Cristina Peri Rossi: «'Habitaciones privadas' es un libro antisistema»

La escritora celebra cincuenta años de trayectoria con una selección de relatos sobre la soledad

ANGÉLICA TANARROVALLADOLID
Cristina Peri Rossi lee un libro en su casa de Barcelona. / Salas/
Cristina Peri Rossi lee un libro en su casa de Barcelona. / Salas

No esconde su edad, 70 años, (nació en Montevideo, Uruguay en 1941) y casi se diría que presume de ella, pues a menudo la saca a relucir. Tampoco oculta sus achaques de salud «justo cuando salió el libro estaba en el hospital con una grave infección pulmonar y esta vez sí me di un susto» y habla deprisa, torrencialmente, con ese acento uruguayo trufado de términos porteños que conserva a pesar de los años que lleva vividos en España. De forma continuada desde 1976, después de dos exilios: el que le hizo cruzar el charco huyendo de la dictadura militar de su país, y el que le obligó después a abandonar Barcelona por París en plena dictadura franquista. Cuando descuelga el teléfono en su casa de Barcelona, la primera información que emite tiene que ver con el tiempo. «Hace un calor tremendo», lanza como un disparo, y luego la conversación fluye sobre los temas que le apasionan: la escritura, el cine, el psicoanálisis... Es una mujer culta, que no alardea de ello. Es una escritora reconocida y premiada y de eso sí se siente orgullosa, y salpica la conversación con noticias sobre el reflejo de ese reconocimiento: un curso sobre su obra que se va a celebrar en una universidad americana, un nuevo estudio sobre su novela 'La nave de los locos', (1984) realizado por una profesora estadounidense...

Su último libro de relatos, 'Habitaciones privadas' ha aparecido en la editorial palentina Menoscuarto. Con él consiguió otro premio que se añade a los muchos que atesora: el Vargas Llosa de cuentos. «Estoy muy contenta de haber publicado el libro en esta editorial. Porque estoy acostumbrada a las editoriales grandes viste explica pero en ellas acabas siendo un número más, un nombre. Y a mí, que soy muy querendona, me gusta que de pronto el editor me llame por teléfono y me pregunte cómo voy de salud y esas cosas...»

Su publicación ha coincidido con los cincuenta años de trayectoria literaria de una autora que no siente miedo ante ningún género, que ha publicado unos cuarenta títulos y un sinfín de artículos periodísticos y que tiene varios libros en el cajón esperando su salida. Ayer se estrenó como colaboradora del suplemento literario de El Norte de Castilla, La Sombra del Ciprés.

'Habitaciones privadas' lleva un tiempo en la calle. ¿Cómo lo ve ahora, que ya ha sido leído y criticado?

El proceso siempre es el mismo y ya me lo conozco. Cuando sale el libro existe un sentimiento de pérdida. El libro ha dejado de ser mío y es de cada lector. Antes, tuvo la intimidad de lo inédito que es como un goce masturbatorio. Luego vas despojándote de él y si sentís que está siendo bien leído, ese sentimiento de pérdida se pasa. Casi nadie lee el libro exacto que tú escribiste, pero si está bien leído te vienen las ganas de hacer otro inmediatamente y si lo volvés a leer, cosa que yo hago, decís 'es el libro que quise escribir'.

-¿Y siente que este se está leyendo bien?

Las críticas que he leído me han parecido oportunas y también las cosas que la gente te escribe. Pero como escritora vieja, yo tengo un caparazón para no esperar demasiado.

Si este libro tuviera una conclusión sería que la soledad es de las pocas certezas que puede tener el ser humano. De alguna forma esa idea está en todos los relatos.

Sí, sí, la soledad... Porque una cosa son los argumentos de cada relato y otra el tema del libro. Y sí, el de este libro es la soledad, que es uno de los grandes temas de la buena literatura del siglo XX y lo será de la del XXI, aparte de ser un tema universal y eterno. Lo que ha cambiado es la percepción de la soledad, como se puede comprobar comparando un cuadro de Hopper con uno de Kaspar David Friedrich. Hay un cuadro famoso de Friedrich que muestra un hombre al borde de un acantilado. Es una pintura romántica en la que el hombre está solo frente a la naturaleza y esa idea al final lleva a lo trascendente, al estremecimiento de la eternidad. Después el hombre construyó las ciudades como lugar de trabajo pero también de placer y donde la soledad tiene otras referencias. Me gusta mucho un cuadro de Richard Estes en el que se ve una hilera de cabinas telefónicas, una al lado de la otra, pero apenas una persona en ellas. El rol que cumplía la naturaleza de enfrentar un iceberg con la pequeñez y la fragilidad del hombre, se transforma ahora en ciudades llenas de gente donde nos sentimos igualmente solos.

¿El tema fue algo premeditado?

