Jaime Rosales presenta 'Sueño y silencio' en la Quincena de Cannes

Es la única cinta que del cine español del Festival, donde se estrenó la última de Bertolucci, 'Yo y tú'

FERNANDO LARACANNES
Bertolucci y Teo Falco. / EFE/
Bertolucci y Teo Falco. / EFE

El único largometraje que realmente representa al cine español en Cannes, desde el punto de vista creativo, es 'Sueño y silencio', de Jaime Rosales. La cuarta película del director de 'Las horas del día', 'La soledad' y 'Tiro en la cabeza' ha destacado en una Quincena de Realizadores que hasta el momento apenas había ofrecido títulos relevantes. Y si lo ha hecho ha sido por su propuesta radical a la hora de abordar un difícil tema: el profundo impacto que causa la muerte de una niña en sus familiares, especialmente en su madre, que no sabe cómo remontar la situación. La forma en que Rosales trata el relato, el estilo tan personal con que lo desarrolla, es lo que hace de 'Sueño y silencio' una obra de fuerte valía y especial capacidad de sugerencia.

No es fácil el tipo de cine que nos propone, ni puede complacer a todos los públicos. El lenguaje fílmico que desarrolla Rosales se caracteriza por una cierta voluntad investigadora, por un deseo de ir más allá de las convenciones al uso en cuanto a planificación, montaje o manejo de la cámara. Hay que estar muy atentos con sus imágenes, donde las elipsis, el uso del tiempo o la manera en que va facilitando información al espectador, determinan que este tenga que 'colaborar' con esa propuesta que se le hace desde la pantalla, que añada vivencias y pensamientos personales a lo que en ella vemos. Sobre todo cuando, como en 'Sueño y silencio', se habla de algo indefinible por naturaleza como la ausencia, el sentimiento de vacío ante la desaparición de un ser querido.

Rosales viene a ser como el cineasta de lo 'no dicho', de lo que no puede ni debe explicitarse. De ahí sus palabras: «Me fascina la realidad humana. Lo absolutamente real. El retrato de lo cotidiano. La precisión en la expresión de las relaciones humanas. Me interesan los pequeños gestos, las miradas. Las emociones incontrolables. Las personas tenemos un yo que ocultamos bajo varias capas. Dejemos que nuestra verdadera naturaleza salga a la luz de vez en cuando». Una «salida a la luz» que, en 'Sueño y silencio', también implica una apuesta por la vida, una luminosidad que contrasta con el blanco y negro (salvo dos planos) de su fotografía de grano duro, que parece introducirnos en ciertos reductos de nuestra memoria.

El buen paso de 'Sueño y silencio' por la Quincena resulta, sin embargo, insuficiente para ocultar el escasísimo relieve que el cine español tiene en Cannes, lo que Almodóvar aparte tampoco es una gran novedad. Hay que decirlo con claridad: nuestro cine apenas cuenta para el Festival. El episodio de Julio Medem que se integra en el filme colectivo '7 días en La Habana' y que esta noche presenta Un Certain Regard; tres coproducciones también en secciones paralelas (la ya comentada 'Elefante blanco', 'Infancia clandestina' y 'Aquí y allá') que se refieren a situaciones latinoamericanas por realizadores de esos países y en las que de español solo hay dinero; el 'Drácula' de Dario Argento, otra coproducción de nuestro país, ofrecida en sesión de medianoche y que ha recibido un fortísimo varapalo por parte de la crítica, y nada más.

Hablemos, mejor de Bernardo Bertolucci y su 'Yo y tú' que el programa ha incluido fuera de concurso. El resultado es una buena pequeña película de quien las ha hecho tan grandes como 'El último tango en París', 'Novecento' o 'El último emperador'. En el casi único escenario de un sótano donde el adolescente protagonista reencuentra la relación, no erótica, con su hermanastra, Bertolucci vuelve a incidir en varios de sus temas favoritos como la dificultad de hacerse adulto y hallar un sentido a la vida.

La competición oficial ha mostrado dos títulos de muy distinto signo: la solo correcta adaptación que Walter Salles ha realizado sobre 'On the Road', de Kerouac, intentando extraer la 'línea roja' de una narración que descuella por su revolucionario estilo; y el disparate notable que el francés Leos Carax ha pergeñado en 'Holy Motors', donde únicamente una secuencia se aparta de la gratuidad general.

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