«Dije que acabaría el parque, y lo voy a conseguir»

Begoña Vázquez, vecina de Arturo Eyries, rematará en una semana el arreglo de una parcela abandonada en su barrio

CAROLINA RUIZ ALONSOVALLADOLID
Begoña Vázquez, en plena tarea de limpieza./ G. Villamil/
Begoña Vázquez, en plena tarea de limpieza./ G. Villamil

Después de más de un mes de limpieza, la plaza de Brasil del barrio Arturo Eyries no parece la misma. Ya no queda prácticamente nada de aquellos hierbajos de medio metro y de los rastrojos que atestaban la parcela. «En menos de una semana ya estará lista», apunta orgullosa Begoña Vázquez Delgado, una vecina del barrio que, «por amor a verlo bien», cogió su rastrillo y su azada y se puso manos a la obra a comienzos de junio. La mayor parte del tiempo, Begoña realiza las tareas de limpieza prácticamente sola, si bien es verdad que últimamente cuenta con la ayuda de su vecino José Comanche y, de vez en cuando, con la de su yerno y su hija. «Todo queda en familia», comenta en tono jocoso. Al principio la ayudaban dos chicos, pero se fueron. «Volví a quedarme sola con las labores», señala con resignación.

«Es una vergüenza», puntúa Comanche, mientras señala la parte que queda por arreglar, y añade molesto: «Nadie hace nada, ni siquiera por los niños, para que tengan un sitio donde jugar, o ya solo por higiene». De todos los habitantes del barrio, solo estos dos voluntarios limpian la plaza.

Los vecinos les animan y les dan la enhorabuena por el trabajo y el esfuerzo realizado, «pero nunca echan una mano», agrega Begoña. Les tildan de «tontos» porque trabajan sin cobrar, pero eso a ellos les da igual, prefieren ver bonita la zona. «También lo hago por salud. Yo ya tengo 62 años y no viene nada mal a estas edades hacer ejercicio», concluye la jardinera voluntaria. Muchos se empeñan en que lo dejen como está, pero Begoña es una mujer perseverante: «Dije que lo acabaría, y lo voy a lograr». Ella hace «lo que quiere», se considera una mujer independiente. Se compromete, además, a cuidar la zona dos horas al día después del trabajo, una vez esté lista la parcela.

Ahora que está de vacaciones, Begoña aprovecha para dedicarse a la parcela más tiempo. En junio bajaba un par de horas a la zona, ahora trabaja sin descanso desde las ocho de la mañana hasta la una. Con su rastrillo y su azada, poda los árboles, arranca las malas hierbas y las acumula en una esquina, hasta que los servicios de Limpieza se acercan a la plaza y depositan un contenedor donde echar las brozas. «Se portan muy bien, cuando les digo que vengan, vienen», dice.

Hormigas

Lo que falta ahora es acabar con las hormigas que habitan allí. Para ello, necesita la ayuda de los servicios de Limpieza, «para que vengan a fumigar los insectos», y a su vez, cubran la tierra con arena para que, finalmente, se haga de una parcela abandonada, un bonito parque. Porque ese es el objetivo de esta vecina de la calle Chile: «Que todas las horas que hemos echado aquí, sirvan para algo», explica Begoña. Y su esfuerzo tendrá sus frutos. Además de la satisfacción de haber llevado a cabo sin prácticamente ayuda la laboriosa tarea de limpiar y levantar todo un parque. Trabajo que ya comenzó su marido, Gregorio Rodríguez, hace veinte años. Por aquellos tiempos ya eran los propios vecinos quienes se encargaban de la limpieza de la parcela.

El terreno es privado de uso público. Por este motivo, el Ayuntamiento no interviene en su cuidado. El mantenimiento es tarea de los propietarios y solo cuando todos ellos se pongan de acuerdo para ceder la parcela al Consistorio algo que aún no se ha conseguido los servicios municipales podrán adecentarla.

Inauguración

En menos de una semana el futuro parque ya estará limpio, y cuando se cubra con la arena, lo inaugurará con una «fiestecilla», lo llenará de globos e invitará a todos los niños del barrio para que disfruten de los columpios. «Que sepan que tienen un parque donde jugar», comenta con ilusión.