Santiago y Santa Catalina dan cobijo al peregrino

La asociación de comerciantes y los donativos de los caminantes que van a Santiago de Compostela sufragan el albergue

FERNANDO GILBurgos

Es un pequeño local situado en una primera planta, sobre la iglesia de La Divina Pastora, que data del año 1466, dedicado a Santiago y Santa Catalina. Tras haber desempeñado diversas funciones, ha sido habilitado como albergue por decisión de la Asociación de Comerciantes e Industriales de La Divina Pastora, propietaria del mismo.

El año pasado que se celebró el Año Jacobeo, no hizo aumentar el número de peregrinos como se esperaba, estuvo entre un 10% y 15% más respecto a otros años. Esto se cree que muchos alemanes, canadienses, japoneses ven el Camino como un modo de hacer turismo y conocer la cultura española. El albergue que en su día fue hospital permite hospedar a los peregrinos un día o viéndose aumentado si padecen algún problema físico, por lo que de algún modo sigue manteniéndose el carácter hospitalario que en un día tuvo, explica el hospitalero que cuida de la instalación.

Este mes de Marzo con respecto al de años anteriores ha disminuido el número de peregrinos, quizás debido al mal tiempo. El albergue se sostiene gracias a dos fuentes de ingresos: una es la Asociación de Comerciantes e Industriales de Burgos y otra es los donativos que los peregrinos dejan en sus visitas. Si hay un superávit de ingresos, la diferencia se dona a Cáritas. Aquellos peregrinos procedentes de países con un mayor nivel de vida como Alemania, Canadá ofrecen mayores donativos con respecto a países donde la crisis ha sido más dura como España, Italia, Argentina o los países del este.

Los peregrinos de nacionalidad alemana son los más habituales, en torno a un 25% y que suelen ser frecuentes en los meses de mayo y septiembre, atraídos por el buen tiempo de España. Según el hospitalero, el camino de Santiago es suficientemente conocido a nivel mundial y recibe peregrinos de los cinco continentes como libaneses, etíopes, japoneses, marroquíes El hospitalero ejerce su función de forma voluntaria, sin remuneración alguna aunque se le provee de alojamiento y de comida. «El Camino de Santiago no se ve como una peregrinación de un punto a otro sino como una auténtica experiencia de superación, una puerta que se abre a todo aquel que se decide a iniciar el camino», concluye.

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