Suba a las tablas, rediseñe su realidad

Renace la disciplina escénica del teatro foro, una fórmula que invita al espectador a participar en la resolución de conflictos sociales a través de la interpretación

VIRGINIA T. FERNÁNDEZVALLAD0LID

La perspectiva se pierde cuando, embrollados sin remedio en la espiral de la rutina, se abandona uno a leer en la prensa las malas noticias con la mayor naturalidad, a creer que la injusticia tiene que convivir en la puerta de al lado sin poder hacer nada al respecto. Pero, ¿y si existiera un laboratorio de la realidad donde se pudiera estudiar su ADN para rediseñarla? ¿Y si cualquiera pudiera participar de la mesa de experimentos? El mundo de la escena resucita el teatro foro, una disciplina teatral que permite la participación activa del espectador en la resolución de un conflicto social escenificado.

Nacida en los años 70 en Iberoamérica de la mano del dramaturgo brasileño Augusto Boal, el principio del siglo XXI ha visto renacer en España una herramienta que, si bien no se usa aún de forma habitual, empieza a ser útil para aquellos creadores en el ámbito de las Artes Escénicas que quieren llevar la interacción con el espectador a las máximas consecuencias. Son dos directoras vallisoletanas, que se ganan la vida en Madrid y en el extranjero, las que han iniciado la senda del teatro social en Castilla y León. Laura Presa, cofundadora de La Rueda Teatro Social, y Lucía Miranda, directora de The Cross Border Project, utilizan el teatro foro como actividad regular en su día a día profesional. Las connotaciones sociales y psicológicas que envuelven a la enfermedad del alhzeimer o los estragos de la crisis en las familias españolas son algunos de los temas que abordan sobre el escenario.

El nombre genérico de teatro social engloba varias técnicas destinadas a la participación del público en representaciones de un problema social que afecta a una comunidad. El teatro encuentro es una de ellas: el actor aborda a una persona por la calle, actúa en exclusiva para ella durante unos minutos y se acaba dialogando sobre una cuestión que preocupe a ambos. Y el teatro foro es la variante más popular. Un grupo de profesionales (a veces mezclados con amateurs) realiza la actuación para a continuación dar la palabra al público. La misma escenificación vuelve a empezar, y cualquier espectador puede pararla con una palmada para ponerse en el lugar de un personaje y cambiar el rumbo del guion conforme a lo que él o ella piensa que debería haber ocurrido. El espectador salta de la silla a las tablas, se convierte en espect-actor.

«Lo que propone el teatro foro es abrir un diálogo entre la escena teatral y el público para que tome conciencia de la situación en la que está viviendo y pueda encontrar soluciones viables para combatir un conflicto», cuenta Fernando Gallego (Madrid, 1975), de La Rueda. Durante el espectáculo uno de los profesionales ejerce de moderador en el tramo participativo: «Tal y como planteamos la herramienta conseguimos que sea la gente la que dé su opinión, su versión de cómo entiende la realidad y de cómo puede transformarla sin que nosotros demos una dirección o nuestra opinión sobre cómo tienen que ser las cosas». Lejos de directrices ideológicas, «lo más potente de la herramienta es que permite un proceso horizontal en el cual la gente expresa lo que piensa», especifica Fernando. Asegura que durante el proceso grupal aflora la discusión y la crítica de forma espontánea: «Damos la responsabilidad a la gente de que actúe sin que se sienta dirigida».

Laura Presa Actriz y directora de teatro (La Rueda Teatro Social)

«El sistema español de enseñanza es bastante deficiente»

Afirma que el teatro foro ayuda a los actores a ser más humildes

valladolid. Laura Presa (Valladolid, 1983) es cofundadora de La Rueda Teatro Social, compañía que lleva más de tres años sacando el teatro foro a las calles de España e introduciéndolo en institutos madrileños. En Castilla y León ha participado varias veces en el Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid y es asidua del Laboratorio de las Artes, donde ha coordinado grupos de investigación multidisciplinar sobre la utilidad de las Artes Escénicas para dar visibilidad a problemáticas sociales.

La performance de teatro encuentro Ciudades Nómadas le valió el Premio Estación Norte del TAC en 2012. En la pasada edición del festival La Rueda volvía a Valladolid con Barrios nómadas, el resultado de un estudio de campo sobre las dificultades de integración de la población inmigrante en el barrio madrileño de Lavapiés.

Laura es actriz y trabajadora social. De su experiencia formativa surgió la idea «de aunar en una misma práctica el teatro y la intervención social y educativa». En lo personal el teatro foro le ha ayudado a «bajarse los humos», «a los actores, que solemos tener un ego muy grande, nos hace tener humildad», reflexiona. Todos los casos representados en sus espectáculos parten de hechos reales. Ha colaborado en los últimos meses a través del Área de Cooperación de la Universidad de Valladolid. Con alumnos universitarios trabajó sobre los conflictos en el seno de la educación pública. Pero de todas las variantes del teatro como instrumento educativo lo que más le apasiona, asegura, es trabajar con adolescentes. Los CAI (Centros de Atención al Drogodependiente) les contratan en la Comunidad de Madrid para utilizar el teatro foro en las aulas.

