Premios al alma periodística

La Diputación de Valladolid entrega el premio de periodismo de la provincia al fotógrafo de El Norte Gabriel Villamil y a título póstumo a Pablo Crespo, corresponsal del diario en Villalón

A. G. ENCINASVALLADOLID
Los premiados posan con su placas junto al presidente de la Diputación. MIGUEL ÁNGEL SANTOS/
Los premiados posan con su placas junto al presidente de la Diputación. MIGUEL ÁNGEL SANTOS

No se concibe el buen periodismo si no es con la suela gastada, la mirada escéptica pero alerta y el instinto avizor. Características que confluyen en dos de los protagonistas de los Premios de Periodismo de la Diputación de Valladolid: el corresponsal y el fotógrafo. PabloCrespo, mención especial a título póstumo, era de los primeros. Gabriel Villamil es de los segundos.Los dos, parte del alma periodística de El Norte de Castilla.

Un alma que se forja con el paso de las generaciones, de los becarios adosados a los veteranos, como un día lo fue Gabriel Villamil pegado a Luis Laforga, que ayer prestaba su nombre al premio de fotografía, su último servicio al periodismo. «Estoy contento porque es un reconocimiento al trabajo que he hecho, pero sobre todo porque el premio se llama Luis Laforga, que ha sido uno de mis maestros en la fotografía, y además me lo ha entregado su hijo, Diego, también periodista, y estaban allí sus padres». El círculo no se cierra. Se perpetúa.Porque allí estaban también, junto al resto de su familia, sus padres, su suegra, su esposa... Sus hijas, Lucía y Gabriela. Si Diego heredó el gen periodístico, ellas tienen ya el ojo hecho a la cámara.

«Los amigos no están para dar consejos, están para ayudar», le repetía Luis Laforga a Gabriel Villamil cada vez que este, becario, le pedía que le dijera un buen truco para cazar esa verónica o ese natural en los toros. «Era el mejor en fotografía taurina», se justifica Gabriel Villamil.

Quizá la herencia periodística de la que bebió PabloCrespo pudo tener una raigambre distinta, pero igualmente sólida. La que forjaron, en los inicios de El Norte de Castilla, los corresponsales de los pueblos con sus informaciones agrarias. Corresponsales que, como dijo Jesús JulioCarnero, quizá carecieran de formación periodística, pero representan a la perfección el alma de este oficio. Encontrar la noticia, contarla y, de ese paso, servir a la sociedad en la que viven.

Su esposa, Valentina, apenas pudo articular un emocionado «gracias».

Ayer los premiados se pusieron el traje de gala y la cara de satisfacción por el reconocimiento.Hoy, el oficio sin memoria les devolverá los zapatos de suela gastada, la mirada escéptica pero alerta y el instinto avizor.Así debe ser.