«Interpretamos el texto, no somos escribanos que dibujan al dictado»

Noemí Villamuza ilustra los cuentos de los Grimm 'que no están en los libros'

VICTORIA M. NIÑOVALLADOLID
Noemí Villamuza. / J. RUIZ/
Noemí Villamuza. / J. RUIZ

Tres lustros dibujando, 35 libros tras de sí y un trazo característico. Acaba de publicar 'Un ángel travieso', con Ignacio Sanz (Narval), para niños, uno de los Grimm para mayores y su trabajo cuelga en el Patio Herreriano. Noemí Villamuza (Palencia, 1971) prepara el salto al álbum sin texto.

Llega a las librerías sus ilustraciones para 'Hermanito y hermanita y otros 16 cuentos que no están en los libros', de los hermanos Grimm en Nórdica. No son cuentos infantiles, ¿cómo trabaja para ese público indefinido?

No es mi registro más habitual pero no me resultó complejo porque ya he hecho tres títulos más con ellos dos novelas de adultos y otro histórico de regusto nostálgico. El editor me da libertad. Trabajar en blanco y negro es un primer paso para conseguir el tono. Como remite al pasado, la austeridad del blanco y negro nos lo acerca. Son unos cuentos que me dejan un poco descolocada porque algunos están como sin cerrar, con una estructura narrativa extraña, los hay inacabados y barrocos. Leyendo y releyendo llegué al punto en el que podía hacer pequeñas metáforas visuales. Algunos contienen moralejas, locuras, amenazas, hay dos o tres que me daban miedo, tenían algo oscuro. Lo que ha surgido del trabajo es algo curioso porque el editor quería colofones a pie de capítulo, como un cierre, como las siluetas victorianas. Por eso envié dibujos pequeños, tamaño sello. Pero le gustaron tanto que quiso darles otro protagonismo, por eso los amplió.

¿Qué le resulta más natural ilustrar para niños o para adultos?

Me manejo en los dos registros porque ya he madurado. Hace diez años posiblemente me hubiera sentido más cómoda en el lenguaje infantil, pero después de trabajar en siete títulos para adultos, colaborar en prensa, me resulta cómodo trabajar sin color y es un lujo poder ilustrar a otros autores.

¿Vive su trabajo como el acompañamiento de textos o le confiere un lenguaje propio?

Creo que hay autores, entre los que incluyo al ilustrador como creador de imagen. Es verdad que sin un escritor el libro no existe en el 90% de los casos. Quizá para los niños la imagen sea protagonista porque forma parte de un primer aprendizaje a través de lo visual. Creo que la ilustración es algo más que el acompañamiento de un texto. Cada ilustrador tiene una mirada y sirve de intérprete. Los cuentos de los Grimm vistos por otro ilustrador hubieran tenido una atmósfera distinta. Sí, acompañamos, pero también aspiramos a crear una interpretación y una opinión.

¿Por qué utiliza siempre lápices en blanco y negro?

Hay muchos ilustradores con técnicas en las que prima el color, autores que trabajan con guache, temperas, acuarelas, o en su traslación digital, buscando esos efectos. Son mas pictóricos los que trabajan con mancha, cuentan con el recurso del color. Yo soy negada para trabajar con técnicas de pincel, me comunicó con lápiz y papel. He aprendido a retocar, añadir colores con el ordenador, pero para mí el color es un añadido, me cuesta integrarlo. Lo mío es muy dibujístico. A través del blanco y negro me acerco más al lector, juego con las mismas cartas que el autor.

Su primer cuento ilustrado fue Premio Nacional de Literatura Infantil (1999) y luego han seguido los galardones ¿le ayudaron a hacer de la ilustración su oficio?

