Lois homenajea a sus dos académicos de la RAE en el siglo XVIII

La localidad leonesa recuerda a Pedro Manuel Álvarez-Acevedo y Alonso Rodríguez-Castañón en presencia de Blecua, Merino, Mateo Díez y Gutiérrez

SERGIO JORGELEÓN
El presidente de la RAE, José Manuel Blecua, (segundo por la izquierda), ayer en Lois junto a los académicos leoneses Luis Mateo Díez, José María Merino y Salvador Gutiérrez . / J. Casares/
El presidente de la RAE, José Manuel Blecua, (segundo por la izquierda), ayer en Lois junto a los académicos leoneses Luis Mateo Díez, José María Merino y Salvador Gutiérrez . / J. Casares

Se cumple este año el tercer centenario de la Real Academia de la Lengua Española y la localidad leonesa de Lois, un paraíso natural en plenos Picos de Europa, no ha querido pasar la oportunidad de recordar a dos estudiosos originarios del municipio que tuvieron la oportunidad de formar parte de la RAE en sus primeros años de vida: Alonso Rodríguez-Castañón, que fue sillón C entre 1714 y 1725, y Pedro Manuel Álvarez-Azevedo, que ocupó la T entre 1731 y 1734.

Este insólito hecho para un pequeño pueblo que se volcó con la educación cultural de todos sus vecinos, hizo que ayer se desplazaran a Lois los tres académicos leoneses que en la actualidad forman parte de la RAE: José María Merino, Luis Mateo Díez y Salvador Gutiérrez. La presencia del director de la Academia, José Manuel Blecua, fue el gran atractivo de un acto desarrollado en la iglesia de la localidad, denominada 'la catedral de la montaña'. «Lois es deudor de una tradición de tres siglos», explicó durante su intervención Blecua, quien no tuvo reparos en destacar la labor educativa emprendida en Lois desde el siglo XVII y que tuvo su repercusión en la institución que ahora preside. «Junto a la historia de la academia había otras instituciones dispersas, tanto en España como en América, como la de Lois», apuntó el director de la RAE, quien resaltó que la Academia nació «como un servicio público y con una misión: construir un diccionario».

Esa gran obra, la primera de este tipo en español, fue elaborada también por los dos académicos españoles, quienes ayudaron a «juzgar las palabras, lo que es poético. Van a discriminar lo que es vocabulario culto de lo que es vulgar, lo que puede utilizarse o no en determinados ambientes», subrayó sobre el diccionario de autoridades, basado «en citas de autores». «Se inicia así un trabajo que dura hasta hoy», concluyó el director de la RAE, quien recordó que la próxima edición, la número 23, estará preparada en otoño del 2014. «Quizás después de la monarquía española, la Academia es la institución con mayor respeto, veneración y penetración en la sociedad», afirmó Salvador Gutiérrez, quien reconoció que el acto de ayer sirvió no solo para celebrar el tercer aniversario de la RAE y homenajear a los dos académicos de Lois, sino también para hacerlo también con la localidad leonesa.

«Estos focos culturales muestran que la educación está en el centro del progreso, es el camino por el que las clases bajas pueden acceder al mundo de los negocios y pueden influir», apuntó sobre esas gentes de Lois que fueron «personas formadas con gran esfuerzo y con ganas de progresar».

«Los académicos estamos enlazados con aquellos colegas del siglo XVIII, demostramos que esto de la globalización es algo moderno, pero la cultura no tiene que ver con las frívolas globalizaciones. La cultura tiene que ver con el esfuerzo», señaló por su parte José María Merino, para el que ese «lazo invisible» entre los primeros miembros de la RAE y los actuales se percibe en Lois «muy bien, donde el clima se ha puesto más frío y la sensación de realidad está más presente, porque le calor embota la mente».

Luis Mateo Díez ahondó en «la salida que no huida» de las personalidades culturales que surgieron de Lois durante toda su historia gracias a la formación que recibían en esta localidad, y que ahora pervive con el trabajo de la asociación La Cátedra de Lois. «Era la búsqueda de otro destino auspiciada por un impulso interior de conocimiento», sostuvo el escritor lacianego, para el que las gentes de las montañas, ya sean las leonesa o las «universales», tienen «ese punto de mirada de ir un poco más allá del horizonte de donde uno vive».

Fotos

Vídeos