Las Cortes de 1188, origen de la democracia

El panorama de finales del siglo XII, marcado por la desconfianza, entre otras circunstancias, llevaron a Alfonso IX a convocar una Curia plena en el claustro de San Isidoro, la primera en la que se tiene constancia de la participación del pueblo

S. GALLO - ICAL
Las Cortes de 1188, origen de la democracia

En el año en el que se celebra el 1.100 Aniversario de la proclamación del Reino de León, la Real Colegiata de San Isidoro adquiere una relevancia aún mayor, ya que fue la sede, en 1188, de las primeras Cortes parlamentarias de Europa. Este hecho ha provocado que sea distinguida con la Medalla de Oro de las Cortes de Castilla y León que mañana, coincidiendo con el XXVII Aniversario del Estatuto de Autonomía, recogerá su abad, Francisco Rodríguez Llamazares.

Los años previos a 1188, cuando Alfonso IX fue proclamado Rey, fueron convulsos en lo político, como consecuencia de las luchas por el poder en el Reino entre él y su hermanastro Sancho Fernández, hijo de Urraca López de Haro, mujer con la que contrajo matrimonio el padre del Rey, Fernando II. Una vez coronado, Alfonso IX tuvo que afrontar un panorama de división y desconfianza, incluso de hostilidad.

Fue por ese motivo por el que decidió conocer el estado del pueblo en los momentos iniciales de su reinado, convirtiendo la convocatoria de la Curia plena en un hecho de especial relevancia, en un contexto histórico en el que las decisiones políticas quedaban encuadradas en el ámbito de la nobleza y el clero.

Las Cortes del año 1188 se celebraron el 18 de abril en el claustro de la Real Colegiata de San Isidoro de León bajo el reinado de Alfonso IX. Su importancia reside en que en ningún lugar y en ningún momento la actividad política había contado con un hecho de similares características, al menos documentado, al reunirse en la misma cámara representantes de la nobleza, del clero y, por primera vez, del pueblo. Los tres estamentos sociales promulgaron una Constitución y una serie de decretos que perduran en la Edad Moderna desde la Baja Edad Media.

Entre los temas abordados se contempló la delimitación y defensa de las prerrogativas del Rey, que pretendía profundizar en el pacto feudal sobre el que se constituye la legitimidad monárquica, así como la restauración del orden público y social y la transparencia judicial y las garantías procesales, que fueron otros de los aspectos abordados.

Al año 1188 se atribuyen también los decretos relacionados con el no atentar contra la propiedad ajena. Establezco que ni yo, ni nadie de mi reino destruiremos o invadiremos casa ajena ni cortaremos viñedos o árboles de otros. El que tenga quejas contra alguien acuda a mí o al señor de la tierra o a los justicias establecidos por mí, por el obispo o por los señores. Y si aquel contra quien se dirige la queja quisiera dar fiador o prenda de que estará a derecho según su fuero, no padezca daño alguno. Pero si no quisiera hacerlo, el señor de la tierra los justicias oblíguenlo según fuere justo, recogía la Carta Magna Leonesa.

Otro de los acuerdos que se adoptó fue resolver las querellas ante la justicia o la promesa del Rey de no entrar en guerra sin contar con todos los que le debían ofrecer su consejo. Prometo también que no haré guerra ni paz ni tomaré acuerdos sin reunir a los obispos, nobles y hombres buenos, por cuyo consejo debo guiarme, decía al respecto el texto de la Carta Magna, que recogía también otro decreto. Ordeno que nadie se atreve a apoderarse por fuerza de bienes muebles o inmuebles poseídos por otro. Quien se apodere de ellos, restitúyalos doblados al que padeció violencia.

Estos decretos tuvieron lugar en los inicios del nuevo reinado de Alfonso VII, aunque se dispusieron nuevos decretos entre los que se contaba la redacción de una Constitución fechada en julio de 1188 que trataba de la existencia de violencia y de intento por paliarla a través de la Justicia.

En León se dieron una serie de acontecimientos políticos, que finalizaron en la primavera de 1188, junto a una tradición jurídico-pública, que brindaron el momento oportuno para que la participación ciudadana se uniera a la Curia plena antes que en ningún otro reino español. Aunque Castilla había reivindicado esta primacía en las Cortes de Burgos de 1169, la concurrencia ciudadana se ha conseguido demostrar en el caso de León, cosa que no ocurrió en el caso de Burgos.

Los antecedentes

La evolución institucional del Reino de León ya favorecía el nacimiento de las Cortes desde tiempo atrás, con la celebración de un buen número de curias plenas, algunas de gran relevancia por su labor legislativa y otras como simple celebración de una ceremonia al inicio de un reinado.

Aunque hay dudas sobre si se celebró en el año 1017 ó 1020, el profesor García Gallo data en 1017 la celebración de una Curia plena en León bajo el reinado de Alfonso V con el resultado de unas normas jurídicas de alcance general para todo el reino, un hecho de gran excepcionalidad, si bien se cree que fue tres años más tarde cuando se incluyó otro texto con los fueros otorgados a la ciudad por el Rey Ordoño II.

También en León se desarrolló, en el año 1055, el Concilio de Coyanza, una asamblea plenamente eclesiástica y de la reina de León, doña Sancha, y su esposo Fernando I. Según el estudio llevado a cabo por el profesor García Gallo, en este Concilio se intentó restablecer la disciplina eclesiástica, sacramental y litúrgica. Los preceptos coyantinos adoptados fueron de características distintas a los de 1017 y a los posteriores de 1188, ya que fueron plenamente eclesiásticos frente a los de las otras fechas, de carácter civil.

Más semejanzas con la Curia de 1188 tuvo la celebrada en 1135, después de la coronación de Alfonso VII en León, y aunque no puede descartarse la adopción de nuevas normas, los documentos de la época no lo demuestran. Destacan, sin embargo, por su magnitud, ya que durante tres días el Rey, con los obispos y los nobles, examinaron asuntos eclesiásticos y concernientes al Rey y al pueblo, y aunque la ciudadanía no estuvo presente, sí aparece recogida una estructura tripartita entre las preocupaciones reales.

En 1178 el Rey Fernando II de León celebró una curia en Salamanca, en la que no se menciona la presencia del pueblo, cosa que sí ocurrió apenas diez años más tarde. Eso se debió a una serie de acontecimientos políticos que, según el profesor Julio González, cristalizaron en 1188. El Rey Fernando II contrajo matrimonio con Urraca de Portugal, de la que nació Alfonso IX. Tras la ruptura del enlace, el monarca se casó con Urraca López de Haro, que tuvo como resultado el nacimiento de Sancho Fernández López de Haro. La madrastra de Alfonso IX no le puso las cosas fáciles al primero de los hijos de Fernando II, mediante continuas humillaciones, por lo que decidió abandonar la corte y buscar amparo en Portugal.

Sin embargo, su padre Fernando II falleció el 22 de enero de 1188, lo que le convirtió en el nuevo Rey de León. Pero era un monarca muy joven, con 17 años, y que tuvo que hacer frente a un reino dividido. Por ello, al parecer, y ante esas circunstancias, decidió tomar el pulso al reino y escuchar a todos los sectores para adoptar las decisiones necesarias mediante la adopción de una Curia plena, la de 1188.

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