Los jóvenes, «un público maravilloso y muy exigente», participan, cuenta Laura, participan y mucho. «Les decimos: No vamos a deciros cómo se resuelve el problema porque no sabemos cuál es la solución... pero vosotros sí tenéis esa capacidad. Lo que funciona con ellos es que se sienten responsables de cambiar esa situación. Tienen ideas muy buenas y muy creativas. Y la necesidad de ser escuchados».

Si a los adultos les cuesta asimilar la situación general de crisis, a ellos mucho más: «Tienen muchas ganas de cambiar las cosas pero no saben cómo hacerlo. Les hablamos de futuro pero ellos dicen: Me piden que estudie pero toda mi familia está en paro, ¿para qué voy a hacerlo?, se preguntan»

El equipo de La Rueda ha vivido, aseguran, el deterioro del sistema educativo en las aulas: «En estos años hemos notado una clara evolución en los institutos: cada vez hay más alumnos en clase, las problemáticas son más grandes, las situaciones en casa más complicadas», cuenta Laura, quien ha comprobado que «el sistema de enseñanza español en estos momentos es bastante deficiente». Uno de los peligros de restar relevancia a las Enseñanzas Artísticas en Secundaria y Bachillerato, conforme a la deriva del Gobierno, está, según la actriz vallisoletana, en neutralizar vocaciones en chavales conflictivos que encuentran una vía de expresión y aprendizaje en disciplinas como la música, la danza o el teatro. Volver al sistema tradicional, «les mata la creatividad. Se les dice: O eres muy bueno para un trabajo que tiene salida o ni lo intentes».

Lucía Miranda Actriz y directora de teatro

«Sin enseñanzas artísticas se generan individuos menos libres»

Una de sus propuestas se centra en un espectáculo sobre el alzhéimer

valladolid. Con la práctica del teatro foro «nunca sabemos lo que nos vamos a encontrar», dice Lucía Miranda (Valladolid, 1982). Es un reto para el actor porque es el espectador en la segunda parte del espectáculo, el que escribe improvisadamente el guion de la obra y el actor el que tiene que adaptarse al nuevo argumento. Lucía dirige The Cross Border Project, una compañía que no solo emprende proyectos de teatro exclusivamente participativo, aunque en sus montajes nunca deje de lado el prisma pedagógico. Acaban de estrenar su peculiar visión de la precariedad laboral entre los jóvenes españoles a través del cuento de Peter Pan: Perdidos en Nunca Jamás.

Lucía y su equipo son muy activos en la escena internacional. En julio han estado en París, seleccionados por la Asociación Internacional de Teatro y Educación (IDEA 2013) para repreentar a España en un encuentro de jóvenes creadores en el que participaban 45 profesionales de 12 países. Y en Agosto ha marchado a Ecuador para dirigir una versión de Don Juan que se estrenará en septiembre «centrada en la figura de las mujeres y que se vinculará con el contexto del país», adelanta la directora vallisoletana.

Su apuesta por el teatro foro se centra en un espectáculo sobre el alzhéimer (¿Qué hacemos con la abuela?) y en un proyecto en institutos de Rivas-Vaciamadrid, Ejercitar las miradas. Ha impartido también dos talleres para profesionales en el Lava. Lucía corrobora que existe desconocimiento de esta disciplina en España: «Creo que tanto el público como los profesionales desconocen la técnica. Esta primavera nos invitaron desde la Resad (Escuela Superior de Arte Dramático) de Madrid a mostrar nuestra pieza de teatro foro y a hablar de la técnica porque muchos de sus alumnos no la conocían o nunca la habían visto aplicada. Si eso sucede con los profesionales, en el público el desconocimiento es, claro, enorme».

Aunque al principio el formato impone la gente siempre acaba respondiendo: «No cuesta que el público se lance a participar. En ¿Qué hacemos con la abuela? hablamos de un problema que todos hemos vivido de cerca: el reparto de las responsabilidades en una familia al tener un anciano con alzhéimer u otra enfermedad que le impida ser independiente. Tristemente, casi todo el mundo en el público ha vivido una situación así, y la obra está hecha para que la abuela en cuestión, pueda ser la abuela de cualquiera, es una silla en la que el espectador siente con la imaginación a la persona que quiere», expone Lucía. «El público ha planteado todo tipo de soluciones, pero suele primar el intento de diálogo», añade.

También para Lucía el trabajo con los más jóvenes resulta estimulante y necesario: «Creo que en España hay una falta enorme de herramientas y espacios de participación de la juventud. Pero nuestros jóvenes tienen muchas ganas de hacer y de decir, sólo hay que dejarles. El teatro foro es estupendo para eso: ellos eligen el tema de la historia, ellos la escriben y ellos la interpretan delante de un público que participa en la resolución del conflicto».

La actriz y directora vallisoletana es también crítica en lo relativo a las políticas en educación. «Restando peso a las Enseñanzas Artísticas el Gobierno sólo genera individuos menos libres y críticos.

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