La calle donde sus vecinos encontraron el futuro

El Camino de la Esperanza atesora historias de maestros jamoneros, expilotos de motos y supervivientes de una riada

V. M. V.Valladolid

Es una calle Guadiana. Comienza junto al matadero, pero no concluyen en la vía del tren, sino que la atraviesa al otro lado. Una calle que aparece y desaparece, troceada por un gigantesco paso a nivel y que nació a principios del siglo pasado como eje principal de La Farola, el barrio que nació al amparo de la azucarera, los talleres ferroviarios y el matadero.

El Norte de Castilla pasea este lunes por el Camino de la Esperanza para descubrir a alguno de sus vecinos y comerciantes con más solera. Entre ellos, los propietarios de Alimentación Pastor, el negocio que hace 48 años montó un matrimonio de Villafrades de Campos, recién llegados a la ciudad después de perder su casa en una gigantesca riada. O como Mariano, propietario de un taller de repuestos que durante años fue piloto profesional de carreras y llegó a coincidir con Ángel Nieto en una competición. O como Diego Hernández, un maestro en el arte de cortar jamón, campeón absoluto en esta disciplina, y que en esta calle regenta la tienda de encurtidos heredada de su padre. O como Rubén, segunda generación de un negocio de afilador de cuchillos nacido al amparo del matadero, cuando por aquí pasaban a por género todos los carniceros de Valladolid.

Son algunos de los protagonistas del Camino de la Esperanza, una calle Guadiana que todavía sigue al otro lado de la vía.

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