Una gran organista

Ana Aguado confirma su buen nivel en un concierto en la Catedral de Valladolid

J. M. MORATEValladolid

Gracias al público, lo primero: más de 300 personas para música de verdad. Segunda, al Cabildo y Lois por reparar el fuelle del instrumento, evitando vibración, pérdida y mezcla de sonido. Y luego, la certeza de intérprete sobresaliente en Ana Aguado. La palentina exhibió su musicalidad y gusto expresivo, envueltos en una registración limpia que permitió escuchar todas las líneas y timbres de cada partitura. Comenzó con 'Fantasía en Fa m', de Mozart, encargo para órgano mecánico o reloj musical, que recomendó su interpretación en el grande; breve introducción, fuga a cuarta, sección muy arpegiada y distintos juegos tímbricos servidos con habilidad. Bach transcribió seis arias de sus 'Cantatas' a coral para órgano, los Schübler, su editor; sonó el cuarto 'Mi alma glorifica al Señor', melodía en mano derecha, unísono de trompeta y oboe orquestales y continuo en el pedal para el duetto tenor-alto. De Mendelsshon ofreció la segunda 'Sonata de su op. 65', en tres movimientos, destacando la fuga del tercero, bien construída y medida. P. Claudel, ya converso, escribió 14 poemas sobre las estaciones del vía crucis y movido por ellos, Marcel Dupré escribió 14 improvisaciones plasmadas en su 'Vía crucis op. 29', del que Ana escogió la primera: Jesús es condenado a muerte, cuya descripción contiene el «Barrabás» que vocifera la turba en tres acordes largo-breve-largo. Experta en Widor, tocó los movimientos II, III y V de su 'Sinfonía V, op. 42/1', perfectamente adaptados a la tímbrica romántica francesa y con excelente uso del pedalero, en particular en la famosa toccata, efectos sobre una misma nota y sensibles crescendo-decrecendo. Ante el éxito, añadió otro de 'la Gótica' del mismo autor.