No. Cuando escribo es por intuición no hay un plan, así que no sabía que estaba escribiendo sobre la soledad. Los cuentos fueron saliendo a lo largo de tres años y en este tiempo vi que unos cuantos de ellos tenían una atmósfera común y componen este libro y otros tienen otra temática diferente y serán el próximo. No me gusta publicar conjuntos de relatos sueltos. Y en 'Habitaciones privadas' está el esfuerzo de la gente por romper la soledad y las dificultades de la comunicación. En estos años, con las nuevas tecnologías el tema de la soledad ha adquirido una nueva dimensión. ¿Qué nos ha pasado para que el hombre tenga que encerrarse en su cuarto y entrar en las redes sociales? Es un reflejo de la insatisfacción de las relaciones, porque nadie escucha lo que decimos. Me encanta la frase final de la película 'Inconscientes' (de Joaquín Oristrell) en la que Leonor Watling está haciendo el amor con el discípulo de Freud y dice algo así como que 'hacer el amor parece acercar el abismo en que vivimos los seres humanos'. Yo daría un paso más y diría que ni haciendo el amor se rompe ese abismo. Los hombres lo saben bien, no en vano muchos se inician en un prostíbulo. Las mujeres somos más idealistas, pero muchas cuando ven que no se puede superar ese abismo en la pareja deciden tener hijos.

Desproporción

Hay un cuento en el libro, 'Como la chistera de un mago', en el que el protagonista atraca un banco y luego tira los billetes al aire de la calle para que los coja la gente. Ese hombre parece el menos solo de todos los personajes del libro, pero le toman por loco. La sociedad no admite la diferencia.

Lo has dicho muy bien y por cierto es mi cuento favorito. El protagonista considera su acto como un acto poético, porque es transgresor pero no produce demasiado daño. Podemos mandar a la policía para que pegue una paliza a los del 15-M, algo totalmente desproporcionado si medimos las consecuencias de su protesta, pero no la mandamos contra los banqueros que roban millones y millones. El poder es tan celoso de sí mismo viste que tiene que castigar las menores transgresiones y dejar impunes las grandes, porque el poder es la mayor de las transgresiones.

El cuento se muestra irónico (divertidamente irónico) con el trabajo de psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas. El psicoanálisis está muy presente en su obra (y en su conversación). En realidad está presente en toda la literatura.

Porque trabajan con lo mismo: con las emociones y los conflictos de los seres humanos, solo que lo hacen desde perspectivas distintas. La literatura opina y la terapia es silencio. El que no opina es el terapeuta, el que opina es el escritor. El psicoanalista prioriza la distancia, la transferencia la tiene que hacer su paciente. El escritor, por el contrario, se tiene que meter en la cabeza de sus personajes. Todos los psicoanalistas que conozco han querido ser escritores, empezando por Freud que decía que del premio que se sentía más orgulloso era el Goethe (de Literatura) y también decía que más que de sus pacientes, había aprendido leyendo a Shakespeare.

-Hay muchos novelistas que no se atreven con la poesía, aunque sienten una secreta envidia de los poetas. Usted no tiene miedo a ningún género.

-Cuando de niña me soñé escritora, no me soñé escritora de un género concreto. Escribo espontáneamente relatos, poemas, novelas y ahora que llevo mucho tiempo metida en la ficción añoro escribir ensayos. Pero es verdad que los narradores añoran la poesía. Cortázar me decía 'si pudiera, sería poeta' y eso que escribió poesía, pero era mejor narrador que poeta. Es una cuestión de aptitudes personales. Un novelista como ervantes, como ocurre con los maestros de la lengua, puede decirse que es poeta, porque la poesía no solo está en el verso. Hay poesía cuando se trascienden los datos de la realidad. Yo no tengo problemas con todo eso, porque escribo sin un plan.

El libro ha coincidido con sus bodas de oro en la literatura. ¿Qué sensación le produce?

Cuando miro atrás y veo la lista de los libros publicados pienso ¿pero todo eso lo he escrito yo? Así que por una parte la perplejidad y la sensación de que el pasado pesa un poco. Sí, pesa un poco. Lo otro es más satisfactorio. Coger un libro y que te sientas satisfecha de haberlo escrito. Aunque cuando vi los relatos reunidos y la poesía reunida pensé 'ya no voy a ser capaz de escribir tan bien'. Leo este libro y pienso ya no voy a escribir un cuento igual a 'Como la chistera de un mago'. Es decir, siento una melancolía apagada. Pero como dice una amiga mía que es muy positiva: 'escribirás otros'.

En su particular balance provisional hay títulos que sobresalen en el ejercicio de la memoria, como los relatos de 'Desastres íntimos' o los poemas de 'Babel Bárbara', «un libro que obtuvo el premio Ciudad de Barcelona en 1992 y que se acaba de traducir al alemán, cosa que me ha gustado mucho, aunque ya se sabe que la poesía no se puede traducir y todo eso... que es para leerla en su lengua de origen, pero también es verdad que si no existieran las traducciones nos perderíamos muchas cosas».