¿Qué idioma hablan los espíritus de nuestros familiares fallecidos?

La médium Anne Germain emociona a sus devotos con su show en el teatro Zorrilla

A. CORBILLÓNVALLADOLID
Anne Germain durante su espectáculo. / Ricardo Otazo/
Anne Germain durante su espectáculo. / Ricardo Otazo

Lo primero que uno se pregunta al acudir al espectáculo de mediación con los espíritus ausentes que ofrece la mentalista Anne Germain es por el idioma que hablan los que ella llama continuamente «los que partieron». Es decir, nuestros muertos. La 'showoman' británica abrió ayer en el teatro Zorrilla dos jornadas dedicadas a dejar que los espíritus fluyan a través de sus poderes para comunicarse con sus seres queridos que siguen aquí. Y que pagaron entre 30 y 80 euros (según su butaca) para participar en esta especie de 'casino del más allá'. «Todo el mundo puede ser elegido, esté donde esté», advirtió su presentador y ayudante, César Gil.

Germain, que se dirige a su auditorio a través de una traductora, logró ayer, en sesión doble, que los espíritus castellanos ausentes transmitieran sus mensajes aalgunos de los que pagaron su entrada para recibirlos. «No te puedes agachar o esconder advirtió de entrada. Si los espíritus quieren que os encuentre, lo haré». Mayoría casi absoluta de mujeres entre las devotas de la medium, que fue seleccionando entre las butacas e incluso los palcos a aquellas personas sobre cuyo alrededor había «una luz o una señal» de que alguien quería hablarles.

Así, y durante más de dos horas, el mismo esquema repetido una y otra vez. Una persona, casi siempre mujer y acompañada, a la que se pide que se ponga de pie porque las fuerzas errantes así se lo han indicado. Fue el caso de Victoria y Mari Paz, pero también el de Rosa, Bibi, Marian y Pablo... En todos los casos, Germain maneja el ritmo como si fuera un suave masaje. Muchas palabras, pocos detalles demasiado precisos. «Os pido paciencia por si estoy confundida para saber con quien quieren hablar (los espíritus)». «Hay muchos que me gritan a la vez».

La mente de Anne Germain trata de ubicar parentescos. «Podría ser una madre o una abuela», «hay una vibración de alguien joven... o tal vez tiene una personalidad joven». El suave discurso de la médium, el foco de una cámara que proyecta el rostro de los elegidos en una gran pantalla, y la inevitable impresión y confusión de quien busca la conexión entre las palabras y su propia historia familiar o personal, llevan las lágrimas a los rostros. Que algunas personas nieguen con la cabeza, mientras otras hacen lo contrario y asienten como si supieran quién les está hablando desde el más allá, parece perder importancia.