Felipe López Salán: «He vivido de los niños»

Empezó iluminando libros para que los escolares españoles aprendieran inglés y ahora los estudiantes anglosajones aprenden español con sus dibujos

VICTORIA M. NIÑOVALLADOLID
Felipe López Salán en el estudio de su casa en Navarredondilla (Ávila). / El Norte/
Felipe López Salán en el estudio de su casa en Navarredondilla (Ávila). / El Norte

No quería estudiar y se ha ganado la vida con la enseñanza. Felipe López Salán (Valladolid, 1948) dibuja desde hace tres años mirando las montañas de Gredos. «Me ha costado 60 años», dice.

Antes de firmar en casi todas las editoriales dedicadas al libro de texto y en buena parte de las de literatura infantil, Felipe trabajó en Miñón. «Era una editorial pequeña, nos dedicábamos a los christmas y felicitaciones. Luego también a la reproducción de láminas de arte. Todo aquello me sirvió para adquirir conocimientos técnicos de fotomecánica e impresión que me han venido bien para otros trabajos». Poco después «empecé a desarrollar mi vocación, el dibujo, lo que me ha dado de comer. Me lo he pasado bien, he vivido de los niños. Este trabajo me ha permitido conocer gente y recluirme a trabajar, no tener que estar en la calle, luchando».

También le ha puesto fácil aprender inglés, pero reconoce con «vergüenza» que «me han pagado bien por los libros en este idioma» pero no quiso pasar del dibujo. Primero ilustró para alumnos españoles y ahora lo hace para que los anglosajones aprendan español. «Tampoco he necesitado aprenderlo. Gracias a los medios de hoy en día es fácil reunir la documentación necesaria para lo que quieres hacer. En este caso se trataba de rebuscar en la cultura de Estados Unidos porque es un libro para ellos. También me ayuda la experiencia ya que, como la mayoría de los dibujantes de mi edad, bebíamos de la los ilustradores estadounidenses al comienzo. Eran los que marcaban la pauta, sobre todo en libros para niños». Acaba de publicar en EE UU 'Los consejos del pato', de McGraw-Hill.

Sus dibujos para 'Jack and the beanstalk' (2006) llegan ahora al mercado chino, donde ya está su nombre en otro cuento de hadas.

López Salán, que está embarcado en 'La nave de los libros' (Santillana, 3ºy 4º de Primaria), iluminó la 'Antología del humor español' (Oxford) o cuentos como 'El mundial más raro del mundo', de Carlos Peramo (Edebé), 'Genaro y el misterio de la mochila verde', con texto de Mar Guerra en Anaya, o '¡Sorpresa! Grandes cambios en tu vida', un libro educativo para la editorial mexicana Protege tu corazón.

Aunque se acaba de «dar la jubilación» no piensa en dejar de trabajar mientras pueda. «No puedo vivir sin dibujar. Mis nietos me piden 'píntame un castillo', me lanzo y se lo hago». Hay otro extremo que le ha permitido dedicarse solo a dibujar. «Trabajo para Sandra, mi hija, que es la que se traga los marrones, la que se echa a la calle, busca el trabajo, la que tiene que marcar precios, hacer la labor de apostillado, aguantarnos a los dibujantes y a los clientes. Es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, que sea mi hija y se haya dedicado a esto». Sandra es la mitad de la primera agencia de ilustradores de España, Pencil, con Ángel Domingo.

López Salán también se siente deudor de la evolución tecnológica. «El ordenador es un lápiz muy poderoso con el que hacer casi todo y te da mas posibilidades. Me sigue gustando la sensibilidad del lápiz y plumilla sobre el papel, pero cuando quiero hacer algo en papel, luego lo digitalizas y haces lo que quieres con ello».

Artísticamente reconoce que estos medios «permiten perfeccionar más el trabajo, hacer los dibujos con más calidad, más limpios, mas transparentes, más frescos. Los dibujos antes perdían mucho con la acuarela porque la impresión era peor. Había un abismo entre lo que hacías y lo que salía. Ahora lo que veo en pantalla es lo que con poca diferencia veré en los libros».

La conexión con el mundo la mantiene a través de Internet, «puedo trabajar con una editorial de EE UU, Brasil o Cuba desde mi pueblo».

Si en los libros de enseñanza las pautas están muy claras, el editor le pide el número de dibujos, lo que deben incluir y su tamaño, la ilustración literaria es otro cantar. «Ahí a los ilustradores nos pasa como a los actores. Hay guiones que se adaptan más a tus gustos y pensamiento. Pero la profesión y la experiencia te ayuda a salir del paso. En la 'Antología del humor español' que recorre todos los siglos lo pasé mal. Me encontraba descolocado, pero al final pude con él».

Durante su carrera ha visto cómo el nombre del ilustrador crecía en las portadas. «Los ilustradores éramos segundones, los pintores eran los ricos del oficio con varios peldaños de distancia. También éramos los hermanos pobres de los guionistas. Pero eso también ha ido cambiando».