Guardia Civil y Policía acumulan 78 denuncias de personas desaparecidas

Solo en una decena de casos las familias han autorizado la publicidad del caso

EL NORTEVALLADOLID

Los archivos de la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía acumulan en Castilla y León las denuncias de familiares de 78 personas desaparecidas en los últimos años, algunas tramitadas en la década de los 70 como el caso del zamorano de Antonio Fernández Río, natural de Losacio de Alba (Zamora), que desapareció en junio de 1974 a su regreso del servicio militar en Melilla y cuya fotografía aparece en la página web de la Guardia Civil.

Aunque las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no dan ninguna desaparición por cerrada, la realidad es que el paso del tiempo lleva, inexorablemente, al olvido de la mayoría de los casos y a que su resolución no tenga ningún final. De todas formas, algunas familias se resisten a perder la esperanza y recurren a algunas de las asociaciones privadas que se dedican a difundir los casos por Internet con la confianza de que alguien pueda aportar alguna pista.

Desde la puesta en marcha en España en enero de 2010 de la base de datos de personas desaparecidas y cadáveres sin identificar, hasta el pasado mes de enero, los cuerpos policiales recibieron un total de 29.607 denuncias por desaparición, de las que se resolvieron más del 92%, según confirmó hace unos días en el Senado el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Pero a pesar de este alto porcentaje, según SOS Desaparecidos, en España se contabilizan unos 14.000 casos sin resolver desde los años 70.

Virginia y Manuela

Sin lugar a dudas, y aunque ya han pasado más de 20 años, el caso con más repercusión mediática en Castilla y León fue el de las niñas palentinas Virginia y Manuela, desaparecidas la tarde del 23 de abril de 1992. Vecinas de Aguilar de Campoo, aprovecharon la festividad de la Comunidad para viajar en tren hasta la localidad cántabra de Reinosa. A última hora de la tarde se las vio haciendo autoestop para regresar a sus casas y, según algunos testimonios, pudieron haber sido recogidas por un automóvil de color blanco, pero nunca más se volvió a saber de ellas. Como si se las hubiese tragado la tierra, desde entonces no ha habido pistas sobre qué sucedió aquel fatídico día.

La Guardia Civil hizo indagaciones en Francia, donde el padre de Manuela trabajaba de guarda de seguridad en unos grandes almacenes, pero sin ningún éxito. Los agentes hablaron con vecinos de la zona donde las muchachas fueron vistas por última vez, pero nadie fue capaz de facilitar un dato que permitiera aclarar qué fue de ellas. En octubre de 2001 se encontraron dos cráneos en el embalse de Requejada, pero tras las pruebas de ADN, se conoció que las calaveras llevaban allí desde la Guerra Civil.

El abogado palentino Luis Antonio Calvo, que junto a su compañera Margarita Calle se personaron en el caso en nombre de la asociación Clara Campoamor, confirmó que judicialmente el caso lleva cerrado desde 2006 y recuerda que ninguna de las líneas de investigación abiertas dio resultado. «Para aquella época fueron muchos los medios materiales que la Guardia Civil empleó en la investigación, especialmente en el registro infructuoso de muchos de los pozos de la zona, donde se sospechaba que podían encontrarse los cuerpos. Desgraciadamente, a medida que pasaba el tiempo la hipótesis del asesinato era la que más fuerza cobraba entre los agentes, a la vez que se perdían las esperanzas de resolver el caso».