La artesanía llega a las aulas del Instituto Zorrilla

Diez artesanos de Valladolid enseñan a los alumnos cómo aplicar a sus oficios las asignaturas que se les imparte

CARMEN DURÁNTEZVALLADOLID
Carlos Jimeno ayuda a uno de los estudiantes en el taller de cerámica / H. SASTRE/
Carlos Jimeno ayuda a uno de los estudiantes en el taller de cerámica / H. SASTRE

El Instituto Zorrilla ha contado con un grupo de profesores muy especiales. Diez artesanos de la ciudad han impartido nueve talleres a los alumnos de segundo y tercero de la ESO con dos objetivos principales, diferentes pero con un fin en común: la motivación del alumno. El primero de ellos era que los estudiantes conocieran una alternativa laboral que no implica necesariamente que pasen por la universidad. El segundo, que supieran que los conocimientos que adquieren día a día en las aulas son fundamentales para desempeñar cualquier oficio.

Y es que los alumnos del Zorrilla han comprobado cómo las matemáticas son necesarias para calcular las proporciones en el taller de muebles y pintura; la plástica es aplicable en el de textil; la física y la química, en el de aromaterapia, o la historia, en el de instrumentos musicales.

«Ven que no es hacer solo una manualidad, que la artesanía tiene unas técnicas y necesita unos conocimientos», explicaba Cristina Maudes. Esta artesana experta en floristería y aromaterapia ha sido la encargada de organizar esta iniciativa desde la Asociación de Madres y Padres de Alumnos.

«Nos comentaron el desánimo que hay por parte de los alumnos y de los profesores por la situación social y me puse en contacto con la Asociación de Artesanos de Valladolid para echar una mano, porque esta rueda está muy parada y tenemos que empujar todos en la misma dirección». Y así ha sido. La actividad comenzó el pasado ocho de febrero, cuando los artesanos acudieron a las clases del IES Zorrilla para ofrecer unas charlas a los alumnos en las que «presentaban en qué consistía su trabajo», tal y como comentaba Ana María Villagrá, la directora del centro. Después los propios estudiantes se apuntaron en uno de los diez talleres que se ofrecían: textil, grabado, joyería, instrumentos musicales, cuero, pintura y muebles, relojería, cerámica o aromaterapia.

«Me siento guay»

Una vez formados los grupos llegó el momento de llevar a la práctica lo escuchado en las charlas y estos 178 alumnos dejaron a un lado durante dos horas las clases tradicionales.

A cambio, Cristina Maudes les ha enseñado cómo hacer un saquito de plantas secas para el armario; Julio Arribas, maestro de instrumentos musicales, les ha explicado cómo fabricar una sonaja, una zambomba, unos carajillos y unos mirlitones; con Mundo Carretero y su hija Raquel joyero y gemóloga han aprendido a hacer el colgante bautizado como 'Lágrimas de San Lorenzo' y María Jesús Hernández, artesana de textil, les ha mostrado cómo crear pulseras de macramé, donde el motivo con más éxito «son las calaveras». Cada uno de los diez artesanos ha compartido con los jóvenes su saber y su experiencia.

Y la respuesta de los chicos ha sido la esperada. Escuchaban atentos las explicaciones y no dudaban en ofrecerse voluntarios cuando, por ejemplo, se les proponía «desguazar y montar de nuevo» un reloj. Pero la reacción que mejor explica cómo han vivido los estudiantes esta actividad se ha producido en el taller de cerámica, cuando una de las alumnas ha asegurado espontáneamente: «Me siento guay».