Historia

FRANCISCO CANTALAPIEDRA

U n amigo ferroviario dice que la gente que vive en las grandes ciudades, cuando el precio de los pisos céntricos se pone a huevo de obispo, se va a las afueras. Según su teoría, las casas que buscan estos colonos tienen que estar cerca de la estación del tren, que se ha demostrado un medio sumamente eficaz para llegar a tiempo. Mi colega dice que el segundo paso que dan los que quieren vivir a tiro de piedra del andén de cercanías, es exigir que se tapen las vías, que se hagan túneles para que el tren que les acerca a la civilización no moleste, pero que esté cerca.

El primer soterramiento del ferrocarril que conocí fue el de Barcelona, y el último, el de Cádiz. Hasta ayer, cuando algunos trenes empezaron a utilizar el túnel del Pinar de Antequera, primer paso para conseguir que mi ciudad entre a formar parte de las que tienen tren abajo y espacio libre arriba.

Un terreno libre de vías, catenarias, semáforos y ¡pasos a nivel!, que el Ayuntamiento de Valladolid se ha apresurado a decir que aprovechará para construir un parque que le costará (nos costará a todos) algo más de cinco millones de euros. Viendo Barcelona y Cádiz, no exagero si digo que esas acciones son las que cambian para siempre a una ciudad. Igual es una pijada, pero a mí me pareció un día histórico.

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