In Crescendo suma colores

La Orquesta del Colegio Allúe Morer estrena composiciones propias y coro en su concierto de fin de curso, bajo la dirección de Benjamin Payen

VICTORIA M. NIÑOVALLADOLID
La orquesta In Crescendo, dirigida por Payen. / H. SASTRE/
La orquesta In Crescendo, dirigida por Payen. / H. SASTRE

«Hemos crecido y habéis crecido», así lo decía ayer Benjamin Payen, el director de la orquesta In Crescendo, formada por músicos del colegio Allúe Morer. En el escenario más de cien músicos, y el patio de butacas de la sala sinfónica cubierto en tres cuartas partes. Ya no caben en la de sala de cámara. El proyecto ha calado tanto en el colegio que han sumado a los nuevos músicos a través de un coro. Y en un ejercicio de generosidad artística, los jóvenes maestros de la cuerda cedieron protagonismo a las voces dirigidas por su profesora de música, Cristina. Los instrumentistas siguen vistiendo camiseta blanca, los profesores negra y los cantantes, de colores.

El escenario más grande del Auditorio Miguel Delibes acogió su tercer concierto que tenía un audiovisual como hilo argumental. Los niños fueron los narradores de un viaje que partía de su colegio y llevaba a África, Europa y América. Los dibujos sobre los que han trabajado este curso se iban proyectando. La encargada de la composición, arreglos y guion, una violinista venida de Londres, Alice. Y al viaje se unía las respuestas que han ido encontrando los alumnos al ¿para qué sirve la música?

Casi treinta músicos profesionales de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León asistieron a su homónima del Allúe Morer. Y también se sumaron Debussy, Rossini o Puccini, entre otros compositores.

La primera canción narraba los deseos de sus intérpretes para cuando sean mayores: a los policías, videojuegos, futbolistas o peluqueras le sucedió el loable propósito de trabajar para lograrlo. Dos jóvenes contrabajistas se prepararon para el traslado a África. Más pizzicato que arco para luego ir hasta Italia. El coro cantó guiados por el viola Harold Hill interpretó una melodía de 'Madame Butterfly'. El respetable fue invitado a coger un avión para cruzar el Atlántico donde se desarrolló la fiesta de la percusión para acabar cantando y bailando una samba en plena Copacabana. César, el pequeño maestro del ritmo, volvió a sentarse a la tabla.

El concierto estaba dedicado a Chema, un profesor del colegio que se jubila, pero también a todos los que hacen posible cada año este milagro educativo y musical. Benjamin Payen tuvo agradecimientos para todos. El público mostró su gozo con aplausos y bravos y se llevó contestada la pregunta de para qué sirve la música.

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