El mecenazgo de tiendas y empresas salva con 60.000 euros el anuario cultural de Pintia

La captación de medio centenar de apoyos garantiza su publicación durante tres años

JESÚS BOMBÍNVALLADOLID

La crisis arrolla pero hay quien consigue ponerse en pie con aires de heroicidad redoblada cuando se trata de sacar adelante un proyecto cultural. Porque convencer a alguien de que destine dinero a fines culturales y garantizar en estos tiempos 60.000 euros para un proyecto es algo más que un símbolo. Y eso es lo que ha logrado el Centro de Estudios Vacceos Federico Wattemberg de la Universidad de Valladolid, impulsor del yacimiento vacceo de Pintia, en Padilla de Duero. Con tesón, sus miembros han persuadido a medio centenar de tiendas, bodegas y empresas de la zona y de Castilla y León para recabar apoyo económico (20.000 euros este año, otros tantos para el que viene y la misma cantidad para 2013) y llevar a la imprenta las cien páginas del anuario 2011, el quinto número anual que han conseguido sacar desde 2007.

Se trata de la publicación 'Anuario Vaccea', en la que hacen divulgación arqueológica de Castilla y León y dan a conocer los hallazgos de las excavaciones que desde hace más de treinta años llevan a cabo en las 125 hectáreas del yacimiento vacceo del siglo IV antes de Cristo, todo un envite por la difusión científica plasmado en una tirada de veinte mil ejemplares.

La ilusión del colectivo pintiano implicado en la resurrección cultural de esta zona arqueológica y de media docena de empresas que pagaban por anunciarse grandes bodegas y cajas de ahorro han venido haciendo posible desde sus inicios la revista. «Corrían tiempos de vacas gordas, era fácil encontrar un anunciante que contrataba una página completa y con cuatro o cinco se sacaba adelante», recuerda Carlos Sanz Mínguez, director del Centro de Estudios Vacceos Federico Wattemberg. Nada que ver con la estrechez rampante del momento, con las empresas haciendo malabarismos contables. «Parecía casi imposible que el quinto número de la revista llegase a imprenta. Algunas empresas se echaban atrás y alguna caja implicada en programas educativos se ha desvinculado del proyecto», cuenta Sanz Mínguez. Tocaba asumir la muerte del anuario vacceo o buscar otra estrategia; en resumen, otro modo de captar dinero. Y la fórmula elegida fue segmentar la publicidad, espacios más pequeños, y acudir a muchas más empresas y anunciantes a través de la firma de convenios que garanticen su respaldo durante tres años con aportaciones que van desde los 125 a los mil euros para cada anualidad.

Este mecenazgo ha concitado el apoyo de tiendas de ropa, de antigüedades, bricolaje, carnicerías, cooperativas de agricultores, bodegas, alguna constructora y no faltan alguna ferretería, joyería, vivero o comercio de mascotas y quesos. Pero el éxito tiene origen en algo más que un simple cambio de estrategia. La fórmula para implicar a los dueños de estos negocios poniendo una suma de dinero pasa, según Carlos Jimeno, encargado de tratar cara a cara con cada una de las personas que está al frente de estos negocios, por contagiar entusiasmo. «Cuando les explico la economía que tenemos, sin apoyo de administraciones públicas, que vivimos de las visitas guiadas, y que el futuro de Castilla y León no puede sustentarse en Renault, ni en una agricultura subvencionada, y que tenemos un patrimonio cultural con una joya como este yacimiento, donde hemos datado los primeros vestigios de producción de vino en la Península Ibérica... cuando cuento todo eso y les digo que pongan o no pongan el anuncio yo les hago una visita guiada para que conozcan el yacimiento, ahí se les llega al corazón y ven que esto es cosa de todos, que entraña un potencial de riqueza increíble».

Hay quien no necesita convencerse de ello. Ciertas bodegas y hoteles de la zona aprecian el anuario y ofrecen su colaboración porque están interesadas en que Pintia se potencie, comenta Carlos Sanz. De hecho, tienen comprobado que sus clientes buscan algo más que enología y un rincón confortable y paisaje en la Ribera del Duero. «Quieren actividades paralelas, lugares que ver, y cuando recalan aquí se sorprenden por la magia de un entorno que guarda más de 60.000 enterramientos vacceos, una muralla de más de un kilómetro con muros de siete metros de espesor, la zona alfarera de Carralaceña.... vamos que no imaginaban un lugar así», resume Carlos Jimeno, satisfecho también del cambio operado en buena parte de los agricultores de la zona, que ya no ven el patrimonio arqueológico como un freno a su actividad y tienen, salvo desgraciadas excepciones, una actitud colaborativa: «Les pregunto cuánto ganan con una hectárea de cultivo en un año y me dicen que unos 600 euros. Y yo les respondo que eso lo sacamos con un autocar con visitantes, que aquí hay una riqueza inmensa que es de todos».

Esta visión ha calado entre ciertas tiendas, empresas y sector hostelero que han decidido apostar cada una en la medida de sus posibilidades por la supervivencia de un anuario vinculado a un yacimiento de hace 2.400 años... y también, en cierto modo, por la suya.

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