En realidad lo que me ha servido ha sido ir enlazando unos trabajos con otros. Los premios dan prestigio y alegría pero a la hora de la verdad es más el 'feedback', la comunicación con editores lo que hace que sigas manteniendo el trabajo y te vaya mejor. El resultado que sacas de una literatura que te envían puede determinar que funcione libro. Hay editoriales que cada año me proponen un pequeño gran texto, también escritores que me llaman, aunque con ellos es más lento. Hay que mimar el álbum, buscarle un novio para que salga a la luz. Intentar hacer un buen trabajo es el verdadero éxito. Los premios van por rachas. Lo que da la clave del éxito es notar que estas en librerías y bibliotecas, en las tiendas ves si tus libros están vivos.

Sus dibujos suelen tener un encuadre metonímico y privilegia el gesto, la expresión humana.

Me expreso a través de la figura humana, me gusta tomar apuntes en el metro, en el tren, en la calle, de las fisonomías, los gestos y me parece que el cuerpo es muy plástico, que tiene mucha comunicación. En cuanto a la metonimia, suelo extremar la composición y la situación. Me gustan esas expresiones, son una manera de contar algo del texto sin explicitarlo. En cuanto a la ambientación, obedece un poco a una tendencia al anacronismo, a la atemporalidad, utilizo vestuarios que no corresponden a ese tiempo, atmósferas impropias, porque me gusta que el dibujo tenga algo de onírico, de locura, de irrealidad.

¿Cómo es su relación con los autores de textos?

Trabajo con muchos escritores que no conozco y aunque suene antipático, eso es bueno. Él ha parido su pieza que ha pasado el filtro del editor y luego me toca a mí. Esa es la vía que me gusta, el texto pensado para una colección y el editor te lo da porque cree que puedes describirlo bien. Me gusta así porque es una voz silenciosa, hablo con el escritor sin que me diga nada, solo a partir de lo escrito. Cuando conoces al escritor, a mí por lo menos me pasa, se produce la interferencia terrorífica de lo que ellos creían, el perro lo imaginaron de tal raza y tú lo has hecho de otra. Y se ve la falta de generosidad y la visión estrecha del asunto. No somos escribas que dibujamos al dictado, interpretamos. Por otra parte, cuando conozco a los autores en talleres o presentaciones, es agradable. Luego hay otros escritores cercanos, amigos, con los que busco cómo dar salida a algún trabajo juntos. Esos son cómplices y te dejan hacer.

Como profesora, ¿en qué se diferencia el panorama de la ilustración de cuando empezó usted al que encuentran sus alumnos?

Tuve la fortuna de empezar en la ilustración infantil cuando estaban los primeros brotes de la industria nacional. Fue una gozada poder subir a ese carro cuando había muchos editores receptivos con buenas presupuestos. Ahí se dieron iniciativas con mucho poderío como Kókinos, Mediavaca, Kalandraka, en torno a 1998-9, intuyeron lo que llegaba con el crecimiento editorial y hubo una gran oportunidad para los libros ilustrados. De aquellos lodos estos barros, ha habido un 'boom' . Ahora hay una enorme cantidad de oferta formativa, de cursos, academias, escuelas, propuestas para gente ávido de aprender ilustración. Hace ocho años, cuando empecé a dar clase a gente especializada, primero me dediqué a todo hasta poder centrarme en la ilustración editorial. Entonces había mucha gente con ganas de trabajar ya. Ahora veo que muchos alumnos hacen formación como complemento, son personas que no son futuros ilustradores, sino que abrazan el dibujo como elemento comunicativo o refuerzo para otras disciplinas.

Participa del proyecto 'Patria común. Delibes ilustrado', que se expone en el Patio Herreriano. ¿Le gustó ilustrar a un paisano?

Me propusieron el proyecto y dije que sí sin pensarlo. Era una belleza hacer algo así para la Fundación Delibes. Trabajé sobre el texto de 'El camino', sobre una secuencia que me parece muy bucólica que me despierta ternura. Lo abordé por el lado de la metáfora poética, dibujé a un niño que sale de un cántaro tumbado lo que llevó a varias conversaciones con la maquetista . Estaba bien en horizontal porque simboliza a un niño que está soñando dentro del cántaro y el texto habla de la niña que imagina. Era como el germen de femineidad, el cántaro es el útero materno.