales las primeras pruebas se efectuaron en León, el pasado mes de enero, la empresa vallisoletana se ha puesto en contacto con las administraciones titulares de las diferentes redes de carreteras y responsables de favorecer la vialidad invernal de las mismas. El propósito, tal y como apostilla el responsable de Conservación de Collosa, Eduardo Vara, es que los técnicos homologuen el producto en sus respectivas redes viarias, requisito indispensable para poder incluirlo como opción en los posteriores pliegos de condiciones que dan acceso a los contratos de mantenimiento.

«Nuestro objetivo es comenzar a comercializarlo en esta misma campaña, pero se hace necesario que todas las administraciones hagan pruebas experimentales en un tramo concreto, durante determinado tiempo, a bajas temperaturas, con un tráfico específico, comparando la respuesta con la de un fundente de sal...», añade Varas, para quien las administraciones, empezando por las locales y regionales, deben predicar con el ejemplo y valorar el esfuerzo en innovación de las empresas, porque sin innovación no hay respuestas a las preguntas del futuro.

En el caso de Collosa, al tratarse de una firma vallisoletana que, además, forma parte de la convocatoria regional de investigación Primer CyL, la mirada se ha puesto en los subproductos agrícolas regionales. Los técnicos se decantaron primero por los barras, residuo del vino con una notable presencia de acetatos (sustancia química muy utilizada en Estados Unidos y en los países nórdicos), y exploraron después las posibilidades de los lactosueros, «pero la temperatura efectiva de los productos obtenidos era inferior a la de la sal marina o la salmuera», explica Cristina Parrado, técnico del departamento.

En cuanto a los derivados de la fabricación del azúcar, los expertos analizaron tanto el raffinit como el retentado, dos subproductos desechados por las azucareras en diferentes procesos. Después de muchas pruebas y ensayos, se decantaron por el segundo. La experta reconoce que en el mercado ya hay un fundente elaborado con residuos de azúcar aunque, a diferencia del vallisoletano, también precisa del complemento del cloruro sódico para ser efectivo.

La región cuenta con la ventaja añadida de albergar empresas que, como Acor, pueden suministrar la materia prima, si bien desde Collosa se advierte de que no todas las azucareras generan los mismos subproductos en sus procesos productivos. «Hay que seguir investigando, seguir testando con el resto de los residuos, pero ya tenemos un producto magnífico que podemos empezar a utilizar, porque no se necesitaría demasiada infraestructura e, incluso, se podrían utilizar los mismos almacenes y depósitos del material fundente habitual para su distribución», concluye Rodríguez Robles.