Lo que pudo ser, y no fue

El parque Ribera Sur se proyectó como campo de golf, pero una denuncia de IU impidió su construcción

JOSÉ MARÍA DÍAZPALENCIA

La verdad es que nunca ha tenido vocación de parque público, ni de zona recreativa, ni de nada por el estilo. Por muchos intentos que se hayan hecho para poner en valor este gran espacio verde y por mucho que ahora se empeñe la plataforma Ribera Sur en defender su continuidad, la verdad es que se trata de un parque que nunca ha recibido el favor de los palentinos.

Y seguramente se deba a que no resulta muy cómodo como zona de esparcimiento. Quizá sirva para poder practicar carreras de campo a través, pero poco más. Su orografía no es la adecuada para la práctica de casi ningún deporte y la casi total falta de arbolado, a excepción de algunas zonas concretas, tampoco invita a utilizarlo como zona de descanso.

Se intentó también en los primeros momentos, allá por el verano de 2007 transformarlo en zona de juegos para niños, pero ni con la instalación de toboganes, columpios o castillos se acercaban los pequeños. De todas formas, aquel intento pareció más una broma que otra cosa, ya que quien 'sembró' los aparatos de juegos para el parque lo hizo con el claro afán de que nunca se usasen. No tiene mucho sentido colocar un tobogán en el centro de una trampa de arena, o justo delante de un árbol, se entiende que para que el tronco sirviese de freno para los niños que se deslizasen. Finalmente, ante lo absurdo de la situación, el Ayuntamiento desmontó los juegos infantiles con el fin de reubicarlos en una zona más adecuada y nunca más se supo de ellos.

Pero, evidentemente, la culpa no puede achacársela al propio parque, sino al particular diseño que ofrece todavía hoy, cinco años después de que se abriese al público.

Porque lo que inicialmente se concibió como campo de golf, difícilmente puede transformarse después en parque público. Y es esto, en realidad, lo que ha ocurrido con el parque Ribera Sur.

El objetivo del Ayuntamiento de Palencia siempre fue que esa zona se convirtiese en la segunda ampliación del campo de golf de Isla Dos Aguas, una vez que hubiese entrado en servicio la primera extensión construida en una parcela del Prado de la Lana, a pocos metros del centro deportivo de La Lanera.

Tras esa ampliación, Ribera Sur debía ser el siguiente paso. Se pretendían construir los siguientes nueve hoyos con una estrategia similar a la utilizada durante el mandato del popular Marcelo de Manuel en Isla Dos Aguas. Las obras serían íntegramente financiadas con los fondos comunitarios concedidos en el marco del Plan de Riberas Urbanas. Este modelo había colado ya para la primera ampliación del Prado de la Lana, y parecía que volvería a funcionar, ya que las obras del nuevo campo de golf se iban acometiendo con normalidad.

El problema es que los fondos comunitarios destinados a la recuperación de riberas urbanas no pueden incluir la construcción de campos de golf. El Ayuntamiento lo sabía e intentaba que esta actuación pasara lo más desapercibida que fuera posible. Sin embargo, era un secreto a voces en la ciudad y un simple vistazo de las obras evidenciaba que aquello no iba a ser un parque como otro cualquiera. Porque si fuera a destinarse a zona de esparcimiento para qué hacían falta tantos montículos, riachuelos artificiales o trampas de arena. Una gran extensión de cerca de dos kilómetros de larga, prácticamente sin árboles.

Y el engaño finalmente quedó al descubierto. Una denuncia formulada por los eurodiputados de Izquierda Unida obligaron al Ayuntamiento a paralizar la construcción del campo de golf y a tramitar la conclusión de las obras como un parque más.

El Ayuntamiento, gobernado entonces por el socialista Heliodoro Gallego, no tuvo más remedio que intentar disimular y abrir al público esta área verde, presentándola como zona deportiva y de esparcimiento. Se trazaron unos senderos para aficionados a las carreras y se colocaron los juegos infantiles, en la actualidad ya retirados. Otras acciones para potenciarlo fue el establecimiento de una zona wifi gratuita o la creación de una pista para coches teledirigidos en uno de sus extremos.

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