Ligero descenso de ventas y aún más acusado de público en la Feria del Libro

Los libreros echan de menos el aire libre, mientras que consideran positiva la programación

V. M. N.VALLADOLID
Un transeúnte camina al lado del auditorio de la Feria./ RAMÓN GÓMEZ/
Un transeúnte camina al lado del auditorio de la Feria./ RAMÓN GÓMEZ

Cada uno cuenta la feria según le fue en ella, pero sí parece que hay un sentir general: ha habido poco público en la 46ª Feria del Libro de Valladolid. La crisis y la adversidad climatológica pueden explicar la menor afluencia para los profesionales.

Aún está abriendo cajas y no le ha dado tiempo a hacer números pero la impresión de Ana García Allue, librera de En un bosque de hojas, es que no ha cumplido sus expectativas. «Quizá esperaba demasiado», dice quien se ha estrenado este año como ferianta. «Me ha supuesto un gasto extra ya que tenía allí a dos personas y seguía la librería abierta además de mucho esfuerzo físico». No le ha gustado la ubicación, «por ser cerrada» pero tiene un año para considerar la próxima edición.

El editor de El Gato Gris, José Noriega, se sabe a la contra, porque a él sí le gusta la cúpula. De hecho ha venido a las dos últimas ediciones de la Feria «porque había techo. Mis libros se exhiben en la Biblioteca Nacional con temperatura y humedad regulada y no puedo pasar de eso a la solana». En cuanto a la ausencia de colegas «me parece que libreros y editores no reconocen que está pintando mal para el sector, que quizá no haya dinero para pagar a los trabajadores que abran el estand». En cuanto a público considera que «ha sido muy irregular. Los días de frío hubo poca gente. El 1 de mayo no se podía parar de gente y en general, como en El Corte Inglés, mucho personal pero pocos con bolsas». Dice que no le han ido mal los números, «he vendido como en 2012, uno 3.000 euros que para mí es mucho dinero». Para el 2014 propone una reflexión: «La feria tiene que cambiar. Aquí viene a vender todo el mundo; el Ayuntamiento su imagen, ustedes información y nosotros, libros. También el intelectual viene a venderse y es el único que no paga. ¿Por qué la tropa paga y los sargentos de la cultura no?».

Iris Riballo, directora de la Casa del Libro de Valladolid, celebra «la programación, porque hemos tenido autores de gran nivel y muy variado. Eso nos pone contentos. Pero han caído las ventas y la afluencia de público. Creemos que es debido a la crisis y a la adversa climatología, pero los resultados son peores». La Casa del Libro participa en las ferias «por filosofía, es una oportunidad de ofrecer algo distinto, de acercarnos a públicos que no van a la librería y de integrarnos en la vida cultural de la ciudad».

Los árboles, eso es lo que echa de menos Lola Tejada, de El Lobo feroz, una librería especializada en público infantil. Este ha sido su segundo año en la Feria. «No he hecho números pero calculo que un poco peor. En la cúpula cuando hace frío la gente no va y cuando hace bueno se queda fuera. En el Campo Grande al menos hay paseantes, a mí no me importa pasar frío, me abrigo y trabajo. Si queremos que el público acuda, hay que darle facilidades».